Stalin fue el primero en lanzar esa consigna contra los socialistas en 1924

El autor del señalamiento del disidente como ‘fascista’ y su contribución al auge del nazismo

Desde la primera mitad del siglo pasado, la situación política y las ideologías mayoritarias en Europa han cambiado notablemente, pero no ha cambiado una mala costumbre de la ultraizquierda.

El trampolín comunista de Hitler
De tiranos a socialdemócratas: así se disfrazó el comunismo de la antigua Europa marxista

Llaman ‘fascistas’ a personas que nada tienen que ver con el fascismo

A juzgar por la cantidad de veces que algunos llaman «fascistas» a sus rivales políticos, a veces da la impresión de que hoy hay más fascistas que en 1930. Pero no es así. El fascismo y el nacional-socialismo se han convertido en fenómenos puramente marginales, afortunadamente. Es algo digno de celebrar que esas dos ideologías totalitarias se hayan extinguido. Hay que decir que lo que muchos políticos y medios llaman erróneamente «ultraderecha» nada tiene que ver con el fascismo y menos aún con el nazismo. De hecho, la mayoría de esa mal llamada «ultraderecha» con partidos meramente conservadores o liberal-conservadores, que reciben ese injusto mote porque el centro-derecha se ha ido desplazando hacia la izquierda al asumir gran parte de sus tesis. Pero además, ¿es lógico llamar «extrema derecha» al fascismo y al nazismo?

El fascismo y el nazismo son dos formas de socialismo nacionalista

El fascismo y el nazismo son totalitarismos que no encajan bien en el esquema clásico de izquierda y derecha surgido de la Revolución Francesa. Su carácter anticomunista no les convierte en derechistas, desde luego. Recordemos que tanto el fascismo como el nacional-socialismo eran movimientos socialistas que, a diferencia del socialismo marxista (de corte internacionalista), habían adoptado una línea nacionalista. Benito Mussolini empezó su carrera política en el Partido Socialista Italiano. Tras su expulsión en 1914 fundó el periódico Il Popolo d’Italia, que mantuvo la definición de «socialista» en su cabecera hasta 1918. El periódico, que era un medio socialista de corte nacionalista, se convirtió cuatro años más tarde en el órgano oficial del régimen fascista. La línea ideológica del nazismo queda aún más clara con su propia denominación: lo que comúnmente se conoce como «Partido Nazi» se denominaba oficialmente «Partido Nacional-Socialista Obrero Alemán», partidario de un socialismo nacionalista.

El Estado corporativo que defendían el fascismo y el nazismo era un Estado antiliberal e intervencionista, igual que el comunismo. Es cierto que una parte de la derecha se vio fascinada por el fascismo por su anticomunismo, y también es cierto que entre esa derecha causó estupor el pacto suscrito entre Alemania y la URSS en 1939, con el que Hitler y Stalin invadieron y se repartieron Polonia, un país profundamente católico y conservador. A decir verdad, entre la izquierda de EEUU también hubo fascinación por el fascismo. El propio Roosevelt elogió a Mussolini en 1933. Uno de los economistas de referencia del socialismo actual, John Maynard Keynes, reconoció que su teoría «puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario» que en un modelo de libre mercado, y lo dijo en la edición alemana de su «Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero», publicada en 1936, ya con los nazis en el poder.

Fue la dictadura de Stalin quien ideó esa forma de criminalizar la disidencia

Lo que a menudo se olvida hoy, por otra parte, es el origen de esa fea costumbre de llamar «fascista» a todo el que discrepa de la izquierda o incluso de la extrema izquierda. El uso del término «fascista» para descalificar al disidente, y concretamente a los socialdemócratas, comenzó en la URSS durante el mandato del dictador y genocida Stalin. El quinto congreso de la Internacional Comunista, celebrado en Moscú entre junio y julio de 1924, emitió una «Resolución contra el fascismo» que afirmaba lo siguiente: «A medida que la sociedad burguesa continúa decayendo, todos los partidos burgueses, particularmente la socialdemocracia, adquieren un carácter más o menos fascista … El fascismo y la socialdemocracia son los dos lados del mismo instrumento de la dictadura capitalista. En la lucha contra el fascismo, por lo tanto, la social-democracia nunca puede ser un aliado de confianza del proletariado en lucha». Y todo esto, simplemente, porque los socialistas habían roto con los comunistas un año antes, en 1923, con la fundación de la Internacional Obrera y Socialista.

