Ocurrió hace 16 añitos

Tal día como hoy, el 3 de enero de 2003, estaba yo por la calle de María Berdiales, en Vigo, cuando en el número 2 vi una juguetería que ya no existe y que llevaba por nombre “Xoguemos”. En el escaparate había unos pequeños ositos de peluche colgados de unos cordeles. Eran muy parecidos al famoso Paddington, pero sin sombrero. Unos llevaban el abrigo de color azul, otros de color naranja y los terceros de color amarillo.

Bilbo ya tiene su propio retrato
Fantasmas en Nochebuena

Entré y me decidí por los ositos de abrigo azul. Uno de ellos tenía una expresión algo diferente de los demás. “Ése”, le dije a la simpática chica que llevaba la juguetería. Envolvió el osito en un paquete de regalo con uno o dos caramelos. Me costó 6,75 euros (aún conservo el ticket).

¿Y cómo iba a llamar a aquel pequeñajo? Yo ya era muy fan de la obra de Tolkien y el personaje de Bilbo siempre fue uno de los que más me gustaba. Era un ser pequeño y a pesar de su pereza, se había convertido en viajero. Así que el osito se llamó Bilbo. Ese mismo año empezó su carrera turística con un viaje a Francia. Pronto empezó a ser popular entre mis amigos, sobre todo después de rescatarlo de un río al que se cayó cuando le hacía una foto. Desde entonces a Bilbo no le gusta nada el agua, no me extraña: ¡vaya susto!

Poco después de conocer al pequeño Bilbo, salieron otros dos ositos más de aquella juguetería. Los dos se fueron lejos. Bilbo sólo mantiene el contacto con uno de esos hermanitos, que se llama Bubu (es el de la izquierda en la foto sobre estas líneas). Todavía se ven de vez en cuando y se cuentan sus aventuras.

Un 6 de enero de hace unos años llegó a mi casa, traído por los Reyes Magos desde Santiago, un pequeño perrito al que llamé Sam (otro de mis personajes favoritos de “El Señor de los Anillos”). Bilbo y Sam se hicieron muy amigos, aunque el perrito sólo dice “guau”, porque según Bilbo es un perrito “mu impresionable”.

Hasta la fecha Bilbo ha conseguido cosas que para mí son inalcanzables. Por ejemplo, ha protagonizado dos cortometrajes, “La búsqueda” y “Fantasmas en Nochebuena” (a este paso le pedirán autógrafos por la calle). También se ha subido a un caza F-104 Starfighter

Incluso ha logrado meterse en el cañón de 120 mm de un carro de combate Leopardo 2E (da la casualidad de que Bilbo mide 12 centímetros).

Como personaje ilustre que es, hasta le han pintado un retrato, obra de mi amiga Conchita Vidal, que es una gran artista.

Incluso le han dedicado un libro (o al menos eso dice Bilbo).

También se ha intentado sacar la licencia de piloto…

… aunque sin mucho éxito, porque no encuentra aviones de su tamaño. Otros son muy grandes, y en éste no cabía.

Así que se ha tenido que conformar con ir de pasajero (pero siempre sin pagar billete).

Una vez incluso consiguió que le parase un tren junto al Puente de Rande.

Pero más que los aviones, los tanques, los trenes, más incluso que dormir y ver las películas de Spiderman y los Pitufos, lo que le chifla a Bilbo son las pastitas.

¡Feliz cumpleaños, osito Bilbo! O como diría Sam, “¡guau!”

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