Las falacias que se ocultan detrás de ciertas apologías de esa atrocidad

Si apoyas el aborto apelando a la libertad, ¿qué te impide hacer lo mismo con el robo?

Con el paso del tiempo estoy empezando a cansarme de ciertos debates nominalistas, pero hay personas que los abordan de una forma tan burda que no me resisto a entrar en materia.

Argumentos científicos en contra del aborto
Aborto y liberalismo: 16 argumentos liberales contra 16 falacias abortistas

Las ideologías y sus matices en un mundo complejo

Como ya sabéis, en mi perfil me declaro liberal-conservador. Se trata de una corriente dentro del liberalismo que ha expuesto con brillantez Francisco José Contreras en su último libro. Que haya corrientes dentro de una ideología es algo de lo más habitual. A fin de cuentas, vivimos en un mundo complejo y es normal que dentro de un sistema de ideas haya diversos matices. Sin embargo, hay personas que tienen una forma de pensar muy simple y que abanderan una ideología con un dogmatismo sorprendente. Por ejemplo, en el mundillo liberal tenemos a muchos repartidores de carnets que te tachan del club en cuanto sostienes algún matiz que no les gusta. Es una tendencia que ha provocado que el liberalismo español, en concreto, se parezca cada vez más a una famosa escena de los Monty Python en “La vida de Brian”. Y por si no llegaba con el esperpento nacional, a veces alguien viene a agrandarlo desde el otro lado del Océano.

¿El conservadurismo es colectivista y desdeña la meritocracia?

La semana pasada estuvo en España la politóloga guatemalteca Gloria Álvarez. Hace años publiqué aquí un par de vídeos de ella que me parecieron muy juiciosos: uno sobre el populismo y otro sobre el Estado elefantiásico. Esta vez ha venido a España a promover un libro titulado “Cómo hablar con un conservador”, cuya sinopsis dice lo siguiente: En ocasiones, el conservadurismo es tan colectivista como la izquierda, desdeña la meritocracia en favor de los genes y el abolengo, sitúa la fe por encima de la razón o considera que la tradición es un bien superior, aunque se oponga al progreso y las mejoras. El liberalismo, pues, debe reivindicar, además de la oposición al intervencionismo económico y el dogmatismo cultural de la izquierda, su defensa de la libertad individual, y cómo ésta implica hacer frente a la cerrazón conservadora en materia de sexo, familia o religión“. Ante tal chaparrón de tópicos y simplezas casi que me han dado ganas de abrir el paraguas.

Ya que doña Gloria tiene la sana costumbre de recurrir a la RAE para aclarar definiciones, le aconsejo que lea su definición de colectivismo: “Doctrina que tiende a suprimir la propiedad particular, transferirla a la colectividad y confiar al Estado la distribución de la riqueza”. Desde luego, se pueden llamar muchas cosas al conservadurismo, pero “colectivista” no. No conozco a ningún conservador que quiera suprimir la propiedad privada. El colectivismo es una doctrina que encaja en el pensamiento de ideologías totalitarias como el comunismo o el nacional-socialismo, pero no en el pensamiento conservador. Por otra parte, decir que un conservador “desdeña la meritocracia en favor de los genes y el abolengo” es creer que los conservadores viven en la antigua Roma. Y resulta que no. Mucho antes de la Ilustración, antes incluso del Renacimiento, en la Baja Edad Media el auge del comercio y de la burguesía urbana empezó a arrinconar el viejo sistema estamental medieval. Y entonces no había liberales capaces de iluminar a nadie con sus libros.

La relación entre fe y razón y la deificación de la razón

Por otra parte, afirmar que un conservador “sitúa la fe por encima de la razón” presupone una contradicción entre fe y razón, una contradicción que el conservadurismo niega. Me parece muy respetable que Gloria Álvarez se declare atea, pero eso no significa que tenga la razón a la hora de aproximarse al hecho religioso. De hecho, a su argumento se le puede dar la vuelta: si ha habido algo pernicioso en los últimos siglos ha sido la deificación de la razón, que se inició con la Revolución Francesa (los revolucionarios incluso instituyeron el culto a la “Diosa Razón” en la Catedral de Notre Dame), un régimen que comenzó como liberal y acabó degenerando hacia el totalitario Terror jacobino. Fue un buen aviso de lo que pasa cuando uno pone toda su fe en una ideología o, mejor dicho, en quienes la sostienen, pero algunas personas siguen sin ver aquel aviso. Sobre la supuesta “cerrazón conservadora en materia de sexo, familia o religión”, le recuerdo a doña Gloria la definición de “cerrazón” que da la RAE: “Incapacidad de comprender algo por ignorancia o prejuicio”. Acabamos de ver un ejemplo de la cerrazón de Álvarez sobre la relación entre fe y razón y su concepto del pensamiento conservador. Veremos más abajo ejemplos aún peores.

