Vetan debates a base de 'palabras-policía' que acaban por resultar ridículas

Lo que significa ser ‘ultracatólico’ allí donde a nadie le llaman ‘ultraateo’ o ‘ultraprogre’

Lun 28·11·2016 · 8:13 11

Hace unos días os hablaba aquí de como muchos medios distorsionan la realidad al servicio de ciertos intereses políticos. Una forma de distorsionarla es manipulando las palabras.

¿Conservador malo, progresista bueno?
Es fácil ser ‘ultraderecha’ en una sociedad para cuyos medios nada es ‘ultraizquierda’

La transversalidad de los anatemas de la izquierda

Esa manipulación del lenguaje se ha extendido hasta extremos sorprendentes. En 2014 un diario tachaba de “ultracatólico” a un colegio por ser afín al Camino Neocatecumenal, un movimiento de apostolado de la Iglesia Católica. ¿Sería el diario Público? Pues no: lo dijo el diario monárquico y antaño conservador Abc. La semana pasada un digital llamaba “plataforma ultracatólica” a HazteOir.org, una asociación de inspiración cristiana conocida por su defensa de la familia, del matrimonio y del derecho a la vida desde la concepción. ¿Sería el diario de Ignacio Escolar? Pues no: lo dijo El Español, dirigido por Pedro J. Ramírez, un señor con una larga experiencia en camelar a lectores de derechas para que le financien medios bañados de ideología progresista. En la misma línea, anoche El País llamaba “tradicionalista” al derechista francés François Fillon por su oposición al aborto, como si los únicos que se oponen a ese crimen fuesen los tradicionalistas.

¿Los ultraizquierdistas, ultraateos o ultraprogresistas no existen?

El periodismo español, salvo honrosas excepciones, disimula muy poco sus filias y sus fobias. Si prestas un poco de atención te darás cuenta de que España, según la mayoría de sus medios de comunicación, es un país donde hay ultraderechistas, ultracatólicos, ultraconservadores e incluso ultraliberales, pero no ultraizquierdistas, ultraateos o ultraprogresistas. Poco importa que entre la izquierda española haya fans declarados de dictadores como Fidel Castro y Lenin, que en nombre de laicismo se incite a “quemar la Conferencia Episcopal”, o que en nombre del progreso se abogue por suprimir los derechos humanos de todos aquellos que no hayan alcanzado una determinada edad, a fin de que sea legal matarles y descuartizarles en abortorios.

¿Qué es para ellos ser liberal, de derechas o católico?

En medio de este panorama, un liberal ya no es un tipo que defiende las tesis de Hayek o de Friedman, sino alguien que es libertino. Como dirigentes de varios partidos no tienen el menor pudor en llamarse liberales mientras llevan a cabo políticas socialdemócratas, la palabra “liberal” ya no significa nada y para anatemizar a los desobedientes del consenso socialdemócrata hay que decir “neoliberal” o “ultraliberal”, palabras que para cualquier progre vienen a significar lo mismo que ser un fascista o un nazi. De igual forma, ya que la derecha política ha desertado de la batalla de las ideas y ha ido asumiendo los dictados ideológicos de la izquierda, decir “derecha” ya no significa nada y por eso a cualquier derechista que lo sea de verdad se le tacha de “ultraderechista”, de modo que para cualquier izquierdista del montón toda persona de derechas es, sin más, lo mismo que Franco, Hitler o Mussolini. Así mismo, hoy hay tantos católicos que viven como si no lo fuesen, que hacen más caso a La Sexta que a su Iglesia, y que siguen más los dogmas de la corrección política que los Diez Mandamientos, que decir “católicos” ya no basta para provocar rechazo hacia quienes se esfuerzan por serlo de verdad: de ahí lo de “ultracatólicos”.

El peligro que supone una sola voz discordante

Detrás de esa manipulación del lenguaje y de los adjetivos que se usan para dividirnos entre “buenos” y “ultramalos”, hay posicionamientos morales, éticos e ideológicos en torno a temas muy importantes en los que nos jugamos mucho. Cuando los medios usan esos anatemas, lo que intentan es evitar que te posiciones de forma incorrecta. Si eres católico y te opones al crimen del aborto, y además rechazas las patrañas de la ideología de género (y su imposición en las escuelas) y no han conseguido convencerte de que una pareja del mismo sexo sea lo mismo que un padre y una madre, entonces no eres un católico a secas: eres un peligroso “ultracatólico”. Peligroso porque tu disidencia pone en peligro todo el tinglado de quienes se creen con derecho a imponernos cómo tenemos que pensar, de igual forma que un solo niño bastó para echar abajo el engaño masivo del traje nuevo del emperador en el famoso cuento de Hans Christian Andersen.

