Ese principio, que obliga al Estado, no se puede imponer en el ámbito privado

Están atropellando nuestras libertades con el pretexto de la ‘no discriminación’

En septiembre de 2007 estaba yo en Madrid con unos amigos disfrutando de la noche en blanco de ese año. Después de cenar fuimos a un pequeño pub en el que las chicas entraban gratis pero los chicos teníamos que pagar (no recuerdo si eran 3 o 5 euros). No me gustó que se hiciese esa distinción, así que me negué a entrar y me fui.

Me he encontrado con esa situación en otros pubs y discotecas. Es una política de admisión que no me gusta, así que cada vez que me he topado con ella, mi respuesta ha sido la misma que aquella noche en Madrid. Que un local me discrimine por ser hombre es algo que no me gusta, pero eso entra dentro de la libertad del propietario del local. Yo, como consumidor, tengo derecho a no compartir esa política de admisión y, en consecuencia, negarme a entrar en el local de turno. Creo que esto es lo propio de una democracia: si tú tienes un negocio, te asiste el derecho de admisión, y a los demás, como consumidores, nos asiste el derecho a buscarnos otro sitio si tu ejercicio del derecho de admisión no nos agrada.

Algunas personas no entienden algo tan elemental, salvo cuando le ponen otro ejemplo. Un partido político es una entidad que ejerce su derecho de admisión estableciendo ciertas pautas para poder afiliarte. Para empezar, si vas a un Partido Comunista y les dices “hola, soy católico y conservador y quiero afiliarme”, lo más previsible es que te digan que no. Lo mismo te ocurrirá si vas a un partido católico y dices “hola, soy masón y laicista y quiero afiliarme”. Los mismos que pretenden socavar el derecho de admisión en una discoteca consideran, sin embargo, que la discriminación por motivos ideológicos o religiosos es admisible en el caso de los partidos.

De un tiempo a esta parte algunas personas han decidido aplicar al ámbito privado un precepto que en términos estrictamente democráticos sólo es aplicable al Estado: el principio de no discriminación, según el cual el Estado no puede discriminarte por tu forma de pensar, tus creencias, etc. Obvia decir que incluso en este punto el Estado sí puede establecer determinadas discriminaciones. Por ejemplo, el Estado discrimina por motivos de edad a determinadas personas impidiéndoles votar o adquirir bebidas alcohólicas al establecer como edad mínima los 18 años. Lo mismo ocurre con determinadas situaciones. Por ejemplo, un hombre no puede reclamar para sí la misma protección y prestaciones públicas que una mujer embarazada. De igual forma, un joven no puede reclamar medidas de protección destinadas a la tercera edad. Así mismo, las leyes prohíben el matrimonio entre hermanos, sin que nadie lo considere discriminatorio a pesar de ser, en sí, una discriminación -del todo justificada- por motivos de parentesco.

A pesar de ello, los fanáticos de la ‘no discriminación’ quieren aplicar ese precepto al ámbito privado más radicalmente de lo que se lo aplica a sí mismo el Estado. El último ejemplo lo tenemos en Oregón, Estados Unidos, un estado en el que no es legal el matrimonio entre personas del mismo sexo, a pesar de lo cual la fiscalía amenaza con imponer una fuerte multa a un pastelero cristiano por negarse a hacer una tarta nupcial para una pareja de lesbianas. Y digo yo: ¿a cuento de qué se le exige a un negocio privado, bajo pena de multa, renunciar a su derecho de admisión? Bajo la máxima abusiva de aplicar el precepto de la ‘no discriminación’ al ámbito privado se vulnera derechos fundamentales como la libertad de conciencia y la de empresa. Esto supone un primer paso hacia el totalitarismo, y más aún cuando determinados colectivos se aprovechan de ello para imponernos a los demás su voluntad. Si ese pastelero no quiere hacer una tarta a esa pareja de lesbianas, éstas lo tienen muy fácil: qué se busquen otro pastelero, que seguro que opciones no les faltan. Es un atropello querer imponer a alguien la obligación de hacer un trabajo renunciando a sus derechos. Con eso no conseguimos una democracia más avanzada, como sostienen algunos. Con eso lo único que avanza es el autoritarismo.

