El sindicato nacionalista carga contra la libertad de idioma de los gallegos

CIG: ‘derecho a decidir’ si matas a tu hijo, pero no en qué idioma estudia

Hoy el sindicato CIG, nacionalista y de ultraizquierda, ha denunciado a la Xunta de Galicia por preguntar a los padres, de forma no vinculante, cuál es la lengua materna de sus hijos en edad infantil a fin de determinar en qué idioma serán escolarizados.

Los fans de la imposición y del castrismo reclamaron ayer ‘democracia’ y ‘derechos’
El fraude de los derechos colectivos

Tacha de ‘gallegofóbica’ una encuesta por preguntar la lengua materna

El sindicato nacionalista ha tachado esa encuesta de “galegofóbica”. ¿Acaso preguntar a los padres por el idioma materno de sus hijos es odiar la lengua gallega? Es más: según la CIG, esa encuesta tiene como propósito “desterrar el gallego como lengua vehicular en la enseñanza infantil”, una afirmación paranoica que demuestra la desconfianza hacia los gallegos y el miedo a la libertad que sienten los nacionalistas. Obvia decir que si una encuesta así tuviese como resultado que todos los niños gallegos tienen por lengua materna el español -lo cual no es cierto-, el supuesto “destierro” del gallego sería fruto del derecho de las familias a decidir la lengua en la que desean escolarizar a sus hijos. Por lo que parece, o la CIG desconoce la realidad lingüística de Galicia, o tiene miedo de los gallegos, miedo a dejarles elegir la lengua en la que estudian sus hijos, miedo, en fin, a que elijan algo distinto de lo que el nacionalismo quiere imponer en las escuelas.

En marzo la CIG reclamó el ‘derecho a decidir libremente como pueblo’

Pero esa actitud antidemocrática de la CIG, además de miedo, refleja el cinismo del sindicato nacionalista. Sin ir más lejos, el pasado mes de marzo en Ferrol el secretario general de la CIG, Suso Seixo -al que vemos sobre estas líneas puño en alto- abogó por “la defensa de nuestros derechos, del derecho de autodeterminación, del derecho a decidir libremente como pueblo”. Como pueblo pero no como individuos, por lo que parece. Estamos ante ese fraude totalitario que disfraza como “derechos colectivos” la negación de los derechos fundamentales de las personas, un fraude ya denunciado en 1998 por el dirigente opositor cubano Vladimiro Roca Antúnez:

“Anteponer los derechos colectivos a los derechos individuales es otra de las formas que tienen los gobiernos autoritarios y totalitarios de imponerle a la sociedad sus planes y deseos; que en los más de los casos, no son compartidos por la mayoría de la población.”

El ‘derecho a decidir’ según la CIG: matar a tu hijo no nacido

Hay que decir que a título individual el sindicato nacionalista sí que reconoce un “derecho” a los padres. Un “derecho” que no es tal, que es aberrante y contrario al primero de los derechos humanos, que es el derecho a la vida. Y es que en mayo la CIG defendía el “derecho a decidir de las mujeres”. No a decidir la lengua en la que prefieren escolarizar a sus hijos, sino a matarlos antes de que nazcan. La muerte cruel y violenta de los más inocentes e indefensos en el vientre materno es disfrazada por la CIG con el habitual y cínico eufemismo de que las mujeres tienen derecho a “decidir sobre sus cuerpos, su sexualidad, y su maternidad”, como si un hijo por nacer fuese un grano, olvidando además que abortar no hace que dejes de ser madre, sino que te convierte en la madre de un niño muerto.

Así que ya sabes: según la CIG, tú tienes “derecho a decidir” si quieres matar a tu hijo por nacer, pero en caso de que nazca su lengua de escolarización la imponen los nacionalistas. Todas las ideologías totalitarias dan por hecho que los niños son propiedad de Estado y que sus padres son meros cuidadores sin derecho alguno a determinar qué educación desean para sus hijos. Si no aceptan esa tesis, a los padres siempre les queda la opción de no tener hijos e incluso de matarlos antes de que nazcan: así se explica, por ejemplo, que la URSS fuese uno de los países que más desamparaban los derechos de los niños por nacer, y que ahora dictaduras comunistas como Cuba, China, Corea del Norte y Vietnam figuren entre las naciones cuyas leyes más desprecian la vida humana prenatal. La CIG tiene a quien copiar.

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