Los orígenes de la actual presencia de las mujeres en los ejércitos españoles

Un homenaje a nuestras militares: historia heroica de la mujer en las Fuerzas Armadas

Tal día como hoy, el 22 de febrero de 1988, S.M. el Rey Juan Carlos I firmaba el Real Decreto-ley 1/1988 por el que se abría la puerta a la incorporación de la mujer a las Fuerzas Armada españolas.

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Se usan las mismas denominaciones de rangos para los dos sexos

Por entonces en España estaba en vigor el servicio militar obligatorio, que estaba limitado a los varones. Con el citado Real Decreto-ley se dio acceso de la mujer a los Cuerpos y Escalas militares, sin distinción de sexo en las convocatorias de plazas, señalando que en los procesos de selección no podría haber «más diferencias que las derivadas de las distintas condiciones físicas del hombre y de la mujer que, en su caso, puedan considerarse en el cuadro de condiciones exigibles para el ingreso». La norma también señalaba que las mujeres podrían alcanzar todos los empleos militares, sin establecerse en sus denominaciones distinción terminológica alguna con el varón. El Real Decreto-ley daba acceso a la mujer a los tres Ejércitos, al Cuerpo Militar de Intervención de la Defensa y a la Guardia Civil, obteniendo acceso a partir de ese año a las pruebas de selección para el ingreso como guardias civiles de segunda.


Un dibujo que muestra el uniforme que estaba autorizado a llevar Ana María de Soto tras su licenciamiento (Imagen: Cátedra de Estudios Navales / Ejercitos.org)

Ana María de Soto: heroína y primera infante de Marina

Hay que señalar, no obstante, que la presencia de la mujer en la defensa nacional es muy anterior. Son famosos los casos de heroínas como María Pita en la defensa de La Coruña en 1589 contra los ingleses y como Agustina de Aragón, la heroína de los Sitios de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia. Hay, sin embargo, casos menos conocidos. Digna de mención es la cordobesa Ana María de Soto, que fue la primera mujer que se alistó en los Batallones de Marina (nombre que recibió entonces la Infantería de Marina) en 1793, con 16 años de edad. Se hizo pasar por un varón, haciéndose llamar Antonio María de Soto y embarcando en la fragata Mercedes en 1794. Participó en diversas acciones, pero fue obligada a desembarcar y licenciada en 1798 al descubrirse su sexo durante un examen médico a causa de unas fiebres muy altas. Aunque su caso fue remitido a Palacio para que se la castigase por lo que se estimó como una conducta inapropiada para una mujer, su valentía la hizo objeto de un reconocimiento por parte del Rey Carlos IV: mediante un Real Decreto y para que pudiese cuidar a sus padres, el monarca le concedió una pensión vitalicia de dos reales de vellón diarios y el grado de sargento, permitiéndole lucir los colores de la Marina y las divisas de su rango.

Las heroicas cantineras del Ejército español

Aunque no tenían la condición de militares, un repaso a la historia de la presencia de la mujer en nuestras Fuerzas Armadas sería injusta si no mencionásemos a las cantineras o aguadoras. El papel de estas mujeres era muy arriesgado, ya que se jugaban la vida para llevar agua y víveres a los combatientes en pleno campo de batalla, y a menudo haciendo las veces de enfermeras. Inicialmente vestían ropas civiles, aunque más adelante y en reconocimiento a sus méritos se les permitió vestir uniforme militar. En la Guerra de la Independencia tuvieron un papel muy destacado en la Batalla de Bailén, el 19 de julio de 1808, en la que se hizo famosa María Bellido, que arriesgó la vida para llevar agua al general suizo Reding, como recuerda José Luis Delgado Granada.

Las cantineras también acompañaron a nuestras tropas durante la Guerra de África (1859-1860), como recuerda El Heraldo de Melilla, que señala que durante esa contienda las cantineras vestían una falda corta con pantalón, un pequeño delantal y un corpiño verde de corte militar, además de un sombrero embreado con cintas largas. Por entonces se hizo famosa la granadina Ignacia Martínez, cantinera del tercer Cuerpo de Ejército de África, que acompañaba al Batallón de Cazadores de Baza y de cuya heroica labor se hicieron eco Pedro Antonio de Alarcón y Benito Pérez Galdós. Ignacia era como una madre para sus soldados, y no sólo les proporcionaba vituallas, sino que también enjuagaba con su delantal las frentes bañadas en sudor e infundía ánimo, respeto y entusiasmo a los hombres, e incluso salvó las vidas de muchos de ellos.


