Bendita sea la lluvia

Mientras escribo estas líneas está cayendo en Vigo un aguacero. No recuerdo un mes de junio tan lluvioso como éste. Estas visitas a destiempo hacen que uno de los bienes más preciados que tenemos sea también uno de los más impopulares.

Bueno, claro: eso y que uno se moja, que no puede ir a la playa, ni a la montaña, el suelo se pone resbaladizo… Es por eso que no dudamos en hablar de “mal tiempo” para referirnos a un día lluvioso, una injusticia que se disipa cada vez que padecemos situaciones como las que podéis ver en estas fotos:

Así estaba la presa de Baíña, en Bayona, el pasado mes de septiembre. Fui hasta allí en una semana en la que este embalse llegó a bajar hasta el 13% de su capacidad. Se considera que al bajar del 10% el agua es inservible para consumo humano debido a los limos que acumula en el fondo. El suelo del fondo de la presa -hoy situado a metros por debajo de la superficie del agua- mostraba entonces este desolador aspecto:

Unos días antes de hacer esas dos fotos estuve ante la presa de Zamanes, en Vigo. La vi así, con partes que nunca suelen salir a la superficie:

Comenzó octubre y continuaba la sequía. Entonces pasé por la presa de Eiras, en Fornelos de Montes, el principal de los embalses que suministra agua a Vigo. Estaba al 50% de su capacidad, algo que será típico en Albacete o Murcia, pero no aquí:

Para que hagáis una comparación, esta foto la hice en junio de 2010 en la misma presa:

Hay que recordar que es precisamente gracias a la lluvia por lo que Galicia es una tierra tan verde y frondosa. Y es que la lluvia es vida. Uno de los poetas que mejor han cantado a la lluvia, Federico García Lorca, lo recordaba en un poema precisamente dedicado a ella:

“Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.”

Fue precisamente él, un andaluz, el que escribió uno de los más bellos poemas en lengua gallega, el Madrigal a la ciudad de Santiago (1935), en el que plasma maravillosamente lo que significa la lluvia en una urbe de la que se suele decir que en ella la lluvia se convierte en arte. En 1999 el grupo gallego de música celta Luar na Lubre musicó este poema en una de sus canciones más bonitas:

La lluvia que dibuja este poema me recuerda mucho a una de las escenas finales de “El Señor de los Anillos”, concretamente la llegada a Aman, las Tierras Imperecederas, un momento bañado por la lluvia:

“Y la nave se internó en la Alta Mar rumbo al Oeste, hasta que por fin en una noche de lluvia Frodo sintió en el aire una fragancia y oyó cantos que llegaban sobre las aguas; y le pareció que, como en el sueño que había tenido en la casa de Tom Bombadil, la cortina de lluvia gris se transformaba en plata y cristal, y que el velo se abría y ante él aparecían unas playas blancas, y más allá un país lejano y verde a la luz de un rápido amanecer.”

El significado benéfico y hasta divino de la lluvia se encuentra también en la Biblia, por ejemplo en Job 36:26-28:

“Sí, Dios es tan grande que no podemos comprenderlo, el número de sus años es insondable.
El atrae hacia lo alto las gotas de agua y destila la lluvia que alimenta las vertientes:
la lluvia que derraman las nubes y que cae a raudales sobre el suelo.”

Ese trasfondo divino de la lluvia se ha transmitido a expresiones de cultura popular de hoy en día, como el cine. La imagen que encabeza estas líneas está sacada de la película “V de Vendetta”. La protagonista Evey Hammond (interpretada por Natalie Portman) sale de su encierro, y recuerda las palabras escritas por una prisionera en su celda: “Mi abuela tenía una granja en TotterBroock y solía decirme que Dios estaba en la lluvia”.

En fin, algunos consideran que vivir en Galicia es algo fastidioso por culpa del tiempo. Lo admito cuando la lluvia viene en forma de temporales que arrasan con todo, pero si hablamos de la “lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos, lluvia mansa y serena de esquila y luz suave, lluvia buena y pacifica que eres la verdadera”, como decía Lorca, más que lamentarnos, los gallegos deberíamos estar agradecidos de que se nos brinde tal regalo. Lo que siento a menudo es que ese don del cielo no esté más repartido, ya que en otras zonas de España hace mucha falta esa lluvia que -paradójicamente- tantas quejas escucha cuando llega.

(Foto: fotograma de la película “V de Vendetta”, 2006)

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