La Batería B-9 de Monticaño: una joya de la artillería de costa en las Rías Altas gallegas

El pasado verano aproveché una visita a La Coruña para acercarme a una de las baterías de artillería de costa de Galicia que aún no había tenido la ocasión de visitar: la B-9 de Monticaño.

En el interior de la Batería del Monte de San Pedro, en La Coruña
FlaK-18 en la Batería B-8 del Monte San Pedro

Situada en el municipio coruñés de Arteijo (Arteixo, en gallego) y proyectada en 1926, la batería fue artillada en 1930 con 4 cañones Vickers de 152,4/50 mm, como los que aún se pueden ver en la Batería J-4 de Cabo Silleiro, en Bayona (Pontevedra). Su función era proporcionar una cobertura secundaria a la defensa del Golfo Ártabro, cubierta principalmente por los dos enormes cañones Vickers de 381 mm de la Batería B-8 del Monte San Pedro, en La Coruña.

Las piezas de artillería de la B-9 de Monticaño fueron fabricadas por la Sociedad Española de Construcción Naval en Reinosa, Cantabria, en 1928. Se le asignaron concretamente las piezas 25, 26, 27 y 28, según apunta la página Baterias de Costa y Anti-Aéreas de Cartagena. Para la puntería disponía de un telémetro de 12 pues adosado a una alza directora Vickers, incrinómetro y anteojo estereoscópico, todo ello situado en un fortín en lo alto de la batería. En lo alto del fortín e construyó, además, un pozo para una pieza de artillería antiaérea de 20 mm. La batería fue desartillada durante la Guerra Civil, pasando sus piezas en 1937 al crucero auxiliar “Mar Cantábrico” y en 1938 al crucero ligero “Navarra”. Al acabar la guerra, los cañones Vickers volvieron a Monticaño, permaneciendo intactos allí hasta su taponamiento en 1985 según apuntaba La Opinión de A Coruña el pasado mes de mayo. Por entonces la batería dependía del Regimiento de Artillería Mixto nº2 (RAMIX 2), con sede en Ferrol.

En 1990 el Ejército dio orden de desartillar todas las piezas, siendo retirados los cañones Vickers de Monticaño por los propios artilleros que aún permanecían en esta batería. Como apunta Manuel Calavera en su magnífico blog (es un sitio de referencia para informarse sobre las baterías de Galicia), el 6 de octubre de 1998 el Ministerio de Defensa firmó un convenio por el que cedió las instalaciones al Ayuntamiento de Arteijo, incluyendo dos piezas de artillería antiaérea muy similares y que fueron instaladas en la batería en la década de 1950: uno de los FlaK-18 originalmente entregados por Alemania a España durante la Guerra Civil Española (en la foto de abajo, a la derecha), y un ejemplar de su versión española, el Trubia FT-44 (de este modelo es el que se conserva en la Batería B-8 del Monte San Pedro). Lamentablemente, estas piezas están muy abandonadas. El Ayuntamiento pidió a Defensa su retirada en 2015 debido a su mal estado. Estaba previsto que las trasladasen en 2016, pero el día que hice estas fotos (6 de agosto de 2017) aún permanecían allí.

El convenio de cesión permitía al Ayuntamiento instalar un parque recreativo en la batería, pero sin destruir el armamento ni hacer intervención alguna en él, ya que todo el armamento sigue siendo propiedad de Defensa. Hay que señalar que, curiosamente, la zona de seguridad de la batería aún fue cancelada por Defensa el 20 de enero de 2006.

A día de hoy la situación de la batería es de cierto abandono. Aún se conserva en ella una galería de tiro que todavía usa la Guardia Civil para hacer prácticas, en la zona baja de la batería. En la carretera de acceso hay un pequeño monolito con una granada, antiguo emblema de la artillería española.

Llegando a la batería podemos ver una garita con forma de proyectil.

Lo más destacable de la batería es su búnker de telemetría, que exteriormente se conserva en buen estado.

En su interior aún existe un telémetro, lamentablemente con signos de vandalismo.

En lo alto del búnker de telemetría podemos ver el pozo, hoy desartillado, en el que se situaba originalmente la pieza antes citada de artillería antiaérea de 20 mm.

En la parte posterior del búnker de telemetría hay un acceso que ha sido cerrado. Una vez más, hay visibles muestras de vandalismo…

En el interior de este acceso hay unas escaleras que suben al búnker de telemetría.

Ante el búnker de telemetría aún existe la trinchera que da acceso a las cámaras subterráneas en las que se encontraban los ascensores con los que se subían las cargas para los cañones.

Hoy estas cámaras están vacías y han sido selladas, para evitar que el vandalismo siga haciendo estragos en ellas.

En uno de los pozos, el situado al oeste, aún hay un cañón Vickers, la pieza número 70, fabricada en Reinosa en 1943.

Como podéis ver, la pieza tiene bastante herrumbre y ha sido dañada por los vándalos, aunque aún conserva la mayoría de sus piezas, aunque aún conserva buena parte de su pintura (gris naval).

Hay, además, partes de varios Vickers junto a otro de los pozos (éste desartillado y situado en el lado este).

Las piezas antiaéreas FlaK y Trubia se encuentran situadas cerca del Vickers, enfrentadas entre sí. Curiosamente, al FlaK-18 alemán (a la izquierda) aún se le eleva el cañón.

Como en el caso del Vickers nº70, los tubos de estas piezas antiaéreas no han sido tapados.

Es lamentable ver que esta batería, que tenía visos de ser un ejemplo de restauración y aprovechamiento como zona recreativa, ha acabado degenerando por culpa del maldito vandalismo, pero también por la nula vigilancia de las instalaciones.

Si estas imágenes os han sabido a poco, podéis ver aquí una serie de 65 fotos de la batería que he subido a mi cuenta de Flickr:

Y por si os animáis a acercaros hasta allí, bajo estas líneas podéis ver su localización en Google Maps.

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Comentarios (Blog):

  1. pacococo

    Son piezas con historia. podría quedar un bonito parque para el disfrute de todos.

    En fin…

  2. Jose

    Los que hemos tenido el honor de ser jefes de pieza, así se llamaba a los cañones y disparar con increible precisión a un blanco situado en altamar a unos 12 kilómetros y vivido allí momento inolvidables tenemos grandes recuerdos de Monticaño.

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