La cantinera Juana Martínez, heroína del Monte Arruit

Otra cantinera famosa fue Juana Martínez López, que junto a otra cantinera -María Gómez Gil- acompañó a las tropas españolas en el camino al Monte Arruit en 1921, donde demostró una gran valentía, atendiendo a los heridos, auxiliando en sus últimos momentos al teniente coronel Fernando Primo de Rivera, que murió en los brazos de la cantinera tras encabezar las heroicas cargas del Regimiento de Caballería Alcántara, por las cuales esta unidad sería laureada en 2012. Juana no se limitó a ejercer de aguadora y enfermera, sino que llegado el momento se armó con un fusil para combatir a los rifeños, y acabó esa campaña cautiva de ellos. Cuando fue liberada en Nador, los supervivientes del Regimiento Alcántara le hicieron una cena de homenaje, y el Gobierno le concedió dos Cruces al Mérito Militar. Falleció en 1929 y está enterrada en el Cementerio de la Purísima Concepción de Melilla, cerca del Panteón de los Héroes. Podéis leer más sobre ella en este artículo del Heraldo de Melilla. A su vez, María Gómez Gil fue herida de tres tiros en esa campaña. Para ella, lamentablemente, no hubo reconocimientos y acabó viviendo de la caridad.


Juana Miró, enfermera en el Desembarco de Alhucemas (Foto: Damas Auxiliares de Sanidad Militar)

Juana y Rosario, las enfermeras de la Campaña de Marruecos

Sin salir de África, una enfermera destacada fue Juana Miró, que tuvo un papel notable en el Desembarco de Alhucemas el 8 de septiembre de 1925, atendiendo a los heridos en primera línea. Un caso aún más famoso es el de Rosario Vázquez Hernández, conocida como la «Enfermera Legionaria». Igual que Juana Miró, era enfermera de plantilla con derecho a usar uniforme militar, luciendo camisa, falda y chambergo (aunque llegó a usar el popular chapiri legionario). Acompañó a la II Bandera de la Legión desde el 1 de septiembre de 1924 hasta el 31 de octubre de 1925, demostrando un especial heroísmo en la retirada de Beni Adrós. Le fue concedida la Cruz de Plata al Mérito Militar por su acción en los Cañaverales, cuando alertando a la tropa logró abortar un ataque de los bereberes que se habían infiltrado en la retaguardia legionaria.


Rosario Vázquez, la «Enfermera Legionaria» (Foto: Hermandad de Caballeros Legionarios)

El Cuerpo de Damas Auxiliares de Sanidad Militar

En marzo de 1917 el Rey Alfonso XIII publicó un Real Decreto por el que se formaba el Cuerpo de Damas Enfermeras de la Cruz Roja Española, dependiente del Ministerio de la Guerra, aunque las enfermeras eran formalmente civiles. Durante la Guerra Civil se formó, en el bando nacional, el Cuerpo de Damas Auxiliares de Sanidad Militar, del que llegaron a formar parte 5.506 enfermeras, expidiendo durante toda la contienda 12.307 documentos para identificar a las enfermeras y auxiliares. En marzo de 1937 se habilitó como Inspectora General de todo el personal de femenino de Hospitales a Mercedes Milá Moya. A iniciativa de ella, el Cuerpo de Damas Auxiliares de Sanidad Militar fue formalmente regulado por decreto el 31 de julio de 1941. Hacían un trabajo como voluntarias, sin remuneración, y no eran propiamente personal militar.


Damas Auxiliares con uniforme de paseo (Foto: Compañía 20 / Blog Medallas e Insignias de la Guerra Civil)

Las Damas Auxiliares tuvieron su bautismo de fuego en Rusia, acompañando a los voluntarios de la División Azul, enmarcadas en el Grupo 250 de Sanidad. Estas enfermeras militares llevaban un uniforme diseñado por Balenciaga, compuesto por guerrera caqui, falda, gorro y bolso. En las solapas llevaban el emblema de la Sanidad Militar: una cruz de Malta blanca, luciendo el águila del Ejército de Tierra en el gorro y en los manguitos de los hombros. El vestuario de lo pagaban de su bolsillo. Más tarde, la Damas Auxiliares acabaron usando uniformes de diario y de faena como los del Ejército de Tierra, con un pañuelo amarillo al cuelo.


Damas de Sanidad Militar junto al entonces Príncipe de Asturias Don Felipe de Borbón durante el ejercicio militar Cierzo en el campo de San Gregorio, Zaragoza, 1986 (Foto: Jesús Núñez / Damas Auxiliares de Sanidad Militar)

En 1977 el Cuerpo fue dividido en dos: el Cuerpo especial de Damas Auxiliares de Sanidad Militar (que tenían condición de funcionarias del Estado) y la Agrupación de Damas Auxiliares de la Sanidad Militar (de carácter altruista). Las Damas Auxiliares participaban en maniobras militares y llegaron a sumar a 7.000 integrantes en 1985 entre ambos cuerpos. Fueron movilizadas por última vez durante la Guerra del Golfo (1990-1991). Antes de eso, en 1989, se unificó la Sanidad Militar en los Cuerpos Comunes, lo que supuso la desaparición del Cuerpo especial de Damas de Sanidad Militar.