¿La libertad es la mera ausencia de coerción?

Ayer Libertad Digital publicó una interesante y reveladora entrevista con la autora guatemalteca. En ella dice cosas que suscribo y otras que no. Entre las que me parecen juiciosas están su idea de que la libertad “implica también una responsabilidad”. Discrepo, sin embargo, de su definición de la libertad: “La libertad es la no coerción. O sea, es el poder actuar bajo tu propia autodeterminación, sin la coerción de un tercero”, afirma. Antes bien, la libertad es una facultad humana que nos permite obrar de una forma u otra, incluso contra nuestros propios instintos. Una persona borracha o drogada puede no ser responsable de sus actos -y por tanto, no ser libre-, por mucho que no esté sometida a la coerción de un tercero. Eso si nos remitimos a la fisiología. Si se trata de la mente y del alma, una de las mayores formas de esclavitud que hay es la mentira, a la que han recurrido los más variados regímenes políticos, en la certeza de que se puede someter a un pueblo a base de engaños. Otra forma de esclavitud es la corrupción moral. Cuando Lenin provocó hambrunas en el pueblo ruso lo hizo para aprovecharse de su desesperación, sabiendo que eso hacía a la gente más propensa a aceptar cualquier majadería que rechazaría en otras condiciones. Si un gobernante consigue envilecer a su pueblo, lo convierte en esclavo de sus instintos. Además del caso soviético, el siglo pasado dejó un ejemplo tan claro de eso como fue el Tercer Reich.

La libertad y la virtud en el pensamiento liberal

Algunos de los más importantes ideólogos del liberalismo entendieron bien ese concepto de la libertad que hoy defendemos los liberal-conservadores. Fue el caso, por ejemplo, de Alexis de Tocqueville: La libertad es, en verdad, algo sagrado. Sólo hay una cosa que merezca mejor ese calificativo: la virtud. Pero ¿qué es la virtud sino la elección libre del bien? Con más severidad aún se expresó otro gran pensador liberal, también francés, como fue Frédéric Bastiat: Cuando una opinión pública extraviada honra lo despreciable y desprecia lo honorable, castiga la virtud y recompensa el vicio, promueve lo perjudicial y desincentiva lo útil, aplaude la falsedad y esconde la verdad bajo la indiferencia o el insulto, la nación abandona la senda del progreso y sólo podrá ser restaurada por las terribles lecciones de la catástrofe“.

El cinismo de afirmar que rechazar el aborto es ir contra la vida

Volvamos a la citada entrevista. Cuando el entrevistador le pregunta a Gloria Álvarez cómo justifica que “los derechos a la libertad, a la vida y a la propiedad privada son los únicos derechos básicos que deben imperar en una sociedad”, ella, incapaz de reconocer la ley natural, apela a “la eficiencia” como fuente de esos derechos fundamentales, y lo explica con una afirmación puramente utilitarista: “cuando mejor nos ha ido ha sido cuando se han respetado esos derechos a la vida, a la libertad y a la propiedad privada”. ¿Y qué pasa si un determinado colectivo humano considera que nos iría mejor suprimiendo alguno de esos derechos? Ella misma se muestra como partidaria de ese recorte en la siguiente respuesta de la entrevista: “los conservadores quieren preservar instituciones que van en contra de la vida, o que van en contra de la libertad, o que van en contra de la propiedad privada. El rechazo a legalizar las drogas, por ejemplo, o la prostitución, o el aborto…” Afirmar que los conservadores “van en contra de la vida” por oponerse al aborto es realmente cínico, a la vez que revelador. En esto se demuestra la debilidad del pensamiento de esta autora. Cuando tu idea de los derechos humanos se limita a que sean útiles, suprimirlos es perversamente fácil, como lo es negar a los hijos por nacer su derecho a vivir. Como señalo en el título de esta entrada, ¿qué le impide a Gloria Álvarez llamar “derecho” al robo después de llamárselo al aborto? Al menos el robo no implica matar de una forma tan cobarde a un ser humano débil e indefenso.

