Miles de prisioneros usados en su construcción fueron sepultados en ella

La Carretera de los Huesos: una fosa común del genocidio estalinista de 2.000 km de largo

Hay carreteras asociadas a historias siniestras, pero ninguna puede equipararse a la autopista federal rusa de Kolymá, o M56, mundialmente conocida como la Carretera de los Huesos.

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Una carretera vinculada al Gulag, la red de campos de concentración de la URSS

Esta gélida ruta (la temperatura media allí ronda los -50ºC, con extremos de -70ºC) tiene una longitud de algo más de 2.000 kilómetros, es decir, algo más de lo que mide la ruta por carretera más corta entre Madrid y Múnich, en el sur de Alemania. La carretera conecta Yakutsk, una ciudad con unos 300.000 habitantes en la Siberia oriental, con Magadán, una ciudad de 92.000 habitantes situada a orillas del mar de Ojotsk. Durante la dictadura de Stalin, por Magadán pasaban muchos de los prisioneros del Gulag, la enorme red de campos concentración creada durante el régimen de Lenin.

La región de Kolymá, que da nombre a esta carretera, fue un territorio conocido por su abundancia de Gulags. Por ella pasaron centenares de miles de zeks o prisioneros políticos. Uno de ellos fue el escritor ruso Varlam Shalamov, que fue prisionero en varios campos de esa región durante 17 años y escribió su experiencia sobre aquel horror en una obra titulada “Relatos de Kolymá”, que empezó a difundirse en la década de 1960. Sobre los campos de Kolymá también escribió Aleksandr Solzhenitsyn en su famosa obra “Archipiélago Gulag”:

Kolyma era la isla más grande y famosa, el polo de la ferocidad de ese increíble país de Gulag que, aunque geográficamente disperso en un archipiélago, estaba, en el sentido psicológico, fusionado en un continente: un país casi invisible, casi imperceptible, habitado por la gente zek.”

Una zona rica en yacimientos de oro y uranio

El interés del régimen de Stalin por aquella remota región se debía a sus abundantes yacimientos de oro, y más adelante de uranio. Al final, el Gulag acabó siendo un enorme surtidor de esclavos, condenados por cualquier pretexto, con dos fines principales: extraer el valioso mineral de las entrañas de la tierra y liquidar a los enemigos del régimen comunista.


Prisioneros del Gulag trabajando en la autopista de Kolymá (Foto publicada por Tomasz Kizny en “Gulag: Life and Death Inside the Soviet Concentration Camps”)

Entre los esclavos que fueron enviados a ese infierno blanco de Kolymá no sólo había rusos: muchos prisioneros eran polacos deportados después de la invasión soviética del este de Polonia en septiembre de 1939. La ocupación soviética de Lituania, Letonia y Estonia proporcionó también mano de obra esclava de esas tres repúblicas bálticas para las minas y la carretera de Kolymá. Aunque la “fiebre del oro” de Stalin hacia Kolymá había empezado en 1929, el único acceso posible durante todo el año era en barco desde Khabarovsk, lo que convertía a aquella región en una isla en medio de un océano de nieve y hielo. En 1932 empezó la construcción de la ciudad de Magadán y de la autopista de Kolymá, con el fin de explotar más yacimientos de oro a lo largo de esa región. Con ese propósito, en Kolymá se construyeron unos 80 campos de concentración, dirigidos por el letón Eduard Berzin, un oficial de la Cheka, la brutal policía política creada por Lenin.

Los cadáveres de los prisioneros eran sepultados en la carretera

En Kolymá murieron cientos de miles de prisioneros del Gulag, muchos de ellos por congelación. Se dice que la autopista de Kolymá costó un muerto por cada metro de carretera de construido. Los trabajos se hacían con métodos muy rudimentarios, como palas y carretillas, y cuando los prisioneros morían -algo muy habitual-, los centinelas no se molestaban en enterrarles, sino que dejaban sus cadáveres en los cimientos de la carretera, usando la carne como argamasa y los huesos como sustitutos de la piedra. De ahí a que la ruta sea conocida hoy en día como la “Carretera de los Huesos”: en realidad, circular sobre ella implica viajar sobre una colosal fosa común que alberga muchos miles de cadáveres.

Conducir por la autopista de Kolymá a día de hoy

A día de hoy, este infierno blanco se está despoblando. El motivo es obvio: entre las localidades situadas en la Carretera de los Huesos está Oimiakón, un pueblecito de menos de 500 habitantes que tiene el récord de ostentar la temperatura más baja registrada hasta ahora en una zona habitada: -71,2 °C. La mayor parte del año la ruta permanece cubierta por la nieve o el barro, siendo una de las carreteras más peligrosas del mundo. Paradójicamente, la carretera es más segura en invierno que en primavera, pues cuando empieza el deshielo, la ruta se llena de barro y árboles caídos, y los puentes que forma el hielo sobre los ríos desaparecen. Podéis ver aquí una grabación de algunos tramos de esa ruta hecha en agosto de 2014:

Cada año la autopista de Kolymá se cobra docenas de vidas en accidentes de tráfico. A estos peligros, y según apunta Wikitravel, hay que añadir la presencia de osos hambrientos y de garrapatas -que transmiten encefalitis en las zonas despobladas (es decir, en la mayor parte de la ruta). En la ruta hay, además, ciudades fantasma como Kadykchan, a la que el blog Fronteras le dedicó una entrada. Junto a esta carretera también se encuentra el Gulag de Dneprovsky, uno de los raros campos de concentración soviéticos de los que aún existen restos (los demás fueron desmantelados casi en su totalidad antes de la caída de la URSS). Podéis ver aquí un vídeo de un viaje en pleno invierno por la autopista de Kolymá:

(Foto principal: Flickr Missyleone)

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Comentarios (Blog):

  1. Javier

    ¿Quién puede seguir siendo comunista después del Gulag, de las hambrunas, de las matanzas, del terror, de la deshumanización de las personas? Quienes se declaran comunistas y defienden esa ideología, o es ignorancia o es delito.

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