Por mi parte, jamás se me ocurriría haber puesto una denuncia contra el dueño de aquel pub madrileño por cobrar a los hombres y no a las mujeres. Su actitud me parece una torpeza, pero está en su derecho. Es preocupante que algunos no sean capaces de entender que su voluntad no está por encima de los derechos de los demás, pero lo más alarmante es que el Estado ceda ante esa pretensión y se dedique a recortar libertades para satisfacer a tal o cual grupo.

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  1. Anónimo

    El ejemplo de la prohibición del matrimonio entre hermanos (prohibición universal, con la única excepción del Egipto romano) es perfecto frente a aquellos que postulan un matrimonio sin restricciones, en especial entre el mismo sexo (si el criterio es tan racionalista, al postular que basta la sola voluntad de los involucrados, entonces no sólo se debería aceptar el del ejemplo, sino el poligámico, el de menores, etc).

  2. Totalmente de acuerdo. Me he indignado al leer la noticia y rápidamente he pensado lo que a continuación voy a escribir: saquemos listados de empresas “pro”gay para no comprar sus productos (ya lo hago con los catalanes y los vascos, así que esfuerzo no me supone). En Salamanca no hay Starbucks pero cuando voy a Madrid es que ya ni miro esos locales desde que su dueño soltó la mamarrachada de “el matrimonio tradicional es malo para el negocio”. Malo para mi bolsillo son (eran) tus carísimos (y no excelentes) cafés, idiota.

    Estoy en contra de recortar derechos (excepto para terroristas y similares) pero “curiosamente” los poderes públicos siempre recortan del mismo lado… Como algunas empresas privadas, que “curiosamente” siempre hacen “gracias” con los mismos. Y mi límite de hartazgo ya fue superado hace tiempo…

  3. Yo no estoy de acuerdo con el boicot a los productos vascos y catalanes, pues como tales, son productos españoles. Creo que ese boicot es hacerle el juego a los nacionalistas. No obstante, considero que cada uno es muy libre como consumidor de boicotear lo que le dé la gana. Ya en 2007 me manifesté en defensa de esa libertad cuando un juzgado de Barcelona ordenó censurar varias webs españolas por pedir el boicot a los productos catalanes, a pesar de no estar yo de acuerdo con dicho boicot:

    http://www.outono.net/elentir/2007/11/22/la-dictadura-nacionalista-llega-a-internet/

  4. Yo no boicoteo nada al no ser un poder público, es mi libertad de elección, tal y como he dejado bien claro http://bit.ly/Ss5IFW No confundamos lo que no es. Igual que decido libremente no comprar productos catalanes ni vascos, tampoco consumo en Starbucks. Ni veo Tele 5. Ni La Sexta. Ni compro El País. Y, al igual que multan a un pobre pastelero por no vender a parejas gays, tampoco compraré en empresas que sean gays. ¿Boicot a lo gay?. ¿Estar en contra de los gays?. No, ni mucho menos. Como tampoco es estar en contra de los catalanes y los vascos por no comprar sus productos. Es mi manera de protestar ante sus atropellos. Quizás la única efectiva…

  5. Siempre que se habla de no discriminación, sale alguien mucho más discriminado, no sólo es inevitable, sino que los de siempre ponen muy poco esfuerzo en evitarlo.

    Pongamos por ejemplo el pub de que nos habla Elentir: Se discrimina allí (Y en todas las discotecas catalanas también, porque hacen lo mismo) al hombre, haciéndole pagar más y a la mujer, que se trata como objeto de deseo, como gancho del negocio u objetivo de mercadotecnia.

    Otro ejemplo evidente es el llamado “discriminación positiva”, que rebautizo yo como tongo a la descarada. Porque uno es inmigrante, venga a darle ayudas y facilidades, mientras que a los nacidos aquí, que los zurzan.

    Sobre esos homosexuales, lesbianas, lesbianos y otras gentes que no sabe uno muy bien lo que son, ¿Es que no les hemos visto discriminar con el máximo de rabia a los cristianos en su día del orgullo L.G.B.T.E.T.C.?¿Y la colección de sandeces que sueltan contra la primera personalidad pública de relevancia que pidió respeto para ellos? Me refiero al (Entonces) Cardenal Ratzinguer, en su Catecismo de la SCDF.

