{"id":161,"date":"2006-03-09T02:10:43","date_gmt":"2006-03-09T00:10:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.outono.net\/elentir\/?p=161"},"modified":"2006-03-09T02:10:43","modified_gmt":"2006-03-09T00:10:43","slug":"las-noches-gallegas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.outono.net\/elentir\/2006\/03\/09\/las-noches-gallegas\/","title":{"rendered":"Las noches gallegas"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" alt=\"\" hspace=\"0\" src=\"http:\/\/personal.telefonica.terra.es\/web\/noitedia\/contandoestrellas\/nochesgallegas.jpg\" align=\"baseline\" vspace=\"5\" border=\"0\" \/><br \/>\nAlgunas veces salgo a la ventana y veo todas las luces de Vigo en torno a la R\u00eda. Desde el final del crep\u00fasculo hasta las primeras noticias del alba, la ciudad est\u00e1 envuelta en una capucha anaranjada que casi no deja ver bien las estrellas. Me pregunto c\u00f3mo ser\u00eda esto en tiempos de los celtas, o ni siquiera tan lejos, basta con remontarse a los tiempos en los que no hab\u00eda luz el\u00e9ctrica. Vigo, esta manta de luces anaranjadas que cubre el lado sur de la R\u00eda, ser\u00eda un pozo de oscuridad en el que ni el alma m\u00e1s atrevida osar\u00eda adentrarse en plena noche.<\/p>\n<p>Las noches gallegas, si por tal se entienden aquellas en las que la luz est\u00e1 ausente en plena monta\u00f1a o junto al mar, han dado cobijo durante siglos a mitos y leyendas de lo m\u00e1s variados. El m\u00e1s conocido de todos, por supuesto, es el de la Compa\u00f1a, a la que la gente adjetiva como \"santa\" a pesar de que no tiene nada de beat\u00edfica. En los tiempos en que la Compa\u00f1a se ve\u00eda con m\u00e1s frecuencia, atravesar un bosque al atardecer era arriesgarte a que te sorprendiese la noche, y a que cualquier luz o sonido te jugase una mala pasada a la imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Recuerdo una noche que fui con unos amigos a hacer una especie de excursi\u00f3n nocturna en coche por la zona del Val Mi\u00f1or, que queda m\u00e1s o menos en el extremo sur de la R\u00eda de Vigo. Fuimos al mirador del monte Alba, que queda sobre la ciudad, y desde all\u00ed nos movimos hasta la falda m\u00e1s septentrional del Monte Aloya, a la que se puede acceder por la parroquia de Morgad\u00e1ns, ya en Gondomar. Morgad\u00e1ns es una zona rural, a la que se puede llegar desde Vigo a trav\u00e9s de un puente de piedra y por una carretera tortuosa de muchas curvas, toda rodeada de altos \u00e1rboles. No est\u00e1 muy poblada, pero al comienzo hay algunas casas. Hace a\u00f1os un peri\u00f3dico local dio noticia de la celebraci\u00f3n en este lugar de sacrificios sat\u00e1nicos en los que podr\u00edan haber participado pol\u00edticos de Vigo. No se volvi\u00f3 a hablar del tema, pero desde entonces hablar de Morgad\u00e1ns, lo que es a m\u00ed, me impone un poco de respeto.<\/p>\n<p>Por la carretera de Morgad\u00e1ns se asciende hasta la aldea de Prado, que es lo \u00faltimo que se encuentra antes de llegar al monte Aloya por el lado norte. Prado es poco m\u00e1s que un grupo de casas dispersas, con una hermita bastante aislada en medio de un prado verde. De Prado salen tres carreteras: una baja a Gondomar (la carretera por la que nosotros subimos desde Morgad\u00e1ns), otra sube al monte Aloya y otra, m\u00e1s estrecha, baja hasta el interior del valle con empinadas cuestas y por zonas muy boscosas. Esa noche nos metimos por esta \u00faltima carretera, muy estrecha y que empieza en un grupo de casas que se agolpan en una brusca cuesta. Algunas casas est\u00e1n abandonadas y tienen grabada en sus piedras su fecha de construcci\u00f3n: hace m\u00e1s de dos siglos.