El ejemplo de lo ocurrido en el Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial

El repulsivo mensaje que lanza una Nación si demuestra debilidad ante los totalitarios

Mi teléfono móvil es como un pequeño cajón de sastre. Lo mismo te puedes encontrar imágenes del Levantamiento de Varsovia de 1944 que fragmentos de “Peter Pan” y citas de Cicerón y Tolkien.

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Tres hombres solos contra todo un ejército

Hace ya semanas que tengo en el móvil un fragmento del poema “Horacio y el Puente” del libro “Cantos de la Antigua Roma” de Lord Macaulay, que cuenta la heroica defensa del Puente Sublicio, sobre el río Tíber, por parte del héroe romano Horacio Cocles frente a los etruscos. Éstos avanzaban contra Roma y la ciudad no tenía más esperanza de salvación que derribar ese puente antes de que lo cruzasen los invasores. Un hombre, el capitán Horacio Cocles, se ofreció a hacer frente a los etruscos junto a otros dos compañeros, Herminius y Spurius Lartius. Tres hombres dispuestos a morir por su Patria enfrentándose a todo un ejército. El momento más célebre del relato es cuando el capitán, Horacio, se presta a tan desesperada defensa. Existen diversas traducciones al español, pero ésta sería la más literal:

“A todo hombre en esta tierra
tarde o temprano le llega la muerte.
¿Y cómo un hombre puede morir mejor
que afrontando un terrible destino
por las cenizas de sus padres
y los templos de sus dioses?”

¿Qué estamos haciendo con las cenizas de nuestros padres?

Estas últimas semanas he pensado a menudo en este poema, a propósito de las numerosas voces de nuestra sociedad que desprecian la herencia recibida. Y no me refiero a bienes materiales, sino a cosas mucho más valiosas: la fe, el honor, los principios, la integridad, el patriotismo… Una parte de nuestra sociedad ha ido tirando por la borda ese tesoro que nos legaron los siglos, como si no tuviese ningún valor. La misma historia es ignorada, ridiculizada o manipulada para acomodarla a una forma más fácil y cómoda de ver la vida, una que no exige sacrificios ni compromiso, y que a menudo trata a las personas como objetos de los que te puedes desprender cuando ya no hacen falta. Para esa forma de entender la vida no hay nada por lo que valga la pena morir. Ni la familia, ni la Patria, ni la libertad ni el honor. Incluso se descalifica todas esas causas diciendo que son meras palabras, y que por un conjunto de letras no merece asumir riesgo alguno.

“No puede esclavo ser pueblo que sabe morir”

Hay mucha gente que cree que así ha conseguido ser más libre. Hay personas que piensan que el honor, los principios y el compromiso son yugos que no le dejan vivir -digámoslo sin rodeos- haciendo lo que le da a uno la gana, lo más cómodo, lo más fácil. No se dan cuenta de que han caído en la forma más barata y patética de esclavitud. Y es que una sociedad que valora, por encima de todo, su placer y su tranquilidad, en el fondo es una sociedad débil y dispuesta a renunciar a lo que sea para no perder esa comodidad. En su famosa “Oda al dos de mayo”, Bernardo López García escribió dos de los versos que cualquier pueblo que ame sinceramente la libertad debería grabar en su memoria: “no puede esclavo ser pueblo que sabe morir”.

El ejemplo del pueblo británico en la Segunda Guerra Mundial

La historia está llena de ejemplos que ilustran esta sabia afirmación del poeta español. Sin ir más lejos, en el siglo pasado hubo un pueblo, el británico, que pudo haber aceptado la rendición y haber sobrevivido como esclavo de los nazis, pero decidió luchar para preservar su libertad, sabiendo perfectamente que en esa defensa corría el riesgo de encontrar sufrimiento, muerte y destrucción. Yo soy español y hay muchas cosas en los libros de historia que me convierten en crítico de la Gran Bretaña, pero reconozco que me parecen admirables el valor y la entereza demostrada por los británicos en la Segunda Guerra Mundial, porque demostraron que sabían que hay cosas por las que sí vale la pena luchar, incluso a riesgo de tu propia vida.

