Permaneció oculto durante más de 50 años tras desertar del Ejército Rojo

Jānis Pīnups: un soldado letón para el que la Segunda Guerra Mundial acabó en 1995

Son famosas las historias de soldados japoneses que quedaron aislados tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, sin enterarse -algunos durante décadas- de que la contienda había llegado a su fin.

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El último de ellos, Teruo Nakamura, fue arrestado en las Islas Molucas (Indonesia) el 18 de diciembre de 1974, regresando a Taiwán -su tierra natal- casi tres décadas después del fin de la guerra. Es una historia sorprendente, pero hay otra que aún lo es más: su protagonista fue Jānis Pīnups.

Letonia en el periodo de entreguerras

Pero antes de conocer su historia, veamos el contexto. Las repúblicas bálticas figuraban en el protocolo secreto del Pacto Ribbentrop-Mólotov, firmado por Alemania y la URSS en agosto de 1939. Este protocolo establecía que la frontera norte de Lituania -es decir, la línea que la separaba de Letonia- sería el límite entre las respectivas esferas de influencia de las dos potencias. Recordemos que tras formar parte del Imperio Ruso, Letonia había declarado su independencia 18 de noviembre de 1918, una semana después del final de la Primera Guerra Mundial. El 1 de diciembre de ese año el Ejército Rojo invadía el pequeño país, estallando lo que los letones conocen como su Guerra de Independencia, en la que recibieron el apoyo de sus vecinos polacos y estonios y el de la Armada británica. La guerra terminó en agosto de 1920 con victoria letona y el reconocimiento de su independencia por parte de la Rusia soviética. Casi cinco años después, el 10 de mayo de 1925 nacía Jānis Pīnups en Pelēči, un pequeño pueblo de la Letonia oriental, en el seno de una familia relativamenta acomodada, que tenía una casa con 23,5 hectáreas de tierra, incluyendo bosques.

Stalin invade las repúblicas bálticas y desata una brutal represión

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, y dando la espalda a sus antiguos aliados polacos, Letonia se declaró neutral. De poco le serviría ante las pretensiones de Stalin. En la primavera de 1940, tras la desastrosa campaña con la que había intentado conquistar Finlandia y que había dado lugar a la breve Guerra de Invierno, la URSS dirigió su propaganda contra Letonia y empezó a intentar desestabilizar la pequeña república valiéndose de los comunistas letones. El 15 de junio de 1940 Stalin se dejó de teatros e invadió Lituania. Al día siguiente hizo otro tanto con Estonia y Letonia, todo ello tras exigir a las tres repúblicas que estableciesen gobiernos prosoviéticos. Un mes después la URSS organizó unas elecciones a las que sólo pudo presentarse un partido títere de Moscú. En Letonia el nuevo Parlamento, dominado por ese partido único, votó la anexión de Letonia a la URSS el 21 de julio de 1940. Entre la invasión y las posteriores deportaciones y ejecuciones, los comunistas mataron a casi 300.000 personas en un país que no llegaba a 2 millones de habitantes.


Soldados alemanes recibidos como libertadores en Riga, Letonia, en julio de 1941 (Foto: Bundesarchiv / Wikimedia)

Los alemanes, recibidos como libertadores en Letonia

A diferencia de Polonia, en donde la resistencia empezó a formarse ya antes de que los alemanes y los soviéticos completasen la invasión del país, la resistencia letona no se formó, salvo casos muy aislados, hasta que Hitler lanzó su ofensiva contra la URSS. La represión soviética había sido tan brutal que los letones vieron a los soldados alemanes como libertadores. En Riga, la Wehrmacht fue recibida con flores, aplausos y abrazos. Jóvenes letones que habían sido obligados a alistarse en el Ejército Rojo desertaron y se rebelaron contra el NKVD, la policía política de Stalin, que estaba perpetrando deportaciones en masa en el país. Cuando los alemanes llegaron a algunas localidades de Letonia, se encontraron con que los soviéticos habían huido y los rebeldes letones se habían hecho con el control. El 10 de julio se completó la invasión alemana de Letonia.

