El fracaso del decadente modelo social y cultural del materialismo progresista

Unos valientes se sacrificaron para salvar a una Europa que se lo agradece suicidándose

En torno a la medianoche del 5 al 6 de junio de 1944, hace 75 años, unos 24.000 jóvenes con toda una vida por delante se embarcaron en aviones C-47 Dakota hacia un destino incierto.

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“Por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida”

Aquellos jóvenes eran paracaidistas de la 82ª y la 101ª División Aerotransportada del Ejército de Estados Unidos. Habían dejado sus hogares muy atrás para venir a salvar a una Europa pisoteada por los totalitarios. Tenían ganas de vivir, pero compartían un forma de pensar que ya había plasmado un escritor español, Miguel de Cervantes, 329 años antes en el capítulo LVIII de la segunda parte de “Don Quijote de la Mancha”: La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida.

Muchos de aquellos jóvenes encontraron la muerte antes de tocar el suelo, al ser alcanzados sus aviones por el fuego antiaéreo o al ser ametrallados por los alemanes mientras descendían en sus paracaídas. Otros muchos morirían en los días y los meses siguientes. El 6 de junio por la mañana, 132.000 valientes más cruzaron el Canal de la Mancha en barcos para asaltar las playas de Normandía. El número de bajas fue terrible, hasta tal punto que se pensó que la operación fracasaría. Sin embargo, no se rindieron y continuaron luchando, y gracias a ellos fue derrotado el nazismo y media Europa pudo disfrutar de libertad desde entonces (la otra mitad, bajo el yugo comunista, tendría que esperar casi medio siglo a verse liberada de la opresión).

Un ejemplo de fracaso como sociedad: el suicidio de una joven holandesa

Hoy recuerdo aquellos hechos no sólo porque celebramos el 75º aniversario del Desembarco de Normandía, sino porque están ocurriendo en Europa algunos hechos que me llenan de preocupación. El último de ellos fue noticia ayer mismo. Una chica de 17 años, Noa Pothoven, se ha suicidado al no poder superar unos abusos sexuales que sufrió siendo niña. La noticia ha salido en medios de todo el mundo y ha generado un gran escándalo. Me ha llamado la atención, especialmente, que la madre de Noa ha denunciado que su hija debía estar en un centro psiquiátrico, pero esos centros tienen largas listas de espera en Holanda, el país en el que ha ocurrido esa triste noticia. Un país que en las últimas décadas se ha esforzado por ser un claro ejemplo del fracaso del decadente modelo social promovido por el materialismo progresista en Europa.

En las últimas horas ha habido un fuerte debate en los medios en torno a la eutanasia. Algunos medios progresistas, como La Sexta, se esforzaban en distinguir este caso de la eutanasia, explicando que en realidad fue un suicidio. La diferencia, a grandes rasgos, es que en un caso te matan los médicos porque tú se lo pides, y en el otro te matas tú mismo con el apoyo de los médicos. El resultado es el mismo. Hace 11 años publiqué en este blog un artículo advirtiendo de los graves efectos de la despenalización de la eutanasia en Holanda en 1991 (y su posterior legalización en 2002), señalando que en muchos casos se aplica sin consentimiento siquiera del paciente. Incluso la ONU puso el grito en el cielo, a pesar de ser un organismo con una alarmante tendencia a asumir las tesis de la cultura de la muerte. También señalé entonces que otro de los efectos de la eutanasia en Holanda ha sido el retroceso en los cuidados paliativos. Ahora, como podemos ver, también se está dando un descuido en la atención psiquiátrica. La conclusión que parece haber sacado Holanda es que es más barato deshacerse de un paciente que cuidarlo.