<\/p>\n<p>Pasadas estas casas, ya s\u00f3lo hay bosque. Un bosque que oculta por momentos la carretera, rode\u00e1ndola por lo alto con las ramas de los \u00e1rboles. Reconozco que de noche es un sitio que da bastante miedo... Esa noche nos metimos con cuidado por ese camino. Digo con cuidado porque hay sitios por los que apenas cabe un coche, de lo estrecha que es la senda. A medio camino nos paramos junto a un terrapl\u00e9n. M\u00e1s abajo se o\u00eda el sonido del agua pasar, pues hay un r\u00edo. All\u00ed, abandonado por el tiempo, roto por el paso de los a\u00f1os, est\u00e1 todav\u00eda un viejo molino de agua, construido siglos atr\u00e1s. La maleza rellena las estancias huecas de su desplomada construcci\u00f3n, que sigue siendo recorrida por la corriente incesante que baja de la monta\u00f1a. Vi\u00e9ndolo pensaba en las gentes que lo habr\u00edan usado mucho tiempo atr\u00e1s, d\u00e1ndole vida y haci\u00e9ndole vivir sus mejores a\u00f1os. Nadie quedaba all\u00ed, y el molino parece un ni\u00f1o solo, olvidado, triste y resentido con la civilizaci\u00f3n que se despidi\u00f3 de \u00e9l para siempre en medio de aquel bosque.<\/p>\n<p>Con el coche detenido, recuerdo haber apagado las luces del coche... y entonces me di cuenta de lo que es una noche gallega. Est\u00e1bamos en la m\u00e1s absoluta oscuridad. Ni una luz, rodeados de \u00e1rboles, con el sonido del r\u00edo alborotando el ritmo de nuestros latidos. Si alguien o algo se hubiera plantado a nuestro lado en ese momento, habr\u00edamos sido incapaces de verlo o de o\u00edrlo. En medio de la oscuridad, los ojos ciegos, los o\u00eddos sordos, la imaginaci\u00f3n se convierte en el sentido dominante del cuerpo. Cualquier sombra, hasta la m\u00ednima variaci\u00f3n en la profunda negrura del manto tenebroso de la noche, o siquiera una leve alteraci\u00f3n en el ritmo del agua, suponen una vuelta de rosca a una mente incapaz de descansar en un entorno como \u00e9se.<\/p>\n<p>Cuando volv\u00ed a encender las luces del coche y seguimos nuestro camino, recuerdo sentir la impresi\u00f3n de dejar atr\u00e1s, de haber roto quiz\u00e1s un instante en el que nosotros dejamos de ser nosotros para ser n\u00e1ufragos en un entorno que absorve el miedo para convertirlo en substancia. La \"negra sombra\" que vers\u00f3 Rosal\u00eda, mezcla de temor, de angustia, de leyendas y de cuentos olvidados que renacen al anochecer, estaba all\u00ed con nosotros, viva, a nuestro lado, palpitando en nuestros corazones temerosos, sabiendo que est\u00e1bamos a su alcance, hasta que nos escapamos de ella.<\/p>\n<p>Ahora, mientras escribo estas l\u00edneas, la oscuridad vuelve a reinar en aquel rinc\u00f3n inh\u00f3spito donde el viejo molino de agua, penetrado por la maleza, sigue ara\u00f1ando la corriente en un interminable lamento de agua que parece cantar una triste nana a los \u00e1rboles para que intentar que ya nunca jam\u00e1s se despierten. Y yo, aqu\u00ed, en Vigo, a la orilla de una R\u00eda en la que la noche ya nunca es noche, me pregunto si la negra sombra seguir\u00e1 esperando a que volvamos, quiz\u00e1s a que alguno de nosotros sea de nuevo lo bastante imprudente como para tentar a la curiosidad y regresar a ese viejo camino donde los \u00e1rboles no dejan pasar siquiera los brillos de la luna llena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algunas veces salgo a la ventana y veo todas las luces de Vigo en torno a la R\u00eda. Desde el final del crep\u00fasculo hasta las primeras noticias del alba, la ciudad est\u00e1 envuelta en una capucha anaranjada que casi no deja ver bien las estrellas. 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