¿El PP pactaría con antiguos colegas de Herri Batasuna que impiden una condena del nazismo?

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Entre las muchas barbaridades que se están lanzando desde las filas del PP estos días, una de las más chocantes es la que ha declarado Alberto Núñez Feijoo y que hoy comenta Luis del Pino en su blog. El presidente del PP de Galicia ha afirmado no tener reparos en pactar con el Blogue Nacionalista Gallego (BNG), eso sí, “sin renunciar a los principios”.

El BNG, todo hay que decirlo, es un gran desconocido para muchos españoles. Se ha hablado mucho del PNV, de CiU e incluso de ERC, pero pocos españoles saben exactamente en qué parámetros ideológicos se mueve el Bloque. Para ilustrar a los lectores de Batiburrillo, pondré a continuación algunas explicaciones al respecto.

El BNG es una coalición o frente de partidos de izquierda nacionalista que se formó en 1982. El partido hegemónico dentro del Bloque es la Unión del Pueblo Gallego (UPG), un partido maoísta a la vieja usanza en cuyos estatutos se leen cosas como ésta:

“La legislación penal y penitenciaria deberá basarse en los principios científicos de la prevención del delito y defensa racial

Creada en la clandestinidad del franquismo, la UPG mantuvo desde muy temprano contactos con los terroristas del IRA y su brazo político, el Sinn Fein, así como con grupos proetarras vascos. La propia UPG puso en marcha por aquellos tiempos un “Frente Armado”, dedicado a actividades terroristas y a la comisión de atracos. Pío Moa, entonces militante de los GRAPO, ha comentado en alguna ocasión que a los llamados “upegallos” se les conocía en el mundillo de la extrema izquierda como “la ETA sin cojones”.

El propio BNG mantuvo contactos, en la década de 1980, con el brazo político de ETA, Herri Batasuna. Por aquel entonces, el Bloque se negaba a acatar la Constitución, posición que acabó abandonando en 1989 ya que ello impedía la investidura de sus representantes electos.

Aunque Xosé Manuel Beiras condujo al BNG a posiciones ligeramente más moderadas, entablando estrechos vínculos con partidos de derecha como el PNV y CiU (el Bloque, curiosamente, mantiene malas relaciones con ERC), en la práctica esta formación ha seguido abanderando posiciones nacionalistas y de extrema izquierda que la sitúan a menudo en un discurso antisistema y dudosamente democrático.

Así, hemos visto recientemente como era expulsado del BNG un militante vigués de esta formación por el simple hecho de defender al Estado de Israel, o cómo un alcalde del Bloque denunciaba a un bloguero gallego ante los tribunales por un inexistente delito de apoyo a Israel. Pero el hecho más escandaloso tuvo lugar cuando este mismo año, el Bloque impidió que el Parlamento gallego emitiera una condena unánime del nazismo, condicionando el rechazo a éste a una condena contra Israel.

Con ser muy graves estas cosas, no son los únicos rasgos de extremismo que caracterizan la línea política de BNG. En el terreno lingüístico y educativo, y desde su entrada en el Gobierno autonómico de Galicia en 2005, el Bloque se ha caracterizado por una política de abierta discriminación de los gallegos castellanohablantes, participando en la elaboración de un Decreto educativo que privilegia a los gallegohablantes y discrimina a los alumnos cuya lengua materna es el castellano.

Los abusos del BNG no acaban ahí. Recientemente los del Bloque han anunciado que están elaborando una ley que obligará a los comerciantes gallegos a rotular sus tiendas en gallego, contemplando multas para aquellos que no se dobleguen ante esta imposición antidemocrática. Esta actitud totalitaria de los nacionalistas gallegos viene pareja a su apoyo entusiasta a la dictadura castrista en Cuba.

¿Es esto lo que piensa apoyar Núñez Feijoo? Me pregunto cómo un partido como el PP puede pactar algo con una formación izquierdista y nacionalista y de un carácter tan extremista como el BNG, una formación cuyos representantes han tachado a los del PP de “fascistas”. Esto, señor Núñez Feijoo, es ambicionar el poder a toda costa, pero sobre todo a costa de los principios y de la dignidad de los votantes y los afiliados de su propio partido.

El problema que plantean, de hecho, estas sorprendentes declaraciones del presidente del PP gallego es que, en realidad, le importan poco o nada los derechos de los gallegos, pisoteados estos últimos años por el nacionalismo hasta el hartazgo. Si el PP no está dispuesto a defender nuestros derechos y libertades, si renuncia a defender nuestra igualdad ante la ley, si se aviene incluso a hacer guiños al nacionalismo más radical con tal de que le dejen saborear la poltrona, ¿de qué sirve votar a este PP? ¿Qué cambiaría de esta Galicia dividida y enfrentada por los delirios de una minoría nacionalista? ¿Qué cambio notaríamos los gallegos que estamos sufriendo los abusos de esos mismos nacionalistas con los que flirtea ahora Núñez Feijoo?

(Image: Wikipedia)

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