Sigue fiel a la vieja consigna estratégica del leninismo: "cuanto peor, mejor"

El sucio motivo por el que la ultraizquierda odia el turismo y quiere arruinar ese sector

La ultraizquierda viene desarrollando, desde hace tiempo, una serie de ataques contra el turismo, que la semana pasada en Barcelona se plasmó en un ataque terrorista contra un bus urbano.

La inconfesable tesis que se esconde tras los desmanes económicos de alcaldías podemitas
Colosal ridículo La Sexta al atribuir “más de 2.400 millones” de niños pobres a España

La larga campaña de la ultraizquierda contra el turismo

Esas manifestaciones de fanatismo no son exclusivas de Cataluña. En Galicia grupos marginales de la ultraizquierda separatista hicieron hace unos años pintadas con el lema “el turismo es colonialismo”, mereciendo el más amplio rechazo de la sociedad gallega. En la ciudad de Madrid, el gobierno podemita de Carmena está empeñado en que no se construyan más hoteles, como si el aumento de la oferta turística -que beneficia a todos porque responde a una creciente demanda- fastidiase a los que precisamente se benefician de las tasas municipales que esos negocios generan. El caso más extremo ocurrió en el País Vasco hace décadas: ETA llegó a perpetrar cuatro asesinatos para intentar impedir la construcción de una autovía.

¿Turistas no, inmigración masiva sí?

Dentro de los absurdos argumentos que maneja la ultraizquierda para denostar el turismo, el más insostenible de todos es ese que afirma que el turismo deteriora las ciudades y los barrios (los de la CUP incluso hablan de “barriocidio”). Se da la paradoja de que esas mismas formaciones defienden la entrada indiscriminada de inmigrantes en nuestro país y la barra libre para los manteros, es decir, para personas que se dedican a la venta de artículos (en muchos casos falsificados o pirateados) sin pagar IVA ni cotizaciones sociales como hacen todos los comerciantes. Hasta ahora, lo que ha demostrado la experiencia en el resto de Europa es que la inmigración masiva y descontrolada está creando enormes zonas que se convierten en distritos sin más ley que la Sharia islámica. Desconozco qué idea tiene la ultraizquierda de lo que es un barrio idílico, pero no tengo miedo a equivocarme si digo que son mucho mejores los barrios donde una mujer puede pasear con libertad y sin ser obligada a ponerse el velo islámico.

Quieren que vivamos encarcelados en nuestras localidades de residencia

Los separatistas catalanes de ultraizquierda también alegan que lo suyo no es “turismofobia”, sino “lucha de clases”. Ciertamente, esta gente vive instalada en un periodo de la historia en el que no existía la clase media. Hoy en día el turismo no es un privilegio exclusivo para los más adinerados. Millones de españoles, incluso con ingresos modestos, se desplazan todos los años fueran de sus ciudades de residencia para disfrutar de unos días de descanso aunque sólo sea yendo al pueblo de sus padres o sus abuelos. Eso también es turismo. Dicho sea de otro modo: rechazar el turismo es pretenden suprimir la libertad de circulación, y querer obligarnos a todos a permanecer encerrados en nuestras localidades de residencia como si fuesen cárceles. Esta pretensión encaja mucho con la trayectoria política del comunismo, que ha llegado a convertir países enteros en enormes prisiones (algunas de las cuales, como Cuba o Corea del Norte, aún existen).

