{"id":30851,"date":"2015-10-18T17:52:34","date_gmt":"2015-10-18T15:52:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.outono.net\/elentir\/?p=30851"},"modified":"2020-11-16T00:08:38","modified_gmt":"2020-11-15T23:08:38","slug":"tiempo-de-fantasmas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.outono.net\/elentir\/2015\/10\/18\/tiempo-de-fantasmas\/","title":{"rendered":"Tiempo de fantasmas"},"content":{"rendered":"<p><strong>Con la llegada del oto\u00f1o los d\u00edas empiezan a perder la abundante luz del verano.<\/strong> Las calles adquieren m\u00e1s sombras, la noche gana terreno al poderoso brillo del sol. Es el momento ideal para que visiones quim\u00e9ricas empiecen a cobrar vida por doquier.<!--more--><\/p>\n<p>De esas visiones habr\u00eda que precisar su significado. Seg\u00fan el diccionario, <strong>una quimera es <em>\"aquello que se propone a la imaginaci\u00f3n como posible o verdadero, no si\u00e9ndolo\"<\/em>.<\/strong> Aunque existen muchas discusiones sobre ello, parece haber un com\u00fan acuerdo en que los fantasmas son manifestaciones espectrales de personas que ya murieron. Tendr\u00edan, as\u00ed, algo de verdadero. Pero me temo que este concepto popular de los fantasmas est\u00e1 equivocado, o al menos no coincide con los que veo tan a menudo. <strong>La mayor\u00eda de esos fantasmas no son de personas muertas, sino de vivos.<\/strong><\/p>\n<p>El romanticismo situ\u00f3 a esos fantasmas de los muertos en lugares ruinosos y solitarios, en caserones viejos o abandonados, cementerios y lugares encantados como bosques o estanques. Todo lugar que despertaba temor era susceptible de estar habitado por alg\u00fan alma que se hab\u00eda quedado a medio camino de esta vida y de la otra. E igual que esos lugares, <strong>los fantasmas de los muertos se han acabado asociando al miedo<\/strong>. En una sociedad donde cada vez se duda m\u00e1s de la transcendencia, la posibilidad de que se manifieste el esp\u00edritu de un muerto resulta aterradora porque quiebra la marm\u00f3rea l\u00f3gica de la raz\u00f3n, esa raz\u00f3n a la que hoy confiamos la explicaci\u00f3n de todas las cosas. <strong>Sin embargo, los fantasmas m\u00e1s abundantes, los de los vivos, deambulan por las calles entre nosotros.<\/strong> Les vemos en una esquina, detr\u00e1s de una columna perfectamente iluminada, en el interior de una cafeter\u00eda abarrotada de gente o en una sala de cine. Esperan junto a nosotros en la parada del autob\u00fas, y a menudo suben, aunque casi nunca bajan con nosotros. <strong>A diferencia de lo que marca el folclore sobre los fantasmas de los muertos, esos espectros de los vivos ya no nos ven ni nos oyen. No saben que estamos aqu\u00ed.<\/strong> Si hablan y se dejan ver, si llegamos a sentir su calor o incluso percibimos su olor en alg\u00fan momento, lo hacemos sin que ellos sepan que les percibimos. <strong>Se han quedado solos.<\/strong> Esos fantasmas no inspiran temor, aunque s\u00f3lo sea por el hecho de que les conocemos.<strong> No tenemos que preguntarles sus nombres: los sabemos.<\/strong> Y lejos de hacernos sentir escalofr\u00edos, nos provocan alguna sonrisa, pero sobre todo nos hacen sentir nostalgia y tristeza.<\/p>\n<p>En vez de frecuentar s\u00e1banas y cadenas, a esos fantasmas de vivos <strong>les he visto por Vigo, en pantalones vaqueros y con camisetas viejas<\/strong>, jugando eternas partidas del Monopoly o de ajedrez en el Wetteren un s\u00e1bado por la noche, o en el Madison, viendo los planos de Nueva York y la vela encendida ante la foto de las Torres Gemelas un 11 de septiembre, al caer la noche. Pasean por las calles cantando groser\u00edas, creyendo que a\u00fan podr\u00e1n escandalizar a alguien, ahora que ya nadie les escucha, salvo yo. Caminan por los bosques de Breto\u00f1a, pasean por el Vao y por Patos, se duermen con el rumor de las olas en Moug\u00e1s y se asoman a los acantilados en Estaca de Bares. Ni siquiera tengo que estar all\u00ed para verlos. Me topo con ellos a menudo cuando atravieso las calles del casco viejo de Santiago. A\u00fan enfr\u00edan mis guantes, y se quedan mirando en la distancia en el balc\u00f3n de los jardines de la Herradura. No pocas veces, al volante, me los encuentro mirando el paisaje en el asiento del acompa\u00f1ante, o agitando la cabeza al comp\u00e1s del guitarreo de la Rapsodia Bohemia de Queen. A veces a\u00fan les veo bailando tangos en el Camale\u00f3n. <strong>Poco a poco se hacen m\u00e1s difusos, como si un banco de niebla nos fuese separando muy lentamente<\/strong>, y sus voces se convierten en ecos en los que se distinguen las palabras con cada vez m\u00e1s dificultad.<\/p>\n<p><strong>Muy pocos de esos fantasmas de vivos lo ser\u00e1n a\u00fan cuando les llegue la muerte.<\/strong> Por unos a\u00f1os, tal vez, se volver\u00e1n m\u00e1s claros, como si un deseo de inmortalidad terrenal les quisiese anclar en las cosas que nos rodearon alguna vez, pero <strong>en cuanto nosotros pasemos el umbral del fin de la vida, la mayor parte de ellos se ir\u00e1 con nosotros.<\/strong> Porque esos fantasmas, que parecen haberse acomodado en nuestras calles y plazas, en cines o bares, incluso en discotecas, se esfumar\u00e1n cuando ya no estemos aqu\u00ed para recordarlos. Ese d\u00eda s\u00f3lo quedar\u00e1n de ellos fotos y v\u00eddeos que apenas mostrar\u00e1n una m\u00ednima parte de lo que fueron. Tarde o temprano les encontraremos all\u00e1 a donde vayamos a parar en la otra vida, y entonces <strong>nos reiremos de la cantidad de veces que nos ve\u00edamos los unos a los otros -yo tambi\u00e9n soy uno de sus fantasmas- sin que pudi\u00e9semos vernos.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con la llegada del oto\u00f1o los d\u00edas empiezan a perder la abundante luz del verano. Las calles adquieren m\u00e1s sombras, la noche gana terreno al poderoso brillo del sol. 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