Una pequeña historia de dos jóvenes gaviotas en un castillo al ocaso

Esta pequeña historia que os traigo ocurrió el pasado 12 de mayo. Han pasado ya cuatro meses, y se me han ido acumulando las fotos pendientes de publicar, pero no me he olvidado de éstas que os traigo hoy.

Bayona: el Castillo de Monterreal

Eran 21:30 y ya se estaba poniendo el sol. Yo estaba dando un paseo por las murallas del Castillo de Monrerreal, en Bayona (Pontevedra), bajando desde la Batería de Santiago hasta la zona de la garita situada sobre la puerta que daba a la Huerta de los Frailes, un acceso hoy cegado por la maleza.

Al acercarme a la garita, me fijé en un detalle.

Pos si se os ha escapado el detalle, podéis verlo ampliado en la siguiente foto.

Al otro lado de la garita había dos jóvenes gaviotas patiamarillas (Larus michahellis). Por su plumaje creo que deben tener casi dos años, cuando empiezan a perder los colores pardos de su juventud y van adquiriendo el aspecto blanco de su edad adulta.

Se diría que una de ellas estaba algo tristona, ¿a que sí? Me acerqué con cuidado a esta gaviota, pero estas aves, aunque con su gesto altivo parezca que te están ignorando, no te quitan ojo de encima, así que empezó a saltar de almena en almena.

La gaviota iba dando saltitos con las alas medio abiertas. Al fin y al cabo, se ayuda de ellas para saltar.

Esta joven gaviota seguía acercándose a su vecina de almena, con las alas medio abiertas. Esto es lo que yo llamo pavonearse. A lo mejor para este caso debería decir “gaviotearse”.

Llegado este momento, empecé a pensar que esta gaviota había visto “Karate kid” y le había molado lo de la patada de la grulla, porque se estaba acercando a su vecina con toda chulería.

Al final, echó a su vecina de la almena en la que estaba tan tranquila. Capté el momento en esta foto, que quedó muy bien porque los rayos del sol del ocaso atravesaban las plumas de las alas de nuestra “Karate gaviota”.

Conseguí pasar junto a ellas manteniendo la distancia y sin que la karateca levantase de nuevo el vuelo, lo que me permitió hacerles esta última foto con la luz rojiza del ocaso bañándoles las plumas.

Y aquí acaba esta pequeña historia. Termino con un consejo: si vais por este castillo, no molestéis demasiado a las gaviotas que están en las almenas. Estos pájaros tienen su zona de cría en algunas de las laderas que bajan del castillo, y bastante tienen con mantener a raya a las urracas.

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