De la dictadura comunista a la dictadura nazi

Sin embargo, los libertadores no eran tales: Letonia pasó de una dictadura (la comunista) a otra (la nazi). Los alemanes empezaron una campaña de exterminio en masa de los judíos y gitanos letones y amenazaron a todo aquel que se rebelase contra el Tercer Reich con la ejecución o el envío a un campo de concentración. Igual que con la URSS, miles de letones (más de 200.000) fueron obligados a alistarse en el Ejército alemán. Además, más de 87.000 voluntarios letones se unieron a la Latviešu Leģions (Legión Letona) de las Waffen SS, formada por dos divisiones de granaderos.


Soldados de la Legión Letona de las Waffen SS desfilando en Riga en 1943 (Foto: Bundesarchiv / Wikimedia)

La resistencia letona

Bajo la ocupación alemana, la resistencia letona se dividió en dos grandes facciones: la fiel al gobierno democrático y los Sarkanie Partizāni (Partisanos Rojos) afines a la URSS. La resistencia democrática se articuló en torno al Latvijas Centrālā Padome (Consejo Central Letón), fundado en agosto de 1943 y formado por partidos de diversas tendencias, pero ya existían desde noviembre de 1941 grupos como la Latviešu Nacionālistu Savienība (Unión Nacionalista Letona) y la Patriotu Organizācija (Organización Patriota). Los insurgentes se dedicaron principalmente a la propaganda contra los ocupantes alemanes y a llevar a cabo saborajes. Los alemanes fueron crueles e implacables en sus represalias: arrasaron 99 aldeas, deportaron a 6.000 aldeanos y ejecutaron a 3.600 ya sólo a comienzos de 1943. Tras la llegada del Ejército Rojo a Letonia en agosto de 1944 la resistencia letona, esta vez contra los soviéticos, se hizo aún más intensa. Muchos desertores letones de los ejércitos alemán y soviético pasaron a la resistencia, siendo conocidos como los Meža Brāļi (Hermanos del Bosque), de la misma forma que fueron conocidos los combatientes de las otras dos repúblicas bálticas que se resistieron a la ocupación soviética a partir de 1944. Muchos de ellos iban uniformados, con armamento alemán y soviético, y lucían brazaletes con la bandera letona (granate, con una delgada franja blanca).


Brazalete usado por la resistencia antisoviética letona (Foto: Jaukajiem.id.lv)

El 10 de diciembre de 1944 se formaba la Latvijas Nacionālo Partizānu Apvienība (Organización Partisana Nacional Letona), que mantendría su actividad guerrillera hasta 1953. El sacerdote católico Antons Juhņevičs, alias “Vientulis”, lideró desde enero de 1945 la Tēvzemes Sargu (Partizānu) Apvienības, Organización de la Guardia Patriótica (Partisana), que luchaba por restaurar la democracia y la independencia del país y que llegaría a su fin con la captura y ejecución de Juhņevičs en 1947 a manos de los comunistas. Por otra parte, tras la rendición alemana en mayo de 1945, unos 4.000 miembros de la Legión Letona se internaron en los bosques del país para pasar a la lucha guerrillera contra la ocupación soviética. La resistencia antisoviética letona llegó a contar con unos 10.000 combatientes, recibiendo el apoyo de una red formada por 40.000 personas.


