"Debemos recordar que el futuro de la humanidad pasa a través de la familia"

20 años con Santa Teresa de Calcuta en el cielo: lo que dijo de los ancianos olvidados

Tal día como hoy, hace 20 años, partía hacia la Casa del Padre Agnes Gonxha Bojaxhiu tras una vida dedicada a la caridad. Es venerada hoy por la Iglesia Católica como Santa Teresa de Calcuta.

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Se puede decir, sin duda, que la Madre Teresa -como se la conocía en vida- siempre fijó sus ojos en los olvidados por la sociedad. El año pasado, con motivo de su canonización, cité aquí sus palabras sobre los hijos abortados, víctimas de una dramática decadencia espiritual que está dando lugar a un auténtico genocidio silencioso. También dedicó sus energías a ayudar a los más pobres entre los pobres, a cuidar a enfermos -en especial a los leprosos- y a consolar a moribundos. Pero hay unos olvidados de los que me gustaría hablar hoy: los ancianos.

La sociedad occidental está cada vez más envejecida. Cada vez hay más ancianos y menos niños. Se cierne sobre nosotros un futuro de soledad. Ya en la actualidad, en regiones como la mía -Galicia- hay muchos ancianos que viven solos. De vez en cuando descubren a alguno que llevaba tiempo muerto en su hogar, sin que nadie se diese cuenta. Otros son literalmente abandonados en residencias de ancianos. El 3 de febrero de 1994 la Madre Teresa se acordó de ellos en su discurso en el desayuno de Oración Nacional en Washington DC, Estados Unidos (puedes leerlo entero aquí). Me gustaría destacar especialmente estos párrafos:

“Cuando Jesús moría en la cruz, dijo “Tengo sed”. Jesús está sediento por su amor, esta es la sed de todos, pobres y ricos. Todos estamos sedientos por el amor de otros, ver que alguien vaya fuera de su camino no solo para dejarnos de hacer un daño sino al contrario para hacernos un bien. Este es el significado del verdadero amor, dar hasta que duela.

Nunca se me olvidará la experiencia que tuve al visitar una institución donde los hijos envían a sus Padres ya de la tercera edad para olvidarse de ellos. Vi que en este hogar, esta gente de tercera edad lo tenía todo, buena comida, un lugar cómodo, televisión, lo tienen todo, sin embargo todos tenían sus miradas puestas en las puertas de entrada. Y no vi a ninguno con una sonrisa en sus rostros. Yo le pregunté a la Hermana: “¿Por qué ellos, que tienen todas las comodidades aquí, por qué miran hacia las puertas? ¿Por qué no sonríen?”

Yo estoy tan acostumbrada a ver sonrisas en los rostros de la gente, inclusive hasta los moribundos…

Y la Hermana dijo: “Así es aquí todos los días. Ellos siguen esperando, y deseando que un hijo o una hija los vengan a visitar. Ellos están dolidos porque han sido olvidados.” La falta de amor trae pobreza espiritual. Tal vez en nuestras propias familias tenemos a alguien que se sienta solo, enfermo, preocupado. ¿Estamos con ellos? ¿Los acompañamos o los ponemos al cuidado de otros? ¿Estamos dispuestos a dar hasta que duela para estar con nuestras familias, o ponemos nuestros propios intereses primero? Estas son las preguntas que nos debemos hacer, especialmente al comienzo del año de la familia. Debemos recordar que el amor comienza en casa y debemos recordar que el futuro de la humanidad pasa a través de la familia.”

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