¿Tú nunca has visto a un ángel?

Mie 5·9·2012 · 0:49h 25

Pues yo sí, y aquí tienes su foto. Precisamente se fue al cielo tal día como hoy hace 15 años.

Se llamaba Agnes Gonxha Bojaxhiu, pero casi todos la conocemos como Madre Teresa de Calcuta. En 1950 fundó las Misioneras de la Caridad, una orden dedicada a cuidar a los pobres, a los huérfanos y a los enfermos. Dedicó especial atención a los leprosos de la India. Y también, precisamente por su atención hacia los más débiles, fue una valiente defensora de los no nacidos. En 1979 en Oslo, durante la ceremonia en que se le entregó el Premio Nobel de la Paz -cuyo importe, junto con el del banquete que le iban a dar, destinó a los pobres-, dijo ante un auditorio lleno de gente: “El más grande destructor de la paz es el aborto porque si una madre puede matar a su propio hijo, ¿qué nos queda a nosotros, matarte a ti y tú matarme a mí?” Ella, que había visto la más cruda pobreza en primera persona, no dudaba al afirmar como lo hizo tres años antes de morir: “Para mí, las naciones que han legalizado el aborto son las mas pobres, le tienen miedo a un niño no nacido y el niño tiene que morir.”

Muchos apóstoles del pensamiento único la pusieron a caldo en vida y también tras su muerte por hablar con tanta valentía en favor de los más débiles entre los débiles. No era nada nuevo: un siglo antes también fueron criticados, atacados y difamados los abolicionistas de la esclavitud precisamente por el mismo motivo: defender que ningún ser humano es menos digno que otro. La Madre Teresa fue una campeona en la lucha a favor de los pobres y también de los no nacidos. Hoy algunos apelan de forma retórica -con un enorme cinismo- a los pobres para justificar la matanza de los más débiles, señal de que ambos les importan un pimiento. Teresa velaba por los unos y los otros, porque a diferencia de los abortistas, ella amaba la vida y a todos los seres humanos sin distinción de credo, raza, clase social, sexo o religión.

En fin, desde aquí ruego a la Madre Teresa que vele por quienes luchamos por la vida, que nos enseñe a ser mejores y a seguir su ejemplo. Ya en vida yo solía llamarla Santa Teresa de Calcuta porque nunca, como en su caso, tuve la seguridad de estar contemplando a una santa. Los no nacidos tienen ahora una abogada excepcional en el cielo.

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