    ¿Y la tácita pero innegable censura de todo lo que llaman “ultraderecha” o “fascismo”, “maniqueo”, “radical”, “extremado” y demás, que se puede definir como “Aquello que no gusta a quienes imponen la censura y ejercen el despotismo?” ¡Oh, no, eso no es discriminar!, claro, es muy justo y acertado hacerlo.

    O la pequeña anécdota de que se subvencionan al ciento por cien los abortorios privados, al remitir a las embarazadas por cuenta del Insalud, INS y demás, mientras se deniegan todas las subvenciones a las organizaciones dedicadas a ayudar a la mujer embarazada en apuros.

    Pero hay discriminaciones más graves, como el hecho lamentable de que ya casi no nacen niños con síndrome Down, y otras que debieran ser objetivo primordial de los colectivos feministas: Los abortos que se deben a que el feto es femenino.

    Para conseguir no discriminar de verdad, hay que tener un mayor sentido de la justicia que del equilibrio. Por ejemplo, en el caso de los fetos con Sd. Down: Si nos llega el PP y nos promete que se prohibirá el aborto por esta circunstancia, lo que se encuentra al momento es que se pasa de una discriminación a otra, ya que los fetos sanos no tienen este amparo. Y por cierto, una servidumbre total de la ONU, que cae en el mismo error al hacer esta “recomendación a sus estados-miembros”.

  6. Pablo el herrero

    A estas alturas dudar que los movimientos gays y de lesbianas no están dirigidos por fascistas es demasiado ingenuo.

    Pablo el herrero

  7. -Existe una enorme diferencia entre tratar a la gente con igualdad e intentar igualarlos. Mientras lo primero es la condición de una sociedad libre, lo segundo significa una nueva forma de esclavitud. (Alexis de Tocqueville)

  8. Hace poco me apunté en la web de ofertas laborales de Diageo, que se gestiona desde el Reino Unido. Sorpresa desagradable me llevé, cuando vi una parte del formulario que versaba sobre “filiación étnica”. Dado que la mía no correspondía con ninguna, puse “White – other, specify” y a continuación: “Celtic-iberian-sephardi”. Me parece lamentable que este tipo de cosas se pregunten en una oferta laboral.
    Me dicen algunos ingenuos que es una forma de promover la “discriminación positiva”; pobriños negros o chinos que eran esclavos en el s. XIX. ¿Pero estamos locos? La discriminación “positiva” es discriminación. ¿Qué culpa tengo yo de que un inglés fuera esclavista hace cien o doscientos años? Quien pide el trabajo soy YO, con mis méritos y virtudes, y por tanto el color de mi piel debe ser INDIFERENTE.

  9. Es lo que sucede cuando se empieza a poner en duda todos los principios, que por querer contentar a todos no se contenta a nadie.

  10. JFM

    Lo de las discotecas no es discriminacion sino estrategia comercial: los chicos van a las bibilotecas para ligar y las chicas que tienen menos presion para encontrar pareja (ver mas abajo) van mas para bailar y ello hace que miren mas al gasto. Por lo tanto el dueño de la discoteaca avrntaja a las chicas para que estas vayan a su discoteca lo cual atreara a los chicos. Sin chicas esta se queda vacia.

    Hé dicho que las chicas tenian menos presion para encontrar pareja. Hay que saber que aunque en la sociead haya mas mujeres que hombres, incluso cuando no hay abortos selectivos, nacen alrededor de 105 varones por cada 100 hembras y que siguen siendo mas numerosos hasta la cincuentena cuando la mayor mortalidad en los varones hace que las mujeres sean mas numerosas. Lo cual quiere decir que si por ejemplo en una quinta de esos 105 chicos hay 95 con pareja (para simplificar estan en su misma quinta) quedan 5 chicas libres por 10 chicos. Y ello hace que las chicas no estan “deseperadas” por encontrar pareja ya que para ellas es bastante mas facil y no iran a discotecas si les haces pagar la entrada. Y si las chicas no van los chicos tampoco.

  11. jeremias

    En Madrid, que igual te pilla mas cerca que Oregon, siendo Alcalde Ruiz Gallardon, se impuso una fuerte multa -12000 euros-a un local privado por no querer celebrar el banquete de bodas de dos hombres.
    http://sociedad.elpais.com/sociedad/2006/12/29/actualidad/1167346805_850215.html

  12. No se me ha olvidado. El PP participa sin rodeos en esa deriva liberticida desde hace años.

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