Nos mete en una historia de espías en Berlín oriental durante la Guerra Fría

‘El puente de los espías’: Spielberg recuerda una Europa en la que había países-cárceles

Este viernes fui a ver la última película de Steven Spielberg, que nos sitúa en la capital de los espías durante la Guerra Fría: el Berlín dividido de 1960.

Los hechos transcurren en torno a uno de los momentos más dramáticos de la postguerra: la construcción del Muro de Berlín. En la película, basada en hechos reales, también se aborda el grave incidente ocurrido con el derribo sobre la URSS de un avión espía estadounidense U-2 pilotado por el capitán Francis Gary Powers, y su posterior intercambio por el espía soviético Rudolf Abel. El protagonista, Tom Hanks, hace el papel del eminente abogado James B. Donovan, que asumió la negociación del canje por la parte estadounidense.

La película me ha parecido excelente, con un Tom Hanks que hace un muy buen papel protagonista. El británico Mark Rylance hace el papel del espía ruso, con mucho acierto. Pero sin desmerecer las interpretaciones, lo que más impresiona de la película es la excelente ambientación, cuidada hasta el último detalle. Hay que decir que la película es toda una reivindicación del abogado Donovan, que sufrió la incomprensión de muchos compatriotas al asumir la defensa de un espía ruso, un papel que asumió, paradójicamente, movido por el patriotismo y con el fin de demostrar que la democracia estadounidense era un Estado de Derecho para nada equiparable al régimen totalitario soviético. Por cierto: la película menciona el papel de este abogado en los Juicios de Nüremberg, pero tratándose de una historia de espías, sorprende que no mencione que durante la Segunda Guerra Mundial Donovan fue Asesor General en la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), el servicio de espionaje estadounidense predecesor de la actual Agencia Central de Inteligencia (CIA).

“El puente de los espías” es también muy recomendable como documento histórico. Los nacidos en 1989 tienen ahora 26 años. Ya hay toda una generación que no ha conocido lo que era una Europa dividida por el Telón de Acero, ni el Berlín roto por el muro de la vergüenza. Tampoco han crecido con las noticias de quienes trataban de huir del “paraíso” comunista, a menudo encontrando la muerte en el intento. La película muestra esa realidad histórica presentando al espectador un auténtico país-prisión, la mal llamada República Democrática Alemana, que era, precisamente, la menos democrática de las dos Alemanias de entonces. Una película como ésta es especialmente recomendable, además, ahora que algunos pretenden resucitar ese monstruo totalitario, ocultándolo con otras caretas, pero con la misma monserga populista y el mismo desprecio por los discrepantes que manifestaron los bolcheviques desde el estallido de la Revolución Rusa de 1917. Olvidar la historia nos puede condenar a repetirla. Aunque sólo sea por eso, ya marece la pena ir a ver esta nueva película de Spielberg.

Os dejo aquí con uno de los trailers en español de la película:

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  1. Habrá que ir a verla.

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