Muestra las fuentes que sirvieron de inspiración al escritor británico

Los pros y los contras de ‘Tolkien’, película sobre el autor de ‘El Señor de los Anillos’

Casi un mes y medio después de su estreno en el Reino Unido, este viernes ha llegado a los cines españoles la película “Tolkien”, basada en la infancia y juventud del célebre escritor británico.

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He dicho “basada” porque la película no es un fiel relato de los hechos tal como ocurrieron. Es cierto que una película biográfica siempre deja lugar para la dramatización, pero de ahí a introducir elementos ajenos a los hechos e incluso totalmente fuera de lugar hay un gran trecho. Llegado a este punto de mi crítica, hago un AVISO: lo que leerás a partir de ahora desvela cosas importantes de la película.

Empezaré con las cosas que no me han gustado. Por una parte, la cuestión religiosa está casi totalmente ausente en la película. No es un hecho secundario: Tolkien era un católico en una sociedad mayoritariamente anglicana. Cuando se conocieron, Edith era anglicana, y Tolkien la presionó para que se convirtiese al catolicismo antes de casarse, lo cual no puso nada fáciles las cosas entre ellos dos. Hay que decir, además, que Tolkien era un católico devoto, pero eso apenas se percibe en la película. El padre Francis Morgan, sacerdote católico y tutor legal de Tolkien tras la muerte de su madre, aparece en la película en un papel secundario que no está mal, en mi opinión, aunque se echa de menos una implicación acorde con la que tuvo en la realidad. En este aspecto, la película adolece del mismo problema que gran parte del cine de hoy: se empeña en abordar el pasado con una mentalidad muy moderna. La cuestión religiosa sería incómoda para mucha gente y, por lo visto, el director ha preferido aparcarla.

Hay, sin embargo, un aspecto que sí que está más en línea con esa mentalidad moderna: la insinuación de que el poeta Geoffrey Bache Smith, amigo de la juventud de Tolkien, era homosexual. En un momento de la película, después de que Tolkien supiese que Edith se había comprometido, Geoffrey poco más que se le declara a Tolkien de una forma velada, y él prácticamente ni se entera. Esto es una total invención de esta película. El propio director, Dome Karukoski, ha reconocido que no hay base real para afirmar esto sobre Geoffrey: “Lo que pasa es que Stephen Beresford, uno de nuestros guionistas, es gay, y él leyó todas las letras y todos los poemas, y dio por por hecho al 100% que Geoffrey era gay”. Pero Karukoski añade: “No podemos reclamar eso”, señalando que lo plasmado en esos poemas no va necesariamente más allá de la amistad. Y es que hoy en día, si nos fiamos de ciertas formas de pensar, parece que ya no es posible concebir una profunda amistad entre dos hombres sin atribuirla a la homosexualidad. Ya pasó incluso con las películas de Peter Jackson: mucha gente interpretó que Frodo y Sam tenían algo más que una amistad. A ese punto de absurdo hemos llegado.

A pesar de esos reparos, he de decir que la película me ha gustado, aunque no es una película excepcional. Está muy bien ambientada y la banda sonora compuesta por Thomas Newman es realmente sensacional, sobre todo las partes de inspiración más “feérica”. La relación entre Ronald y Edith está bien contada y recuerda, en muchos aspectos, a la difícil historia de amor entre Beren y Lúthien. Otro de los grandes alicientes de la película es el aspecto visual: son muy poderosas las imágenes fantásticas que observa Tolkien en el horror de la Batalla del Somme, que indican la posible inspiración que el escritor británico encontró para su obra en sus vivencias en la Gran Guerra.

Otro aspecto que me ha gustado mucho es el lingüístico: la película aborda muy bien la devoción de Tolkien por las lenguas, e incluso apunta a la influencia del finlandés en el quenya (aunque no nombra esta lengua élfica que, dicho sea de paso, también tenía influencias del español y del latín). Entre los grandes aciertos de la película también está su atención a los árboles. Parecerá una tontería, pero es imposible entender la obra y la personalidad de Tolkien sin acercarse a su amor por los árboles. De hecho, en una cita que tiene con Edith empieza a elaborar una historia (o más bien a descubrir, pues él mismo explicaba así su proceso literario), se esbozan la historia de Laurelin y Telperion, los Árboles de los Valar. En el paseo de Tolkien con el profesor Joseph Wright también se aborda la importancia de este tema. Para terminar, un detalle que también me ha gustado es la posible inspiración de mi personaje favorito de “El Señor de los Anillos”: Samsagaz Gamyi, representado por ese fiel soldado llamado Sam que no abandona a Tolkien, ya enfermo, en las trincheras mientras busca a su amigo Geoffrey.

Y hasta aquí los spoilers.

En fin, he de reconocer que la película me ha gustado más de lo que esperaba, tal vez porque no esperaba mucho de una película sobre mi escritor favorito, cuya obra he disfrutado a menudo desde hace más de 25 años. No es la gran película que se merece un escritor como Tolkien, pero está bien rodada y sirve al propósito de mostrarnos sus fuentes de inspiración. Si eres muy fan del escritor, creo que merece la pena verla.

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Comentarios (Blog):

  1. Es muy exagerado. El catolicismo queda bien en la figura de un sacerdote recto, sensato y varonil como había muchos cuando yo era crío. Tolkien no es un padre de la Iglesia: es una figura de la literatura fantástica y de la novela de creación épico-mitológica. La gente que lo lee buscando encontrar la Biblia, sencillamente se decepciona o se vuelve friki. Y respecto a las insinuaciones de homosexualismo, son falaces. El joven Tolkien es un poeta cristiano sensible a la amistad y la fidelidad, y a la vez audaz ante los retos de su vida. La película deja una huella interior que dura días. Yo me he llevado a verla a mi hijo menor, carne de Selectividad, y a los otros, jóvenes profesionales que empiezan, y creo que acerté plenamente.

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