Un suicidio como sociedad que empezó matando a los hijos por nacer

Lamentablemente el de los Países Bajos no es un caso aislado: también está ocurriendo en Bélgica, en el Reino Unido y en Suiza. Es triste comprobar que 75 años después, y a pesar de que muchos europeos creen haber llegado a un mundo ideal, en realidad es como si estuviésemos recuperando el desprecio de los nazis hacia la vida humana: recordemos que el primer país de Europa que introdujo la eutanasia fue la Alemania de Hitler. A esto hay que añadir otros frentes abiertos por la cultura de la muerte en Europa. El mayor de ellos es el aborto, que se ha convertido en una potente industria de destrucción de vidas humanas. Para que nos hagamos una idea de sus dimensiones, ya sólo en España el aborto ha acabado con más de 2,2 millones de niños por nacer. El resultado de este desprecio hacia la vida humana lo acabaremos sufriendo los propios españoles dentro de unos años: España es un país cada vez más envejecido y con una crisis demográfica que amenaza la sostenibilidad de su sistema de pensiones.

El suicidio cultural de Europa: arrancando nuestras raíces

Teniendo en cuenta estos datos, no parece exagerado concluir que una parte considerable de Europa ha decidido suicidarse como sociedad, primero acabando con sus hijos por nacer y ahora yendo a por enfermos y ancianos, a los que el Estado tiene cada vez menos recursos para sostener precisamente por los problemas demográficos provocados por la falta de nacimientos. Algunos pretenden completar ese suicidio social con un suicidio cultural, arrancando las raíces cristianas de Europa sin pensar en las consecuencias y afirmando que nuestro problema demográfico tiene una fácil solución: traer millones de inmigrantes de África, aunque el resultado sea quitarles a sus países de origen el capital humano necesario para prosperar, y aunque la integración de esos inmigrantes sea cada vez más complicada al proceder de un entorno cultural muy distinto al nuestro: el Islam. El resultado está siendo la formación de guetos en diversos países, en los que prende fácilmente la mecha del radicalismo islámico.

No es extraño leer, en las últimas horas, a muchos progresistas en las redes sociales afirmando que debemos respetar la decisión de Noa Pothoven, como si tomar la decisión de matarte fuese algo equiparable a elegir el color de una camisa o el coche que deseas comprar. Y es que la izquierda materialista sigue sumida en una de las tesis más siniestras del comunismo: la de que en nuestra sociedad hay mucha gente que sobra y que lo deseable sería deshacerse de ella. Ése fue uno de los móviles ideológicos del genocidio provocado por los soviéticos. Europa parece haberlo olvidado, y quien olvida la historia está condenado a repetirla. Por eso es tan necesario que repasemos nuestro pasado para no volver a cometer los mismos errores. Por eso y también por un deber de gratitud. Es indignante pensar que muchos miles de valientes se sacrificaron para salvar a Europa, y ahora Europa se lo agradece suicidándose, como si no le importase nada, ni su vida, ni su cultura ni todos los sacrificios que ha costado conservarlas.

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Comentarios (Blog):

  1. bilbaino

    Igualitos de valientes que los progres: Jovenes cruzando una playa sin otra cosa que un fusil mientras el enemigo les lanzaba de todo. Una de las más realistas recreaciones fue en Salvar al soldado Ryan.

    Se ha suicidado… dí más bien que la han dejado morirse: No se ha tirado por la ventana, dejó de comer. Tenía 16 años, y solicitó la eutanasia, es ridículo.

  2. Luna

    Bilbaíno, es Europa la que se ha suicidado. A la niña la han matado como los faraones que se enterraban con todo el séquito para que muriera con ellos. Dicen que esto sucedió en Holanda, pero nos traen la noticia porque desean que se repita aquí, porque el PSOE prometió una eutanasia que nadie desea pero que ven como imprescindible para seguir los planes perversos de la masonería. Ya hace años que querrían haberla impuesto en nuestra nación, pero durante la larga crisis económica que empezó con Zapatero y que a estas alturas se empieza a dar por despejada (en orillas de otra que puede ser peor) las familias sobrevivieron con la ayuda de las pensiones de los abuelos.