“Cuanto peor, mejor”: el motivo de su alergia a la prosperidad

Detrás de ese irracional odio a la libertad hay algo muy planificado. El turismo genera riqueza y prosperidad, pero la ultraizquierda odia la prosperidad por un motivo estratégico. En una sociedad próspera, los charlatanes populistas están condenados al más absoluto fracaso. Esos charlatanes viven de la desesperación ajena y de prometer paraísos en la tierra a quienes lo están pasando mal. Para conseguir adeptos, los comunistas tienen que convencer a la gente de que estamos a un paso del apocalipsis, de que los niños españoles se mueren de hambre y cosas por el estilo, y de que todo cambiará si ellos llegan al poder y le quitan el dinero a los ricos para dárselo a los demás. No es más que una reedición de la vieja consigna leninista de “cuanto peor, mejor”. Hace tiempo en una manifestación de ultraizquierda vi como repartían panfletos en los que se decía que el pueblo pasa hambre, como si en vez de Vigo estuviésemos en Somalia. Otro ejemplo de ese discurso mentiroso y catastrofista lo vi el año pasado, cuando La Sexta afirmó que en España hay “2.400 millones” de niños pobres. Lejos de percatarse de lo exagerado de la cifra (España tiene 46 millones de habitantes), en Twitter un progre me contestó que pocos le parecían, como si pensase que en realidad hay más.

Quieren arruinar a la sociedad para así tener más adeptos

En esta misma línea, desde sectores de ultraizquierda se está abogando por el llamado “decrecimiento”, afirmando que el crecimiento es “anti-económico y destructivo”. Los hechos dicen todo lo contrario: gracias a la extensión del libre mercado, el número de pobres en el mundo se ha reducido en 1.000 millones desde 1990. Si entonces el 35% de la población mundial vivía en la pobreza, actualmente está en esa situación el 10,7%. Por el contrario, el comunismo ha demostrado ser la mejor vía para arruinar a naciones enteras, incluso a aquellas que tienen abundantes recursos petrolíferos, como es el caso de Venezuela. Hasta la dictadura comunista china ha optado por abrir sus puertas al capitalismo, viviendo un auge económico espectacular. Así pues, cuando arremete contra el turismo, la ultraizquierda no está luchando contra ninguna clase social, sino buscando la ruina de todos, pues los beneficios que aporta el turismo se hacen notar no sólo en la hostelería o el ocio, sino también en otros muchos sectores económicos. Lo que quieren los nuevos columnistas es crear una sociedad pobre para que así tener más gente que les haga caso: anteponen su beneficio político al bien común. Como ha hecho siempre esa ideología totalitaria allí donde se ha impuesto, todo sea dicho.

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Comentarios (Blog):

  1. Sharovarov

    Más familiar -hablo de la imagen-, les resultará a los turistas extranjeros la frase inferior que la superior, me imagino.

  2. Luna

    Me has abierto los ojos, Elentir. Yo buscaba las causas desde hace tiempo y no encontraba estas (que son reales) al atribuirlo todo a la circunscripción de Barcelona, en donde el que corta el bacalao del negocio hotelero se apellida tan Trías como el antiguo alcalde de la ciudad. Pensaba que los tiros sólo iban por ahí, luego vinieron las agresiones, pintadas, pegatinas… Vi que no iban sólo contra los hoteles, sino contra todo el negocio del turismo y pensé que sería populismo simple. Pero aquí tenemos el concepto bien desarrollado.

    Llama la atención que estos rojos son los que van por la vida diciendo que “el nacionalismo se cura viajando”, que hacen peregrinaciones a Edimburgo, Nepal, Thailandia u otros paraísos nebuajes para “encontrarse a sí mismos”. Luego vuelven un poco más violentos, completamente descentrados y obsesos con sus ideas más que extrañas. Pero no, no hacen turismo…

  3. pacococo

    Aparte de la falta de inteligencia propia de estos tipos y de intentar que la sociedad sea de parias, con el loable fin de mandar ellos, debemos considerar otra posibilidad y que estos cobren por hacer lo que hacen.

    Ahora estaría por ver que fin persiguen los que ponen el dinero. Pero sin duda un fin muy rentable, dada la inversión que están haciendo.

  4. ER KUNFÚ DE TRIANA

    ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta que la Izquierda … TODA y en GENERAL … es lo “anti-todo”? …

  5. Diego Gonzalez

    Hay otro aspecto más en esto, Elentir: sé trata también de hurtarle a la población local la posibilidad de conocer cosas nuevas y distintas de las que ya conocen, ya que lo que no sé ve, no sé puede desear. Hay que pensar que esta gente actúa siempre como los dementores de las novelas de J.K. Rowling: destruyendo la ilusión. Por eso de sus manos sólo pueden salir cárceles como Azkaban.

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