Acabaron llamando ‘fascistas’ incluso a los comunistas que discrepaban de Stalin

Desarrollando esos planteamientos de la Comintern, el 20 de septiembre de 1924 se publicó un artículo de Stalin titulado «Sobre la situación internacional», en el que el dictador afirmaba: «No es cierto que el fascismo sea solo la organización de lucha de la burguesía. El fascismo no es solo una categoría militar-técnica. El fascismo es la organización de lucha de la burguesía que cuenta con el apoyo activo de la socialdemocracia. La socialdemocracia es objetivamente el ala moderada del fascismo«. La difusión de esta disparatada tesis por parte de todos los partidos comunistas, que se limitaban a repetir las consignas que emitía Stalin desde Moscú, dio origen a una miserable forma de criminalizar la mera discrepancia de los dictados de Stalin, fuese quien fuese el discrepante. De hecho, esa forma de estigmatizar brutalmente toda disidencia acabó volviéndose contra no pocos de sus imitadores: entre 1937 y 1938, en plena Guerra Civil Española, una organización comunista trotskista, el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), fue disuelto siguiendo órdenes de Moscú, siendo sus dirigentes encarcelados e incluso asesinados bajo la falsa acusación de tener «reconocido carácter de organización fascista» y de formar parte de una «conjura fascista internacional».

Esta trivialización del fascismo contribuyó al auge del nazismo en Alemania

Antes de eso, al usar el adjetivo «fascista» contra todo el que les llevaba la contraria, los comunistas acabaron ayudando a trivializar el verdadero fascismo. Y es que si todo el que discrepaba de los comunistas era un «fascista», entonces el fascismo no debía ser tan malo, pensaron algunos. Además, como ya expuse aquí, esa torpeza de Stalin sirvió para debilitar la República de Weimar, cuyos gobiernos se basaron en gran medida en coaliciones entre socialdemócratas, centristas y populares. Con ello, los comunistas contribuyeron al auge del nazismo, incluso llegando a coincidir con los diputados nazis en numerosas ocasiones: de 241 cuestiones votadas en el Reichstag y en el parlamento estatal de Prusia en 1929 y 1930, nazis y comunistas votaron juntos en el 70% de las ocasiones. La violencia política de las milicias de ambos partidos (el Rot Front del Partido Comunista y las SA del Partido Nacional-Socialista) generaron un ambiente de inestabilidad, de inseguridad y de caos que fue muy propicio para Hitler, que acabó subiendo al poder en 1933. Cuando Stalin dio orden a los partidos comunistas de cambiar de estrategia y aliarse con anarquistas, socialistas e incluso con la izquierda burguesa para formar «frentes populares» contra el fascismo, ya era demasiado tarde.

Hoy siguen usando el mote incluso los sucesores de aquellos que fueron señalados con él

Lamentablemente, esta parte de la historia es poco conocida, y por eso muchos siguen abusando hoy de esas etiquetas que sólo sirven para banalizar al verdadero fascismo. Podemos dar gracias de que ese movimiento totalitario sea hoy puramente marginal, porque de otra forma, ahora mismo se estaría beneficiando de esa estúpida intolerancia de algunos hacia la discrepancia. De lo que no podemos estar tan tranquilos es de otro hecho: si bien el fascismo es hoy marginal, la que no es marginal es la extrema izquierda, desde la cual los comunistas siguen intentando criminalizar a todo el que no opina como ellos llamándole «fascista», a veces incluso con la inestimable -y suicida- colaboración de los socialistas y del centro-derecha, es decir, con la ayuda de los sucesores políticos de aquellos a los que los comunistas también señalaron como «fascistas». Olvidan, por lo visto, que allí donde mandan los comunistas, «fascista» es todo el que disiente, incluidos ellos, con las siniestras consecuencias que eso conlleva para el disidente.

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  1. Luis Carlos

    Abusan tanto de la falacia ad moderatio o del falso punto medio, de tachar de extremista radical o de fanático intransigente a todo aquel que no acepte determinados planteamientos, que al final le tomamos por el pito de un sereno, como se merecen.

