Una mirada humana sobre una antigua estrella del cine erótico

Se llama Sylvia Kristel, es holandesa y cumplió 54 años hace un mes. Se hizo famosa en la década de 1970 por una serie de películas de alto contenido erótico que tenían todas en común un nombre: «Emmanuelle». Este domingo el Magazine de El Mundo publica una entrevista con ella (estará disponible en la red la semana que viene), a raiz de la reciente publicación de sus memorias.

Sylvia lucha por hacer frente a un cáncer de garganta y otro de pulmón. Reconoce que tuvo durante años una existencia autodestructiva, que estuvo a punto de llevarla a la miseria como consecuencia de su adicción a la cocaína. Tuvo una finca en Saint Tropez -que es algo así como una versión francesa de Marbella-, y vivió rodeada de lujos, pero ahora habita un modesto apartamento de alquiler en su Holanda natal. Confiesa que nunca le ha gustado verse desnuda en la pantalla de un cine, que sufrió abusos sexuales en su infancia y que sus relaciones estuvieron marcadas por la falta de aprecio por sí misma y por la ausencia de un amor real.

He leído la entrevista de un tirón, sintiendo tristeza y compasión por esta mujer que para muchos sólo significó un cuerpo atractivo y una cinematográfica promiscuidad, pero que detrás de esa apariencia escondía un corazón sediento de cariño y de alguien que la quisiese para algo más que llevársela a la cama. En sus declaraciones se percibe un sentimiento de pérdida de sí misma, de tristeza por el hecho de no haber sido más que un objeto de deseo, por verse ahora abandonada por todos, sola en la vida tras sufrir el trauma de un aborto (el de su segundo hijo), así como dos matrimonios efímeros y fracasados y el paso por la cama de tantos y tan fugaces amantes.

El de Sylvia es un acto de contrición que se cae sobre los apologistas de una propuesta de vida que pasa, directamente, por ignorar la consideración del ser humano como algo más que un objeto de placer. Hoy, sin embargo, algunos nostálgicos de Marcuse siguen inventando la pólvora de vez en cuando, no parecen conformes con los penosos resultados que han arrojado sus teorías, una de cuyas características es cerrar los ojos a la idea de la responsabilidad. Me pregunto cuántas Sylvias más tendrán que acabar como la Kristel para que algunos caigan de la burra y se den cuenta del daño que han hecho y siguen haciendo a muchas mujeres.

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Comentarios (Blog):

  1. Agnetem

    Yo también he leído la enteevista publicada en el Magazine de «El Mundo» y realmente me dejó un regusto de tristeza. Ella comentaba que no le gustaba verse desnuda en el cine. De hecho, su respuesta final es un resumen de su vida y como un llamamiento a que la gente la quiera, sentir que no ha sido olvidada:

    «De la riqueza he pasado a la pobreza. No he escrito este libro (se refiere a su autobiografía: Nue, desnuda, en español) sólo por el dinero, pero reconozco que me resulta embarazoso no poder pagar los recibos. Trato de salir adelante y el éxito de mis memorias podría querer decir que la gente no se ha olvidado de mí. No he tenido un Oscar, pero sí he sentido el calor de la gente»

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