“El instante más oscuro”

Precisamente sobre ese episodio histórico versa la película que vi anoche: “El instante más oscuro”, que se centra en el personaje de Winston Churchill, Primer Ministro del Reino Unido en los difíciles momentos de la invasión de Francia por los alemanes y la evacuación de Dunkerque. Una película que os recomiendo, no sólo por su notable calidad cinematográfica, sino también por la reflexión que plantea y por cómo la plantea: casualmente me he encontrado en ella el citado fragmento de “Horacio y el Puente”. Churchill es todavía hoy una figura polémica, como ya lo fue en su momento. El motivo de ello se observa en la propia película: muchos políticos de su tiempo creían conveniente apaciguar a los nazis, primero, y ya una vez iniciada la guerra intentar alcanzar la paz cediendo ante ellos. La política de apaciguamiento promovida por Neville Chamberlain permitió, de hecho, que Hitler pudiese anexionar los Sudetes y ocupar el resto de Checoslovaquia en 1938, obteniendo los recursos y el tiempo necesario para armarse y lanzarse, en 1939, a invadir Polonia, desencadenando la Segunda Guerra Mundial y provocando la muerte de millones de personas. Si el Reino Unido hubiese actuado con firmeza cuando otros impusieron el apaciguamiento, seguramente el resultado habría sido muy distinto.

Una Nación a la que ya no le importa la sangre derramada por ella

La historia es una sabia maestra, pero a pesar de la terrible experiencia vivida en aquella contienda, una parte de la humanidad sigue empeñada en olvidar. Lo ocurrido entonces es aplicable a otros hechos posteriores. Como español no puedo olvidar lo ocurrido en mi país: el humillante proceso de negociación iniciado por Zapatero con los terroristas de ETA en 2006, mintiendo a los españoles. Con ello España transmitió a esos criminales totalitarios lo peor que se puede mostrar ante gentuza como ellos: debilidad. A causa de ello, hoy los proetarras tienen más poder político que nunca, y muchas víctimas de ETA se han visto humilladas y traicionadas por aquellos que les habían prometido Justicia y que les habían pedido que depositasen su confianza en el Estado de Derecho. No es casualidad que unos años después el nacionalismo catalán se haya animado a desafiar a España con un golpe separatista. Una Nación que se muestra débil está invitando a sus enemigos a aprovecharse de ella, a convertirla en blanco de chantajes, a cambiar sus leyes por la ley del más fuerte. Y peor aún: está transmitiendo a sus hijos que la sangre derramada por ella, los sacrificios asumidos durante tantos años por ella, ya no le importan, porque está dispuesta a desperdiciarlos para no perder la paz. Una paz vergonzosa, pues no es armonía, sino humillación y claudicación ante los enemigos de España y de la libertad. Ese es el mensaje repulsivo que lanza una Nación cuando se muestra débil en su instante más oscuro. Todos nosotros deberíamos reflexionar seriamente cuál es nuestra responsabilidad ante ello.

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  1. Luis Recinos

    ¡Excelentes refelexiones! Sí, ya se sabe que el “apaciguamiento” munca ha funcionado como política de aquellos que intentan apaciguar, pero sí que ha servido como un gran incentivo para que, aquellos a quienes se intenta apaciguar, sigan adelante con su conducta. En esta columna Ud. se ha referido estrictamente a España y su problemática actual, pero ¿que tal si extendemos el mismo argumento a la Europa contemporánea con relación al Islam? Bueno, de esto también Elentir tiene mucho que decir. ¡Felicitaciones por esta columna!

  2. Arturo

    Hay una diferencia importante en el simil. Alemania no pretendía destruir el Imperio Británico, solo buscaba la supremacía en el continente. Los nacionalistas vascos y catalanes sí que pretenden destruir una nación e, incomprensiblemente, esa nación, España, los financia mediante el cupo vasco o el FLA.

  3. pacococo

    Esta es de las entradas más políticamente incorrectas que has hecho y además muy buena. Por supuesto la tesis es irrebatible, aunque seguro que sale alguno alegando alguna cosa contra ti, porque lo que dices es impecable e inatacable.

    Y como dicen los comentaristas anteriores, esto es aplicable a Europa, curiosamente los pases del Este están dispuestos a defenderse y a España que claudicó al separatismo vasco y ya tienen lo que querían, que por supuesto no es lo que pedían, con lo que la gente es feliz pensando que las vascongadas aún son España y no han claudicado al catalán porque la gente se ha movilizado, pero todo se andará.

    Tal vez artículos como este soea la causa que entre tanta gente en el blog.

  4. Muchas gracias a todos por vuestros comentarios. 😉

    Luis, efectivamente, esto mismo se podría aplicar al Islam, al que algunos intentan apaciguar igual que otros lo hicieron con el nazismo. Y el resultado está siendo, como entonces, un completo despropósito…

    Arturo, si Hitler no se proponía destruir el Imperio británico, desde luego con las V-1 y las V-2 sí que se propuso hacer el máximo daño posible… Hay que tener en cuenta, además, su alianza con Japón, cuyas fuerzas fueron la principal amenaza para el Imperio británico en Asia.

    Pacococo, si a estas alturas alguien no me acusase de algo por cada cosa que escribo, empezaría a alarmarme… 🙂

  5. Saulot

    “Honrarás a tu padre y a tu madre” Defender tu patria es también una forma de cumplir este mandamiento.

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