Partisanos letones de la Latvijas Nacionālo Partizānu Apvienība (Foto: Jaukajiem.id.lv)

Una huida de 250 kilómetros a pie

La guerra fue dura para la familia Pīnups. Los padres de Jānis murieron de tifus. Él era estudiante y acudía a la Escuela Vocacional de Jaunaglona, pero a los 19 años fue alistado por la fuerza en el Ejército Rojo el 26 de agosto de 1944. Le dieron una breve instrucción militar en Aiviekste, Letonia, y le enviaron al frente en septiembre, ordenándoles a sus compañeros y a él atacar a los tanques alemanes sin más armas que sus fusiles. Participó en tres ataques, el último de ellos en el bosque de Madliena. Resultó herido el 19 de septiembre de 1944, quedando inconsciente. Al despertarse vio que no quedaba nadie en el campo de batalla, ni alemanes ni rusos. No sabía muy bien dónde estaba ni cuánto tiempo había estado inconsciente. Se echó a descansar profundamente en un matorral, hasta que oyó voces de los alemanes que estaban comprobando los cadáveres en el campo de batalla. Jānis pensó que le verían y esperó sin más su destino, pero no le descubrieron. Al día siguiente vio a soldados rusos con un blindado, pero no le dijeron nada. Entonces se levantó y se puso a caminar, decidido a desertar y a volver a su hogar en Pelēči. Su huída no fue fácil: tuvo que caminar 250 kilómetros a pie. Además, los desertores eran ejecutados (él mismo vio como los mataban a dos de ellos), por lo que tuvo que evitar todos los controles soviéticos. Ocultándose en los márgenes de una carretera, en arbustos y bosques, consiguió llegar al pueblo de Koknese, donde unos agricultores le ayudaron dándole ropa civil. Llegó a su hogar Pelēči al anochecer del 7 de octubre de 1944, llamando a las ventanas de su casa.

Oculto durante décadas en un granero y en los bosques

Jānis no se sentía capaz de matar a nadie. Era un cristiano ferviente y rezaba a diario. Se ocultó en una habitación de su casa, y tenía un escondite en el granero, bajo el estiércol, donde se podía ocultar en caso de necesidad. En los momentos de peligro, además, podía refugiarse en el pantano y el bosque que había tras la casa. En estas condiciones llegó el fin de la guerra. Letonia había perdido la cuarta parte de su población, en torno a medio millón de personas. De ellos 195.000 eran judíos, casi el 93% de la población hebrea que tenía el país en 1939. Muchas poblaciones quedaron arrasadas, su industria destruida y -para colmo- había quedado bajo el dominio de la URSS de Stalin.

Una noche, en 1949, estando oculto en el bosque, Jānis se despertó y vio ante él un lobo. Él aún era joven y consiguió ahuyentarlo. Cuando estaba a la intemperie se protegía del frío con un abrigo de piel de oveja. Pensaba que sus oraciones diarias le mantenían a salvo. Cuando su familia construyó una nueva casa en la década de 1950, la vieja casa quedó abandonada y Pīnups se refugió en ella, sin luz eléctrica. Fue muy cauteloso y sólo salía cuando ningún vecino podía verle. Por las noches intentaba ayudar a sus tres hermanos -Staņislavs, Edvards y Veronika-, recolectando setas y bayas en el bosque, en el que además construyó varios refugios en los que poder ocultarse en caso de necesidad. Staņislavs y Veronika no formaron sus propias familias para poder cuidar a su hermano Jānis. Los hermanos Pīnups eran altos, fornidos y rubios, y Veronika era una mujer bella. Muchos vecinos pensaban que no quería casarse por orgullo, porque no encontraba un hombre lo bastante bueno para ella. Sin embargo, la verdad es que no podía dejar a su hermano solo. Temía que si se casaba y entraba un extraño en la casa, Jānis fuese denunciado.

