El Puente Románico de La Ramallosa: una joya medieval sobre el río Miñor

El domingo estuve en este puente, junto al que he pasado innumerables veces desde que tengo memoria, pues desde mi más tierna infancia he frecuentado mucho las localidades del valle del río Miñor. Pero, paradojas de la vida, en mis 39 años de vida nunca había pisado este puente.

“Per loca maritima”: una antigua calzada romana

Los orígenes del puente son muy inciertos. Antonio Álvarez Calvo, en “Nigrán. Perla de la costa mágica” (editado en 1978 por el CIT de Playa América-Nigrán), señala que “su construcción es de origen romano”. Ramón Blanco Areán, en “Vigo, el Fragoso y el Miñor” (libro de edición propia, también de 1978) afirma que sobre él pasaba una “antigua calzada romana”, y que “desde su petril se dice que fueron arrojados al agua, por haberse convertido al cristianismo, los hijos del pretor romano de Erizana” (la antigua Bayona), motivo por el que hoy se le conoce a menudo como “puente romano” (aunque la denominación puede también ser fruto de la confusión entre romano y románico). La Diócesis de Tuy-Vigo identifica la citada calzada como la vía “Per loca maritima”, también conocida como Vía XX. Según Alfredo Campos (en “Puente Románico de La Ramallosa”), la calzada está pavimentada con losas, “muy irregulares propias de las vías romanas” (como se puede ver en la foto) y tiene un ancho medio de 3,20 metros. Más tarde, esta calzada se convirtió en el llamado Camino Real. Según la misma fuente, Almanzor habría ordenado destruir el viejo puente de origen romano, lo que podría haber ocurrido al regreso de su campaña contra Santiago de Compostela en el año 997.

El puente actual, una iniciativa de San Telmo, patrono de los navegantes

Según la Diócesis, el puente “fue reconstruido bajo la dirección o por la iniciativa de San Telmo por los años 1232-35”. Hay que recordar que por aquella época el santo fue Obispo de Tuy, diócesis en la que se encuentran Nigrán y Bayona. A esa época se debe la factura tardorrománica del puente, compuesto por diez arcos (los ocho primeros, empezando por el sur, pertenecen en la actualidad al municipio de Bayona (según la web de su ayuntamiento). Los arcos son redondos, salvo el segundo, el tercero y el cuarto empezando por el sur, que son ojivales, hecho que el consistorio bayonés atribuye a “los estilos vigentes en las épocas en que debió sufrir alguna reparación”.

La leyenda sobre el milagro que San Telmo obró en el puente

Uno de los detalles más interesantes del puente: el cruceiro situado en el lado oriental del pilar que separa los arcos tercero y cuarto empezando por el sur.

Al pie del cruceiro hay una imagen de San Telmo, patrono de los navegantes y, como he señalado, promotor de la reconstrucción del puente, y al que también se atribuye un hecho milagroso relacionado con el mismo. Lo cita Vítor Vaqueiro en “Guía da Galiza Máxica” (Galaxia, 1998): “La leyende refiere que, estando predicando un día el santo en aquellos lugares ante una gran multitud, una fuerte tormenta comenzó. La gente, asustada, se dispuso a huir. Telmo consiguió, sin embargo, partir la gran masa de nubes en dos mitades, que descargaron el agua a las dos orillas de donde se hallaba el gentío, quedando éste, en la zona intermedia, sin ser afectado por la lluvia.”

Un altar que servía para “bautizar” a niños por nacer

Bajo la imagen de San Telmo hay un elemento arquitectónico muy típico de Galicia: un peto de ánimas, que representa a tres almas en el purgatorio (la central, por cierto, tocada con un gorro eclesial). Ante el peto hay una repisa que se usaba como altar. Este altar está asociado a otra leyenda relacionada con el puente. La cuenta Antonio Álvarez Calvo (op. cit.): “Las esposas que no tienen la dicha de asegurar su descendencia, malograda por sucesivos abortos, deben acudir a este puente para hacer desaparecer aquella desgracia, que se ciñe en matrimonios jóvenes, con el bautismo de las aguas. La ceremonia se lleva a cabo según un rito especial, apropiándose palabras que se pronuncian al derramar el agua sobre la cabeza de la que se bautiza. El acto debe ser a los tres meses del periodo de gestación, y a las doce de la noche.”

El citado autor también describe la ceremonia en cuestión: “La bautizada, acompañada de dos familiares o de la intimidad, acude al puente con la antelación necesaria a la hora; aquélla se dirige a la cruz que se alza en el centro de dicho puente, y por lo que se refiere a los acompañantes, se limitan a custodiar las entradas para evitar el paso de animales por tal lugar (nin can, nin gato, como se suele decir), pues el tránsito de los animales es causa de nulidad y ya el bautismo no se puede llevar a cabo. Los vigilantes tienen otra misión muy importante que cumplir, y es que, al primer transeúnte que se presente, se le tiene que requerir para actuar de ‘padrino’ de la ceremonia.”

Álvarez Calvo señala que la bautizada debía postrarse “reverente ante la cruz del puente”, tras lo cual el “padrino” se debía deslizar hacia el río con un pequeño recipiente amarrado con un cordel, para a continuación, imponer una mano sobre la bautizada y derramar el agua sobre el pecho de la misma, “pronunciando palabras rituales del verdadero bautismo”. La madre debía guardar silencio en todo momento hasta haber terminado el bautizo, momento en el cual se presentaban ella y el padrino, retirándose cada uno a sus domicilios. “Llegando el feliz alumbramiento, la criatura será apadrinada por la misma persona que lo hizo con la madre”, señala Álvarez Calvo, que atribuye a esas circunstancias el supuesto hecho de que “son muchísimas las personas miñoranas, que tienen ahijados a gran distancia de sus respectivas localidades”.

Una vieira de peregrino en la entrada norte

Otro detalle que llama la atención en el puente es una obra del escultor nigranés José Antonio Villaverde Simoes situada en su lado norte (ya en Nigrán), con una concha de peregrino. Colocada en 2011, en sustitución de un bolardo antiestético y chapucero (cubierto de cemento) situado antes ahí, fue motivo de un choque entre el Ayuntamiento de Nigrán y el gobierno gallego, que abrió un expediente al afirmar que la escultura se había colocado sin su permiso. Por este motivo, agentes de la Policía autonómica acudieron a interrogar al entonces alcalde, el socialista Efrén Juanes. El cambio de gobierno municipal ese mismo año (el PP se hizo con el ayuntamiento) alargó la polémica, pues en 2012 el escultor inició una protesta ante la casa consistorial para denunciar que aún no le habían pagado el trabajo.

El puente ha sido restaurado dos veces en los últimos seis siglos

En el templo parroquial de San Pedro de La Ramallosa, situado a 150 metros del puente, hay un mural hecho de baldosas en el que vemos una representación de la construcción del puente románico, con la figura de San Telmo sobre el mismo.

Además de la reconstrucción ordenada por San Telmo, el puente sólo ha sido objeto de obras de restauración en dos ocasiones: en 1598 y en 1926, ésta costeada por Julián Valverde Pérez (1853-1931), natural de La Ramallosa y uno de sus mayores benefactores (costeó también la línea de tranvía entre Vigo y su localidad natal, inaugurada también en 1926). En 2002 la Xunta de Galicia anunció un proceso de limpieza, que sirvió para eliminar muchos años de vegetación pegada al puente.

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  1. La foto de La Ramallosa que encabeza esta entrada ha sido seleccionada para el Flickr Explore, que muestra las mejores fotos que se publican en Flickr cada día en todo el mundo. ¡Qué alegría! 🙂

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