Damas de Sanidad Militar durante el desfile del Día de las Fuerzas Armadas de 1982 en Zaragoza (Foto: Jesús Núñez / Benidormerías)

La Agrupación de Damas Auxiliares de la Sanidad Militar se disolvió el 30 de diciembre de 2003 En algunos casos sus integrantes pasaron a ser personal laboral en los hospitales militares, permaneciendo las inspectoras y subinspectoras como funcionarias civiles. Además, 34 Damas adquirieron la condición de reservistas voluntarias, 22 de ellas con el grado de alférez de los Cuerpos Comunes, y las 12 restantes como sargentos de la Sanidad del Ejército de Tierra.


La soldado Idoia Martínez Buján, primera mujer militar española fallecida en una misión en el exterior.

Idoia y Niyireth, las militares españolas caída en misiones en el exterior.

Tras la incorporación de la mujer a las Fuerzas Armadas, incluso en misiones de combate, ellas han compartido con sus compañeros las mismas situaciones de riesgo, han arriesgado sus vidas y, en algunos casos, las han entregado al servicio de España. El 21 de febrero de 2007 fallecía Idoia Rodríguez Buján, primera militar española caída en una misión en el exterior. Tenía 23 años, era natural de Nodar (Lugo) y pertenecía a la Brigada de Infantería Ligera Aerotransportable «Galicia» VII (BRILAT), con base en Figueirido (Pontevedra). Falleció cerca de Shindand, en la provincia de Herat (Afganistán), cuando una mina de alta potencia estalló al paso de la ambulancia blindada BMR que ella conducía. Fue condecorada, a título póstumo, con la Cruz del Mérito Militar con distintivo amarillo.


La soldado Niyireth Pineda Marín, fallecida en acto de servicio en Afganistán en 2011.

El 26 de junio de 2011 falleció, también en Afganistán, la soldado Niyireth Pineda Marín. Viajaba en un vehículo blindado Lince por Qala-i-Naw cuando estalló a su paso un artefacto explosivo improvisado (IED), que también mató al sargento Manuel Argudin Perrino. Narural de Tolima (Colombia), Niyireth, de 31 años, tenía un hijo y pertenecía al Regimiento de Infantería «Soria» nº9. Fue condecorada, a título póstumo, con la Medalla al Mérito Militar con Distintivo Rojo. Idoia y Niyireth forman parte de una lista heroica en la que, junto a ellas, figuran 169 hombres fallecidos en misiones españolas en el exterior.

Las mujeres en las Fuerzas Armadas en la actualidad

A día de hoy las mujeres son el 12,5% del personal militar español, un porcentaje que lleva estancado unos años. La mujer tiene una especial presencia en los Cuerpos Comunes de las Fuerzas Armadas (un 24,5%). En el Ejército del Aire son el 13,6%, en la Armada el 12,6% y en el Ejército de Tierra el 11,8%, según datos oficiales de Defensa de diciembre de 2016. En total, las Fuerzas Armadas tienen entre su personal a 105.176 hombres y 15.080 mujeres. Aunque en el Ejército de Tierra hay la menos proporción de mujeres, en él son un total de 8.988, superando la suma de las mujeres que forman parte de la Armada (2.592), el Ejército del Aire (2.782) y los Cuerpos Comunes (718). Así mismo, las mujeres son el 8% de la oficialidad de las Fuerzas Armadas. Hay una coronel, 105 tenientes coroneles, una capitán de fragata, 250 comandantes, 8 capitanes de corbeta, 466 capitanes, 29 tenientes de navío, 385 tenientes y 31 alféreces de navío. Entre los suboficiales hay un 4,6% de mujeres: una subteniente, 27 brigadas, 396 sargentos de primera y 835 sargentos. Entre la tropa y marinería hay un 16,5% de mujeres: 6 cabos mayores, 1.391 cabos primeros, 4.550 cabos, 5.473 soldados y 1.125 marineros. Como nota adicional, hay que señalar que las mujeres son amplia mayoría (un 57,9%) entre los funcionarios civiles de Defensa.

(Foto principal: Flickr Ejército de Tierra. Dos mujeres de la Brigada Paracaidista en Bosnia)

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Comentarios (Blog):

  1. Julio

    Muy buena información y extensa.

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