¿Cuánta información pueden procesar nuestros sentidos en cada instante?

Mientras veía anoche la película El perfume, que está muy centrada en el olfato -quizás el menos cinematográfico de los cinco sentidos-, me preguntaba qué cantidad de información pueden procesar nuestros sentidos en cada momento (ya, ya lo sé: debería disfrutar sin más de las películas, pero ¿qué le voy a hacer?). La pregunta me asaltó al ver las sorprendentes facultades olfativas del protagonista.

Debido a mi profesión, tengo muchos libros dedicados al diseño, el arte, la percepción de los colores y la información. Uno de estos libros se titula «Maquetas Digitales», de David Skopec. Se publicó en 2003 y lo compré hace un año. En él, el autor dedica un apartado a la capacidad de información de los órganos sensoriales humanos, señalando que «la mayor parte de la información la registramos visualmente; en términos de cantidad de información, los ojos constituyen el centro de la percepción humana».

Skopec proyecta en cifras la capacidad de cada uno de los sentidos. Así, la vista es capaz de procesar 10.000.000 de bits por segundo. El segundo sentido más capaz es el tacto, con una capacidad de 100.000 b/s. Le sigue el oído, con 10.000 b/s. El olfato, con sólo 1.000, y el gusto, con unos escasos 10 b/s, son los sentidos humanos menos capaces a la hora de procesar información. Para hacermos una idea de la importancia de cada una de estas cifras, un email de mil palabras ocupa 8 Kb, según apunta Alastair Campbell en otro apreciado libro que tengo en mi colección, titulado «www color». En fin, no es por desmerecer el don olfativo del criminal protagonista de «El perfume», pero está claro que no hay nada como tener una buena vista.

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Comentarios (Blog):

  1. Hola Elentir:

    Pues no sé cuanta información pueden procesar nuestros sentidos en cada instante.

    Lo que sí, sé, es lo que me encanta a mí, el olor de los libros. ¡Dios! son unos de los olores más queridos.

    En nuestra bibilioteca. Sí,en casa tenemos biblioteca y tenemos bastantes libros, pues, los libros que heredé de mis suegros: ME ENCANTAN. Los que compro o compramos también, pero los libros antigüos, son especiales, muy especiales, para mí.

    Tocarlos, abrirlos, leerlos… es una sensación única. Ahora mismo casi lloraría al recordarlo, porque son tan, tan importantes en mi vida los amados libros.

    Recuerdo que de joven, hace ya muchos años, pasé por unos tristes tiempos de mucha soledad, y MIS LIBROS, ¡mis libros!eran mis amigos. Me encantaba leer poesía y recitarla en voz alta. «Con tres cañones por banda, viento en popa…» ¡Dios! que días. Mejor dicho, los recitaba por las noches, cuando había silencio, ese silencio que es compartido por todos, porque están durmiento. No, no se quejó ningún vecino, pero ERA FELIZ. Feliz en mi triste soledad, acompañada por mis libros. Otros eran novelas, como «Los Miserabes». Amé a Victor Hugo. Y… bueno… tantos fueron mis amores, amores de conecsión de alma, de entrega en la misma fuente de las palabras escritas y leídas.

    Viví con los protagonistas y sus circunstancias, por su lucha con la supervivencia. Luche con ellos, lloré con ellos, y me levanté con ellos. ¡Dios! que recuerdos.

    Ay, los libros. A veces, sólo acariciar su cubierta y dormirte con el-ellos. Solía ser «la Biblia», me encantan los Salmos, el Cantar de los Cantares, los Proverbios.

    Llegue a querer tanto a Jesús, por leer SÓLO SUS PALABRAS; sólo lo que ÉL decía. Y lo meditaba, mientra vivía mi vida cotidiana. Y Jesús me enseñó amar. Me dejé amar por Jesús y volví a amar la vida.

    ¡Qué tiempos aquellos!

    Ahora, no tengo soledad, ni un instante de mi vida. jajaja.

    Pero también me voy a mi dormitorio y allí, tengo guardados los libros que más amo, porque en la biblioteca, con tantos hijos… ¡No! no quiero perderlos; son mis amados libros. Y me siento en mi sofá, al lado de la chimenea y vuelvo a con mis amigos, los libros que amo tanto.

    A veces, me pongo música clásica o una cassette del poema «Cántico Espiritual» de San Juan de la Cruz, y vivo, vivo, mi yo profundo. ¡Soy feliz!

    También escucho a veces: «Mio Cid».

    Ay, que bueno es todo lo que alimenta al espíritu. 😀

    Amigos, sed buenos.

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