Unos jóvenes suben a un monte de madrugada, sin cadenas y en plena nevada

El Estado del Bienestar y la bola de nieve de la irresponsabilidad: el ejemplo del Angliru

El temporal de nieve que ha afectado a España estos últimos días dejó en Asturias una anécdota que debería hacernos reflexionar a todos sobre el papel del Estado y nuestra responsabilidad personal.

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Suben al monte de madrugada, sin cadenas, nevando y sin abrigos

Ayer el periódico asturiano La Nueva España daba una noticia con este título: “Ya somos mayorinos”: la respuesta del 112 a los atrapados en playeros en la nieve del Angliru. A pesar de los avisos de temporal de nieve, siete jóvenes subieron al Angliru en plena madrugada del sábado al domingo, en un todoterreno sin cadenas y cuando ya nevaba (ellos han señalado que ya había cuatro dedos de nieve en la carretera). Hay que decir que ese monte asturiano no es un puerto de montaña: subes y bajas por la misma carretera, que tiene pendientes muy pronunciadas, de hasta el 23,5% en la zona de la La Cueña de les Cabres, donde precisamente se quedaron atrapados los jóvenes, según el diario El Comercio. Para colmo, los jóvenes no llevaban ni calzado ni ropa adecuada para la nieve, y uno de ellos iba en camisa, según reconocieron ellos en una tensa llamada que ha publicado La Nueva España y de la que hoy se han hecho eco otros medios. Podéis escucharla aquí entera:

La exigencia de los jóvenes: “tenéis que sacarnos de aquí”

Algunos medios han criticado el tono del responsable de emergencias, pero a mí me ha parecido de lo más adecuado. Lo que hicieron esos jóvenes fue una temeridad. Subir al Angliru en medio de una nevada y en plena noche es algo que roza el suicidio. Pero lo más sorprendente no es la irresponsabilidad que demostraron esos chicos, sino el tono que emplearon en la llamada. “Sois salvamento, tenéis que sacarnos de aquí”, le dice uno de los jóvenes al responsable de emergencias, y cuando éste le dice que tienen que bajar andando -porque lógicamente no podía subir ningún vehículo a por ellos-, el joven contesta: “llevamos cinco horas aquí esperando a que alguien solucione algo y pega la nieve en la valla. está por la rodilla. Cómo vamos, explícamelo”.

Lo ocurrido en 2012 en la playa coruñesa del Orzán

Al leer lo ocurrido en el Angliru me acordé de lo ocurrido en enero de 2012 en La Coruña. En plena madrugada y con fuerte oleaje -había alerta naranja por temporal, con olas de hasta cinco metros-, un grupo de jóvenes eslovacos con becas Erasmus que celebraba el final de los exámenes bajaron a la playa del Orzán. A uno de ellos se lo tragó el mar. Dos policías nacionales estaban en la zona de paisano, y acababan de ayudar a un militar francés que también se estaba bañando en pleno temporal. El mar se llevó a los dos policías que acudieron a ayudar al joven, y a otro agente más que acudió a auxiliarles. El primero de los cadáveres fue devuelvo por el mar pasadas unas horas. Los cuerpos de los otros dos agentes fueron devueltos por las olas al cabo de unos días, y un mes después aparecía el cuerpo del joven eslovaco, según relataba La Voz de Galicia. Aquellos tres agentes son recordados hoy en día en Galicia como los Héroes del Orzán.

El abuso de las urgencias hospitalarias

No son nada infrecuentes las noticias de personas fallecidas que transitaban cerca de la costa en pleno temporal y acabaron arrastradas por el mar. A pesar de ello, mucha gente lo sigue haciendo. Cuando ocurre una desgracia, no pocos echan la culpa a la tardanza de los servicios de emergencia. El llamado Estado del Bienestar nos ha acostumbrado a la idea de que si pagamos muchos impuestos es para que el Estado cuide de nosotros en cualquier situación. Es un círculo vicioso que también observan en las urgencias de los hospitales, a los que acude mucha gente por los motivos más nimios, cuando no para conseguir los medicamentos gratis. Hace unos días un médico andaluz se quejaba de estos abusos, que están deteriorando el sistema sanitario al malgastar sus recursos. La respuesta del Foro Español de Pacientes a esa queja ha sido pedir que se contrate a más personal. Por supuesto, contratar a más personal implica más gasto público y, por tanto, más impuestos para los contribuyentes, y la respuesta de muchos será acentuar todavía más la idea de que como se pagan muchos impuestos, pues entonces uno puede ir a urgencias incluso para pedir una aspirina. Así va engordando la bola de nieve de la irresponsabilidad.