La irresponsabilidad de hacer que un inocente pague por tus actos

De hecho, con ese planteamiento la autora acaba contradiciéndose a sí misma: decía que la libertad “implica también una responsabilidad”, pero luego apoya el aborto para quitarse de encima los efectos indeseados de la libertad sexual, convirtiendo la sexualidad en un acto de irresponsabilidad que acaba pagando un tercero con su vida. Por otra parte, ¿no es acaso una forma de coerción -y la peor de todas- acabar con la vida de un ser humano? No está de más recordar en este punto que el primer país que legalizó el aborto fue una dictadura totalitaria: la Unión Soviética. En Polonia lo hicieron los nacional-socialistas apelando cínicamente a la “auswahl-freiheit” (libertad de elección), con el propósito de acabar con la población polaca. En la actualidad, entre los países que más desprotegen a los hijos por nacer están tres dictaduras comunistas: China, Vietnam y Cuba. Eso, por supuesto, no es ninguna casualidad. Recordemos que la dirigente soviética Alexandra Kollontai se propuso destruir la institución de la familia, que ha sido históricamente uno de los más formidables diques contra los proyectos de ingeniería social. El marxismo cultural sigue persiguiendo ahora ese objetivo con la ideología de género.

Gloria Álvarez y su vulgar opinión sobre la cuestión catalana

Es ciertamente llamativo ver a liberales como Gloria Álvarez aliarse con el progresismo en su asalto a la institución familiar, un asalto que se está llevando a cabo en diversos frentes, empezando por la educación. Claro que esto no debe extrañarnos si leemos la entrevista concedida ayer por Álvarez al digital Vozpópuli, que ha puesto por título esta declaración de la autora guatemalteca: “si los catalanes se quieren independizar, que se independicen. Y si les sale mal, que se jodan”. Un cóctel perfecto de vulgaridad y de simpleza, en el que además usa una figura tan poco liberal como hablar del pueblo como si fuese una masa sin individuos, al dar a entender la idea de que “los catalanes” piensan todos lo mismo. Cuando el entrevistador le pregunta “¿Y qué ocurre con quienes viven allí y no lo quieren, que son mayoría?”, ella, con la misma simpleza que en su anterior respuesta, afirma: Hagan un referéndum. Pero renuncien a la obsesión por querer controlar los proyectos de vida ajenos. Ese mecanismo es el que lleva a los socialistas a querer controlarte la billetera y a los conservadores a intentar controlar la moral”. Y nueva falacia. Si hoy en día hay un sector de la clase política empeñado en imponernos sus dictados morales e ideológicos es precisamente el de los progres. Por lo demás, se ve que esta mujer no tiene ni puñetera idea de lo que pasa en Cataluña -adoctrinamiento nacionalista, exclusión del español en las escuelas, violencia contra el discrepante-, y tampoco parece muy preocupada en informarse, pero no se ha privado de opinar. Que alguien que opina con tanta ligereza y tan poca responsabilidad se venga a España a repartir carnets de liberal le hace un flaco favor al liberalismo, y un gran favor -todo sea dicho- al pensamiento conservador.

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Comentarios (Blog):

  1. Alberto (Zaragoza)

    Buenos días Elentir. No puedo estar más de acuerdo con lo que dices y Gloria Alvarez, a la que descubrí con agradable sorpresa tras la conferencia que dio precisamente en mi ciudad hace unos cinco años, ha resultado una enorme decepción. Doble decepción. Primero, porque, como hizo el nefasto personaje que no nombraré en aquel mitín de Elche, nos está diciendo a los liberales conservadores que no somos dignos del primero de nuestros atributos (a pesar de ser, como lo soy yo, defensor a ultranza de la libertad y la propiedad privada) y que nos busquemos otro refugio intelectual; y segundo, por la frivolidad con la que se manifiesta en asuntos tan sensibles para nosotros los españoles como la cuestión catalana. El que además reniegue de VOX y aplauda al P-Lib, un partido que aplaude con las orejas todo lo relacionado con la ideología de género y que propugna la ampliación del estado autonómico, resulta definitivo.

  2. Alvaro

    El lenguaje puede ayudar o dificultar la comprensión de algunos conceptos.

    En español, por ejemplo, nos resulta difícil distinguir entre libertad y Libertad (la mayúscula pasa desapercibida).

    En inglés, en cambio, tienen bastante clara la diferencia entre freedom y Liberty, justo lo que ésta autora confunde.

    Por lo demás, menudo compendio de necedades nos suelta la progrecita de ella.

    Un saludo.

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