Varias veces Jānis estuvo a punto de ser descubierto por las autoridades comunistas. En una ocasión la Policía llegó al granero y disparó una ametralladora, pensando que podía haber alguien oculto allí. En 1965 su hermana le compró una radio que funcionaba con baterías. A Jānis le interesaba mucho todo lo que ocurría en el país, y escuchaba tanto las noticias de Letonia como las de Rusia (aprendió ruso oyendo la radio). Un día, en torno a 1970, llegó al centro de la parroquia en la que vivía y se encontró con un hombre en una parada de autobús. El hombre se dirigió a él: “te conozco, sólo que el nombre se me ha olvidado”. Pīnups creía que después de tanto tiempo nadie le reconocería, y ese incidente le hizo ser aún más cauteloso. A finales de los años 80 se vio obligado a ir a Preiļi a visitar un médico, utilizando un nombre falso -Staņislavs Kurmis-, a causa de una enfermedad. Hay que tener en cuenta que Pīnups no tenía documentación de ciudadano de la URSS. Cuando murieron sus hermanos varones, no le quedó más familia que su hermana Veronika. Jānis ya ni siquiera podía ayudarla a cortar leña, pues en una ocasión sus vecinos le habían preguntado a Veronika quién era el hombre que la visitaba de vez en cuando, y temió ser descubierto. Sólo Veronika y unos pocos vecinos de confianza conocían la existencia de Jānis, pero todos guardaron el secreto. Cuando les preguntaban decían que Jānis había muerto en la guerra.


Veronika Pīnups (a la derecha, tras la cruz) en el entierro de su hermano Edvards (Foto: Latvija20Gadsimts.lv)

El último ‘Hermano del Bosque’ 50 años después del fin de la guerra

Jānis tenía la convicción de que los comunistas desaparecerían de Letonia. No creía en el poder soviético y estaba convencido de que Letonia volvería a ser libre. Y así fue. Con la caída del comunismo, Letonia declaró su independencia el 4 de mayo de 1990. La URSS desplegó fuerzas militares, policiales y del KGB en Letonia. En enero de 1991 miles de letones se lanzaron a las calles y formaron barricadas, registrándose enfrentamientos con la Policía soviética. Tras el golpe de Estado de Moscú en agosto de 1991, la Unión Soviética reconoció la independencia letona el 6 de septiembre de 1991. Pero ni siquiera así Pīnups quiso exponerse, pues aún había tropas soviéticas en el país. No obstante, sus últimos años de encierro fueron más relajados, pues a veces iba a la iglesia y se acercaba a otros pueblos. A fin de cuentas, se había convertido en un extraño incluso para sí mismo. Los últimos militares rusos abandonaron Letonia en agosto de 1994, y Pīnups sólo se atrevió a salir a la luz nueve meses después, ya con 70 años de edad. Era el último “Hermano del Bosque” de las repúblicas bálticas.


Jānis Pīnups (en el centro) estrechando la mano de un policía letón tras legalizar su situación en 1995 (Foto: Latvija20Gadsimts.lv)

El 9 de mayo de 1995, 50 años y 2 días después de la rendición alemana en la Segunda Guerra Mundial, Jānis Pīnups entró en la estación de Policía de Pelēči para informar a los agentes de que había permanecido oculto durante medio siglo. Se le concedió la ciudadanía lituana y se fue a vivir con su hermana Veronika, pues ya no le quedaba más familia. Inicialmente se le dijo que no tenía derecho a una pensión, pero más adelante se reconocieron sus servicios a la nación letona. Nunca se consideró un héroe, y siempre atribuyó a Dios el hecho de haber sobrevivido oculto durante tantos años: “ahora todos los domingos voy a la iglesia”, declaraba en sus últimos años de vida. Veronika murió en 2004, y Jānis se quedó solo en su hogar. Falleció el 15 de junio de 2007, con 82 años. La vieja casa que le sirvió de refugio y el escondite del granero fueron demolidos. Su abrigo de piel de oveja se conserva hoy en el Museo Histórico Regional de Arendole. La casa de su familia pertenece hoy en día a la familia de un nieto de Edvards, hermano de Jānis. En 2015 el dramaturgo australiano de origen letón Janis Balodis escribió una obra de teatro titulada “Miškinis” (Hombre del Bosque), inspirada en Jānis Pīnups y que habla sobre un hombre oculto durante 50 años, sin documentos, en la Unión Soviética.

Bibliografía

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Comentarios:

  1. asertus

    El que resiste, gana.

    Como resistió Jānis deberemos aguantar los demás en los tiempos que nos esperan.

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