Necesitamos un cambio de mentalidad

Podemos felicitarnos de tener servicios de emergencias preparados para cualquier eventualidad. Son necesarios y sería un error prescindir de ellos, pero hay que romper ese círculo vicioso de una vez. No es una tarea fácil, pues implica un cambio de mentalidad en lo que respecta a nuestra dependencia del Estado, pero ese cambio tendrá que llegar sí o sí tarde o temprano, porque no se puede seguir engordando indefinidamente a las administraciones públicas, no sólo por razones económicas, sino también éticas. No se puede imponer al contribuyente un aumento incesante de la presión fiscal, porque cuanto más dinero retiene el Estado, más se deteriora la economía. Ese dinero es necesario en los bolsillos de los particulares, fomentando el ahorro -y con ello las inversiones y la creación de empleo- y el consumo de bienes. Además, en el plano ético, ceder cada vez más libertad a Estado a cambio de seguridad es una forma de generar irresponsabilidad. Y es que quien cede su libertad está renunciando también a responder de sus actos. Eso explica situaciones como la del Angliru. Debemos volver a la racionalidad, en dos sentidos: racionalizar el volumen del Estado y asumir que Papá Estado no puede estar cuidando todo el día de nosotros. Como digo, eso implica un cambio de mentalidad que será más drástico cuanto más tiempo esperemos, porque esa bola de nieve no deja de engordar.

+ ACTUALIZADO 22:36h: Los jóvenes atrapados en el Angliru no tienen bastante con su acto de irresponsabilidad del pasado fin de semana: “Vamos a volver a hacerlo, a repetir la hazaña. Mejor equipados. Pero ahí y, si los hay, en sitios peores”, dicen. Si vuelven a quedar atrapados en una nevada y algún miembro de un servicio de emergencia acaba herido o muerto intentando rescatarles, espero que les lleven a juicio por su comportamiento temerario. Ya está bien de que algunos niñatos se crean que pueden hacer lo que les da la gana creyendo que otros van a acudir a sacarles de cualquier problema.

(Foto: Europa Press)

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  1. pacococo

    Estos abusos se quitan con dinero. Se rescata a los jóvenes de la montaña y se les pasa la factura y si no pagan, pues el juez los condena a trabajos comunitarios hasta que se ganan el importe mas los gastos del proceso, claro.

    Lo de los hospitales es más complicado, porque ¿como demuestras que las molestias no eran de urgencia?

    Todo eso convenientemente publicitado y con la advertencia que cada uno es responsable de su seguridad. Y al cabo de unos años y si no intervienen los demagogos que sabemos, la gente se volverá responsable.

    Sin embargo, ante la actuación de un chorizo, debes esperar que te auxilien, no se te permite la defensa propia.

  2. Lorenzo

    Tienes toda la razón. Esta dependencia de “Papá Estado” ha creado una sociedad de sujetos irresponsables de comportamiento adolescente: todos los derechos, pero ninguna obligación.

  3. Luis Olando

    Es sobrecogedor ver como se van cumpliendo las predicciones que hizo Alexis de Tocqueville (1805-1859) sobre el poder del Estado y su absoluto control de la vida de los ciudadanos.
    Este parrafo de Democracia en América es profético:

    “veo una multitud innumerable de hombres iguales y semejantes, que giran sin cesar sobre sí mismos para procurarse placeres ruines y vulgares, con los que llenan su alma.

    Retirado cada uno aparte, vive como extraño al destino de todos los demás, y sus hijos Y sus amigos particulares forman para él toda la especie humana: se halla al lado de sus conciudadanos, pero no los ve; los toca y no los siente; no existe sino en sí mismo y para él sólo, y si bien le queda una familia, puede decirse que no tiene patria.

    Sobre éstos se eleva un poder inmenso y tutelar que se encarga sólo de asegurar sus goces y vigilar su suerte. Absoluto, minucioso, regular, advertido y benigno, se asemejaría al poder paterno, si como él tuviese por objeto preparar a los hombres para la edad viril; pero, al contrario, no trata sino de fijarlos irrevocablemente en la infancia y quiere que los ciudadanos gocen, con tal de que no piensen sino en gozar. Trabaja en su felicidad, mas pretende ser el único agente y el único árbitro de ella; provee a su seguridad y a sus necesidades, facilita sus placeres, conduce sus principales negocios, dirige su industria, arregla sus sucesiones, divide sus herencias y se lamenta de no poder evitarles el trabajo de pensar y la pena de vivir.”

    Una sociedad compuesta en su totalidad de niños irresponsables no tiene otro futuro que la desaparición o la tiranía.

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