Si los húngaros no temieron a los tanques, ¿vas a temer tú a los palabras?

El problema del pensamiento único progresista es que sigue habiendo mucha gente dispuesta a decir lo que piensa aunque eso implique su señalamiento. De hecho, que no seamos ni dos, ni tres, ni cuatro… sino muchos, muchos más, es algo muy problemático para el despotismo progre, ya que cuantos más seamos los disidentes a señalar, y cuanto más dispuestos estemos a plantar cara a las imposiciones, más difícil será callarnos. Ni siquiera la coacción estatal basta para ahogar la contestación a atentados contra la razón y la decencia. Incluso las brutales dictaduras comunistas tuvieron que hacer frente a rebeliones: Tambov, Kronstadt, Hungría, Polonia, Tiananmen, Berlín… Y a diferencia de lo que ocurrió en Hungría, aquí no hacemos frente a tanques. Si los rebeldes húngaros no temían a esos vehículos acorazados y fuertemente armados, ¿qué miedo hemos de tener nosotros a que nos disparen con palabras? Cuando se pisotea la Verdad, la Justicia y el Derecho de forma constante, el uso de “palabras-policía” acaba resultando inútil y hasta ridículo. El mayor riesgo del progresismo actual es ese, y lo ha generado su propia soberbia, que le mueve a bloquear todo debate a base de descalificaciones. A estas alturas, si defender la vida, la libertad de educación, la familia y los valores cristianos implica que me pongan motes, pues me da igual. Lo que me importa es seguir defendiendo aquello que merece ser defendido, le pese a quien le pese.

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Comentarios:

  1. Luis Carlos Bustos Marín

    Es lo que se conoce como falacia del falso punto medio, donde se tacha de radical extremista a todo aquel que no acepte determinados planteamientos. Sin embargo se ha abusado tanto de esta, que ya no tiene efectividad. Se ha usado tanto “facha” que ya no tiene ningún poder ofensivo o peyorativo, y ahora simplemente significa no comulgar con las ideas progres.

    Con el oligopolio mediático pasa como el cine español, que la gente se ha hartado de su sectarismo y de su basura propagandística, nos hemos cansado del ministerio de la verdad que se empeña en ser nuestro Pepito Grillo para decirnos lo que está bien o mal.

    Han cometido un serio error, porque para convencer hay que saber ganarse primero la confianza de los demás para que estén dispuestos a escuchar tus argumentos, pero estos han tratado de forzar a que le den la razón, como a los locos, a base de intentar humillar al que se atreviera a llevarles la contraria, con resultados contraproducentes.

    Estamos en lo que yo lo que denomino la contrarevolución cultural, la antítesis del Mayo del 68, y con el tiempo el equivalente a la segunda caída del muro de Berlin. Después de bochornoso ridículo que han hecho los medios de comunicación en su apoyo a Hillary Clinton muy poca credibilidad tienen. Se han creído sus propias mentiras, su propia propaganda, y pensaban que el resto de la sociedad opinaba de la misma manera.

  2. Hare

    Precisamente esto ha sido la gota que ha colmado mi paciencia con el Español. Y eso que tengo acciones. Y soy ateo para más inri

  3. Luna

    El día 25 estuvo se celebró el “día contra la violencia de género” y pude ver en un pasquín de la CGT su versión personal de “espiral de la violencia”. Escritas en espiral, estaban estas frases que según ellos van conformando un ciclo inevitable que termina como veremos:

    -micromachismos
    -invisibilización
    -controlar
    -gritar
    -chantaje emocional
    -desvalorizar
    -publicidad sexista
    -abuso sexual
    -agresión física
    -asesinato. Dejando de lado que la redacción deja mucho que desear en sintaxis y orden delos factores, podemos ver cómo van cerrando el círculo de lo políticamente correcto, a la vez que llevan la realidad a su deseo. Este cartel te está diciendo que hay una parte de los hechos que se hace invisible (Estaría por ver), pero entre líneas se puede leer que nuestra propia conducta tiende a esconder una actuación agresiva que acalla a las mujeres. Por tanto, toda campaña feminista se revaloriza al máximo… Así se otorgan razón sobre una realidad que han instituido por su cuenta.
    Así consiguen que todo el que no se adscriba a los postulados ultrafeministas sea tenido por culpable y hasta se pueda considerar un maltratador o asesino en potencia. Porque lo “ultra” ya no es ser machista, es no ser feminista muy radical.