    Estamos poco decididos a dar ahora por inútiles a nuestros mayores y en gratitud con ellos, aparte de que envejecemos por cuestiones demográficas, así que la propaganda por-eutanasia no podía orientarse hacia el anciano con Alzheimer, por lo que orientan la cruel compasión hacia esta niña. Compasión que es cruel por lo falsa y mal sentida, imbuida a golpe de sensacionalismo, y a saber si en una fake; sentimiento que tiene mucho de artificial por lo programado y que nos pretende llevar por los caminos de la muerte como hizo el aborto: Empezando por supuestos muy concretos, casos casi desesperados, para luego abrirse a muchos más, hasta centrarse en la cuta estadística de mortandad deseada.

    Sí, mortandad DESEADA, calculada, programada y ejecutada. Esta es la única realidad del aborto y de la eutanasia, no la de una pretendida “dignidad de una muerte” cuando a esta niña se la han negado en vida hasta el extremo. Alarmémonos ante la muerte, somos humanos y hemos de hacerlo, no podemos desearla para otros, no podemos aceptarla como una solución a algo que no soluciona en absoluto. Muerte fue para estos soldados que se sacrificaron por nosotros y muerte es para esta niña que nosotros sacrificamos al más ateo y falso de todos los dioses: nosotros mismos y nuestra opinión situados por encima de la naturaleza de las cosas y de la verdad. Blasfemo del maldito dios de lo inhumano con que nos adoramos a nosotros mismos, con que juzgamos y destruimos la Creación.

    Suicidio cobarde y amargo, en que sabemos perfectamente que no vamos a arreglar nada, basado únicamente en la desidia y una mal entendida comodidad que nos lleva a no luchar, a renegar de todas las cosas esenciales de la vida, muerte cerebral, porque es más cómodo dejarse llevar por lo que nos dirán que es mayoría que reaccionar manteniendo lo que es nuestro. “Los años arrugan la piel, pero renunciar a un ideal arruga el alma”, creo que lo Dijo Douglas Mac Arthur, aunque no estoy seguro.

    Por un hijo abandonan sus padres todo lo que tienen, el mejor de los trabajos. Y huyen si hace falta a donde sea, a llevar una vida que luego les compensa en felicidad por este sacrificio. ¿Por qué una niña? Pues porque se nos está exigiendo el máximo de sentimentalismo y el mínimo de reflexión, el más absoluto desprecio por una vida se orienta mejor hacia la inocencia infantil, bien lo saben los brujos tribales y los caníbales, así lo aplicaban los mayas, arrancándoles el corazón para conseguir una lluvia que aplacara las sequías (y el sometimiento absoluto sobre un pueblo al que tenían dominado). Es el pánico del circo romano, aquél que pretendía el alivio de que la víctima “fuera otro” a la par del miedo a dar con nuestros huesos en las arenas. Y llega con el tributo ya pagado de los sacrificios humanos que perpetra el aborto, mal original que nos transporta a una renuncia hacia otras defensas esenciales, que nos sitúa entre los atropellados por un falso consenso y nos acostumbra a que todo lo que nos quieran imponer está “decidido por mayoría en un debate ya superado” aun cuando sabemos que uno a uno, no lo queremos ni aceptamos.

    Dejémoslo claro: No queremos, no hemos pedido y no aceptamos la eutanasia, no sentimos tanta indiferencia, desprecio ni maldad hacia esta pobre niña. Estamos indignados por el maltrato que en Holanda recibió, nos da mucha pena que la mataran de esta forma atroz tras una dejadez notoria y lamentable. Se puede considerar una tortura si no se atendió a su depresión ni a las causas que la provocaron, y la denegación de auxilio es verdaderamente criminal.

  3. Luis Recinos

    Excelente entrada. Da mucho qué pensar.

  4. Fumarsa

    Muy buena entrada. Es muy difícil entender como ha podido llegar Europa a esta situación de pérdida de identidad y suicidio colectivo

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