Recrean el 4º Regimiento del Real Cuerpo de Artillería de a Pie en La Coruña

Así se disparaba un cañón de avancarga de la Artillería española de comienzos del siglo XIX

El 5 y 6 de agosto se celebró en La Coruña una nueva edición del certamen de recreación histórica “Ariete – Museo Abierto”. Como cada año, este evento se inició con disparos de artillería.

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Esta recreación artillera, que tuvo lugar en el Museo Histórico Militar de La Coruña, corrió a cargo de la entidad organizadora de Ariete, la Asociación Histórico-Cultural “The Royal Green Jackets”, creada el día 17 de enero de 1998 y cuya primera presentación tuvo lugar, precisamente, para recrear al 4º Regimiento del Real Cuerpo de Artillería de a Pie de comienzos del siglo XIX (1805-1914), con guarnición en La Coruña, aunque disponía de dos compañías en Vigo y Gijón. Como era habitual en los Regimientos de Artillería de la época, esta unidad tenía una bandera coronela cuadrada de color azul, con el aspa de Borgoña roja y escudos de España en sus esquinas.

Como recuerda la web de “The Royal Green Jackets”, el 4º Regimiento luchó en la defensa de Ferrol en 1804, en la Batalla de Trafalgar de 1805 y en la campaña encabezada por el Marqués de la Romana en Dinamarca en 1806. Ya en la Guerra de la Independencia tuvo una labor incesante, tomando parte en las batallas de Medina de Rioseco, Espinosa de los Monteros y Quintanilla (1808); la defensa de Ferrol, la reconquista de Villafranca del Bierzo, la liberación de Santiago de Compostela, las batallas de Puentesampayo, Talavera de la Reina, Ocaña y Tamames (1809); la acción de Tineo, la defensa de Badajoz y Astorga y la liberación de Puebla de Sanabria (1810); la defensa de Olivenza y la Batalla de Albuera (1811); el sitio de Badajoz y la defensa de Ciudad Rodrigo (1812); la Batalla de San Marcial y las defensas de Arcáin y San Juan de Luz (1813); y la liberación de Santoña y la Batalla de Toulousse (1814); y la insurrección de Porlier.

La asociación tiene dos piezas artilleras de 4 libras que son una fiel reproducción de las usadas en aquella época. En cuanto a uniformidad, siguen las indicaciones del Estado Militar de España de 1808 para los artilleros: casaca, chaleco y calzón azul turquí; correajes blancos; polainas negras; vueltas, cuello y forro de color vivo encarnado; dobles carteras verticales en los faldones y la vuelta abierta y con portezuela azul. Como prenda de cabeza, un bicornio negro, con la escarapela y el penacho rojos, el color que durante siglos representó a España en los campos de batalla. A cada lado del cuello lucen una granada llameante, que era por aquel entonces el emblema de la Real Artillería española. Los artilleros iban armados con mosquete largo, bayoneta y sable corto.

Y sin más precedentes, vamos al vídeo del cañonazo:

En el vídeo escuchamos a Manuel Arenas, presidente de “The Royal Green Jackets”, explicando el proceso de carga del arma, su disparo y la posterior limpieza del ánima. Básicamente, los pasos eran los siguientes:

1. Se introduce en el cañón un saquete de pólvora, que servirá para disparar el proyectil. En este caso, al ser un disparo de fogueo, los artilleros sólo introducen el cartucho de pólvora.

2. El artillero empuja el saquete de pólvora al fondo del ánima usando un atacador, instrumento que también servía para empujar las balas hasta el fondo del cañón. Como vemos en la foto, en este caso el atacador va equipado en su otro extremo con un cepillo, cuya función veremos más abajo.

3. El artillero auxiliar, usando un punzón, pica el saquete de pólvora a través del oído del cañón (un orificio situado sobre la pieza, a la altura del fondo del ánima). A continuación, introduce una mecha por el oído, que será la que prenda el saquete de pólvora.

4. Una vez la pieza está lista para disparar, el artillero da orden de fuego, que el artillero auxiliar ejecuta con el llamado botafuego, un chifle de madera que tiene una mecha encendida. Con el extremo de esta mecha se prende la mecha que se ha introducido previamente en el oído del cañón.

5. Al producirse la ignición de la pólvora, el cañón abre fuego, expulsando la bala (en este caso recordemos que no había, al ser un disparo de fogueo) y también haciendo volar los restos del saquete de pólvora.

6. Tras el disparo, el artillero introduce en el ánima un rascador, una vara de madera en cuyo extremo hay una espiral metálica que sirve para recuperar los restos del saquete de pólvora que han quedado en el fondo del cañón.

7. Finalmente, el artillero limpia el ánima con un cepillo (recordemos que estaba en el otro extremo de la vara de madera del atacador). De esta forma, se apagan los restos de pólvora incandescente que pudiesen haber quedado en el ánima, y que podrían detonar el saquete de pólvora cuando sea introducido en el cañón para el siguiente disparo. A veces también se introducía en el cañón una esponja levemente mojada para apagar estos rescoldos (por eso solía haber un cubo de agua colgado de la cureña, bajo el cañón).

Y esto es todo. Os dejo aquí con la serie de fotos de esta recreación que he colgado en mi cuenta de Flickr:

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