    El sistema empleado es exactamente el mismo descrito en la entrada para cercar a los católicos. Desgraciadamente, pasan de las palabras a los hechos.

    Veréis: He sufrido una persecución encarnizada por parte de una feminista sectaria desde que supo que colaboro con una asociación que se dedica a ayudar a mujeres embarazadas que no quieren abortar. Me abrieron un procedimiento administrativo intentando algo infame y horrible (no quiero decir qué era). Como parte de él, vinieron unas funcionarias a inspeccionar mi casa, en donde encontraron el Cristo del despacho y una talla de la Virgen, ambas de medidas considerables. Ya me preguntaron por qué eran de ese tamaño, a lo que respondí que eran herencia familiar pero que las tenía allí porque soy católico practicante y estaba en mi casa. (Al fin y al cabo, los laicistas dicen que quieren relegar los signos religiosos a los hogares).

    En un expediente que abrieron figura una mención a estas imágenes y por su tamaño, coligen que “puedo ser ultracatólico por la gran dimensión de unas figuras [sic] religiosas encontradas en el domicilio”… Aquí hay una contraseña encubierta que está diciendo “a este dadle caña”. Las que son del ramo las comprenden enseguida. Y os puedo asegurar que lo hacen.

  4. sanabria

    Donde hay un DECALOGO de ser de izquierdas?Solo disimulan su complejo de inferioridad escondido bajo una verborrea pueril.Vivir del cuento aprovechandose del projimo.porque no crean alguna empresa y distribuyen puestos de trabajo?Solo reparten miseria como en Cuba.El cancer de ESPAÑA se llama SECTOR PUBLICO .Rajoy guerra a la subvencion ,sobran la mitad de las nominas publicas Pobre SECTOR PRIVADO

  5. palabrero

    Lo que ocurre es que las palabras son más peligrosas que los tanques. Los Tanques pueden matarte, pero una vez muerto no pueden hacerte más daño. Pero las palabras pueden herirte una y otra vez sin matarte, haciendo daño de manera continua y aislandote incluso de tus “amigos y familia”, porque si como dices no estas de acuerdo y protestas, suelen ser estos, los primeros que te critican.

  6. Es casi increíble. ¿ Como estamos para defender lo antinatural con tanta vehemencia ?. Yo creo que hay Dios y que además tiene que ser mas bueno de lo normal, aunque ahora lleve tiempo, siendo mal practicante. Tantoa adjetivos nos acumulan a los cristianos que ya debe de darnos agual. A palabras pronunciadas por faringes inconscientes, trompas de Eustaquio en estado de letargo. Claro, deberemos de seguir siendo pacientes y educados. Saludos.

  7. pacococo

    Muy interesantes los comentarios anteriores. Sin duda acusar a alguien de ultracatólico funciona, si no , no lo harían.

    Hay que pensar que el mensaje está dirigido a la parte menos inteligente de la sociedad y esa gente lo acepta de forma acrítica porque su inteligencia no da para más, pero su voto vale igual que el de un filósofo (en el sentido socrático).

    Sin duda el gran objetivo a batir es la Iglesia. Llevan 500 años intentándolo y no hay manera, pero insisten, entre otras cosas porque se juegan mucho dinero. y pienso que se trata de eso, el dinero siempre está por ahí. La economía que propugna la Iglesia y que aceptamos es muy distinta a la economía financista que nos han impuesto.

    Y por supuesto está todo lo demás, que en el fondo no es más que la consecuencia de ser hijos de Dios y eso a muchos les molesta sobremanera.

  8. pacococo

    Luna

    Lo que no entiendo es cómo unos funcionarios se metieron en tu casa y encima levantaron acta. Eso, es nulo de pleno derecho.

  9. Jandro

    Excelente artículo.
    Y todo mi ánimo a Luna en la persecución que comenta.
    Yo no paso de ser un muy mal católico o, con mucha benevolencia, de infracatólico, pero sé que pertenezco a lo que esos grupos denominan ultracatólico, y pertenezco por tener como idea irrenunciable la defensa de la vida, aunque la sostenga desde un punto de vista arreligioso.

  10. Sharovarov

    La mayoría de obispos contribuye bastante con su silencio a que los políticos vayan metiéndole en la cabeza a la gente la idea perversa de que existen “diferentes grados de catolicismo”, por así decirlo. Ahí está el claro ejemplo de la bruja Cifu diciendo que las críticas a su ley pro-Gaystapo -lo de “ley pro-Gaystapo” lo digo yo, por supuesto-, vienen sólo de dos obispos, no de toda la Iglesia.

    A mí también me da igual que me identifiquen con todas las palabras-policía.

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