Ojalá el Ministro Wert aplique también a Galicia la receta que propone para Cataluña
Libertad Digital ha publicado este vídeo con la intervención de ayer del Ministro de Educación, José Ignacio Wert, señalando algo que viene siendo objeto de numerosas denuncias desde hace años: que el nacionalismo catalán está valiéndose del adoctrinamiento en las escuelas para ganar adeptos, a costa de promover el desprecio al resto de los españoles.
El PSOE, arrodillado ante las tesis más antidemocráticas de los secesionistas
No es de extrañar que Francesc Vallés, diputado del PSC, niegue la evidencia, porque los socialistas han tenido una directa responsabilidad en esta situación. Fueron ellos los que gobernaron en Cataluña con los ultras independentistas de ERC entre 2003 y 2010. Fue también el PSOE el que gobernó en Baleares en coalición con los partidos nacionalistas más extremos entre 2007 y 2011, también en Galicia con los nacionalistas radicales del BNG como socios de gobierno entre 2005 y 2009, e incluso el País Vasco junto al PNV -fundado por el racista Sabino Arana- entre 1986 y 1998. El PSOE nunca le ha hecho ascos a gobernar con quienes tienen la firme y pública intención de desmembrar España, aunque eso supusiese pasar por el aro las tesis más antidemocráticas del nacionalismo, desde la imposición de las lenguas vernáculas en las escuelas hasta el adoctrinamiento de los niños en las tesis secesionistas. De hecho, los socialistas están tan acostumbrados a pasar por ese aro que en muchos sitios han acabado por hacer suyas las tesis nacionalistas. En este sentido, resulta grotesco que Vallés recurra a la “Formación del Espíritu Nacional” para arremeter contra Wert, cuando precisamente han sido los nacionalistas y sus portamaletas del PSOE los que han reeditado esa forma de adoctrinamiento ideológico dictatorial en las escuelas durante décadas.
Imposición lingüística y adoctrinamiento en las comunidades gobernadas por el PP
Eso sí: el PSOE no ha sido el único partido que se ha doblegado ante las tesis nacionalistas. En Galicia los primeros planes de la llamada “normalización lingüística” llegaron de la mano de Gerardo Fernández Albor (Alianza Popular). Fue durante su mandato cuando se aprobó la primera ley de normalización lingüística de Galicia, en 1983, cuyo Artículo 1 establecía el gallego como “lengua propia de Galicia”, una afirmación que ha servido en las décadas posteriores para excluir al español de los organismos oficiales y de la toponimia e incluso para discriminar a los gallegos hispanohablantes. Es más: aquel Artículo 1 establecía la obligación de conocer la lengua gallega, precepto declarado inconstitucional por la Sentencia 84/1986 del TC. Durante el mandato de Manuel Fraga se desarrolló el sistema de “normalización”, obligando a los alumnos a estudiar la mitad de las asignaturas en gallego y la otra mitad en español, sin posibilidad de que los padres eligiesen el idioma de escolarización de sus hijos. Ya durante esos años el adoctrinamiento nacionalista en las aulas vino a más. Durante el actual mandato de Alberto Núñez Feijóo se han sucedido las denuncias por adoctrinamiento nacionalista en las aulas, sin que la Xunta, en manos del Partido Popular, haya hecho nada por solucionar esa grave violación de los derechos fundamentales de los alumnos y de sus familias.
Actualmente en Galicia, en Valencia y en las Islas Baleeares los gobierno autonómicos del PP no garantizan el derecho de las familias a escolarizar a sus hijos en la lengua de su elección, incluso a costa de traicionar sus promesas electorales, como ha ocurrido en los casos de Alberto Núñez Feijóo y José Ramón Bauzá. El Ministro Wert ha señalado que “es una cuestión de libertades y es una cuestión que, como digo, al Gobierno le corresponde hacer efectivo ese derecho”, unas palabras dignas de elogio y que le animo a llevar a la práctica no sólo en Cataluña, sino también en Baleares, en la Comunidad Valencia y en mi tierra: Galicia.
El Apartheid fue imposición lingüística pero aquí lo igualan a la libertad de idioma
Y es que si Wert dice que “me da igual que sean 1, que sean 10, que sean 100, que sean 1.000 o que sean 10.000″ las familias que desean ejercer ese derecho, en las comunidades bilingües en las que gobierna el PP a los presidentes autonómicos les ha dado igual que sean sus propios votantes los que reclamaban ese derecho. Tanto Bauzá como Núñez Feijóo han puesto todo tipo de excusas para no cumplir sus promesas al respecto. Es más: el mes pasado el Presidente de la Xunta de Galicia llegó a decir que eso sería “segregar” y “hacer una especie de Apartheid”, coincidiendo así con las tesis del PSOE que presentan la libre elección de lengua con una forma de discriminación equiparable al modelo lingüístico impuesto por el desaparecido régimen racista sudafricano. En su intervención de ayer el socialista Vallés incluso apodó al Ministro como “Wert, el segregador”. Lo paradójico del caso es que el régimen del Apartheid impuso un modelo lingüístico de inmersión obligatoria al afrikáans, y fue la Constitución Sudafricana de 1996 -promovida por Nelson Mandela- la que estableció la libre elección de idioma; sí, ese derecho cuyo ejercicio es equiparado en España por ciertos ignorantes con la “segregación” y con un régimen racista, cuando son precisamente los que defienden la imposición lingüística los que copian al modelo lingüístico liberticida del Apartheid.
No hace falta españolizar: lo que hace falta es dar libertad a las familias
Por mi parte, sólo haría un matiz a las palabras del Ministro. En Cataluña, en Baleares, en Galicia, en Valencia o en el País Vasco no es que haga falta “españolizar” a los niños, salvo que por tal cosa entendamos el hecho de que los planes educativos incluyan que catalanes, vascos y gallegos también formamos parte de esa unidad de convivencia llamada España. Un hecho tan elemental debería formar parte de los programas educativos como forman parte el 2+2=4 o la redondez de la Tierra. Lo que hace falta es impedir que se use la enseñanza para imponer el adoctrinamiento nacionalista a los alumnos, y para ello es necesario suprimir el marco que viene haciendo posible ese adoctrinamiento desde hace tantos años.
Suprimir ese marco requiere garantizar que las familias puedan ejercer -sin caprichosas limitaciones políticas- su derecho a la libertad de educación, no sólo eligiendo el idioma de escolarización de sus hijos, sino también el tipo de educación en valores que prefieren para ellos. Y es que el problema en las citadas comunidades no se resuelve “españolizando”, sino dando libertad a las familias. Si hay familias que quieren educar a sus hijos en las tesis nacionalistas han de tener libertad para hacerlo. Allá ellas con lo que elijan. Lo que no se puede consentir es que el Estado decida por las familias. Si dejamos intactas las estructuras que facilitan la imposición de un adoctrinamiento ideológico en las escuelas, bastará un cambio de gobierno para que esas estructuras vuelvan a ponerse al servicio de quienes buscar sembrar el odio en las aulas. Lo que hace falta en España es un remedio que permita trasladar la capacidad de decisión de la enseñanza del Estado hacia las familias. No hace falta esperar a que aparezcan soluciones mágicas: esa receta ya existe y se llama cheque escolar.
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Comentarios a esta entrada:
Meandmycircunstances
Como se que lo sabes,no continuare con una inutil digresion.
18:12 | 11/10/12
hare
19:17 | 11/10/12
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