    La gente poco a poco se va dando cuenta de la diferencia entre el que se toma la molestia en intentar dar argumentos y explicaciones al que está dispuesto a escuchar, a hacer preguntas que hagan pensar y provocar dudas, y el que recurre a la estrategia de humillar, ridiculizar, maltratar psicológicamente, pisotear la dignidad del que ose discrepar como castigo y así forzar a los demás a que le den la razón y le sigan la corriente como a los locos.

    Muchas veces la ficción nos avisa de los predicadores y personas religiosas que a principio parecen una gente muy maja, pero que son lobos con piel de cordero. ¿pero cuántas veces nos avisan de los que por la boca se autoproclaman defensores de la libertad contra la injusticia social y la opresión, y luego resultan ser como Robespierre y los jacobinos, cumpliendo las últimas palabras de madame Roland «¡OH LIBERTAD, CUÁNTOS CRÍMENES EN TU NOMBRE!»?

    No se puede defender la libertad si se olvida el respeto a la dignidad humana, la base de nuestros derechos, si con los hechos se demuestra que todo aquel que no acate su voluntad pierde sus derechos, su dignidad como persona. Es hora de dejar bien claro que los fanáticos en nombre de la religión han hecho muchísimo más daño que la inquisición.

    No son a los curas a los que hay que temer, sino a los que no se arrepienten ni avergüenzan de las torturas en las chekas, ni las inhumanas torturas en la prisión rumana de Pitesti, ni la revolución cultural de Mao, las purgas de Stalin o el holodomor en Ucrania.

    ¿Cuánto sufrimiento debe haber para que se quiten la venda del orgullo y se den cuenta que no todos los que se declaran promotores de la libertad y el progreso realmente lo son?

    Si te declaras antifascistas pero piensas que el estado con su autoridad debe obligar a todos los ciudadanos a actuar de la única manera correcta porque no confías en que las masas por propia voluntad use su libertad de forma sensata y responsable aunque tenga un punto de vista distinto al tuyo entonces eres un asqueroso hipócrita.

    No se puede defender la libertad si luego te dedicas a intentar humillar o hundir al pobre que ose decirte que no estás en posesión de la libertad.

    Jesús dijo que el árbol se conoce por sus frutos, y me parece que no se refería a los falsos profetas que eran lobos con piel de cordero, sino también a los demagogos y populistas en materia política. Ellos mismos se ponen en evidencia con sus propios actos. Se quejan de que los yankis puedan torturas a terroristas yijadistas, pero luego no tienen escrúpulos a la hora de «cazar fachas».

    Están actuando como personalidades tóxicas que ante la falta de verdaderos argumentos, o que no confían en ganar los debates, recurren a pisotear la dignidad del que ose discrepar como castigo a su osadía.

    Y nos estamos hartando de sus falacias de falsos dilemas, del rollo de que hay que hacer lo que ellos digan o de lo contrario o eres un necio o un canalla.

  2. JFM

    Escribe en una hoja de pale todas las caracteristicas del fascismo (Estado policia, etc) y tachas todod lo que se aplica al Comunismo y veras que todo concuerda

    Luego peinsa un opco ebn las teorias de Lenin: «el pueblo no es revolcaionario asi que una elite autoproclamada de revolucionarios profesionales hara la revolcion le guste o no y una vez en el, poder le llevara al comunismio de nuevo sin que el pubelo pueda decir si quiere ao no», pues si las examinas desapasionadalmente esas ideas son inequivocamente fascistas. Y eso empiez muxcho antes que Lenin con los revolciionarios del siglo XIX colo Netchayev

    O sea que el comunismo es un fascismo en general mas radical peo sin los unisformes

    PS1: El fascismo per se ni es racista ni es antisemoita, aunque lagunas variantes lo hayn sido. En los años 20 habia judios en las instancias dirigentes del Fascioo italiano y fue Mussolini el que dijo que la legislacion antisemita de Alemania era une vergüenza para Europa. Despues con el carcamiento a Alemania dio un giro hacia el antisemituismo para copacer au aliado pero es otra historia

    PS2: Los espacialistas ciencias politicas NO catalogan al Nazismo entre los facsimos. Ignoro la diferencia porque no soy de cienias politicas

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