{"id":87,"date":"2006-05-20T04:25:45","date_gmt":"2006-05-20T02:25:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.outono.net\/elentir\/?p=87"},"modified":"2010-02-03T02:43:52","modified_gmt":"2010-02-03T01:43:52","slug":"mi-mar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.outono.net\/elentir\/2006\/05\/20\/mi-mar\/","title":{"rendered":"Mi mar"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" alt=\"\" hspace=\"0\" src=\"http:\/\/personal.telefonica.terra.es\/web\/noitedia\/contandoestrellas\/praiapatos.jpg\" align=\"baseline\" vspace=\"5\" border=\"0\" \/><br \/>\nSiempre digo que yo ser\u00eda incapaz de vivir sin este viejo amigo cerca de m\u00ed. Cuando voy a dar una vuelta por el borde sur de la R\u00eda, salgo por el nudo de Bouzas a la glorieta que lleva a Samil, y desde ah\u00ed sigo todas las carreteras que pasan lo m\u00e1s cerca de \u00e9l, incluso peque\u00f1os caminos que no conoce mucha gente. Es como si un im\u00e1n me fuese llevando con \u00e9l.<\/p>\n<p>Cada vez que viajo a Madrid, algo que hago con cierta frecuencia, me pican los ojos, la nariz y las manos por la falta de humedad. Soy gallego de costa, vivo al amparo del mar y ya soy parte del mar, como todos los de aqu\u00ed. Cuando me alejo de \u00e9l es como si me evaporase, como si le echase en falta incluso sin darme cuenta.<\/p>\n<p>Cuando fue el accidente del Prestige, recuerdo acercarme con frecuencia al paseo que rodea Monte Lourido, al final de Playa Am\u00e9rica. En un tramo hay un abierto desde el que se pueden ver bien Baiona y el castillo de Monterreal. Y el mar, claro. Sol\u00eda apagar el coche y pararme a escuchar las olas, y mirar a lo lejos, a ver si el \"veneno negro\" se acercaba ya. En aquellos d\u00edas fu\u00edmos muchos los gallegos, especialmente los habitantes de la R\u00eda de Vigo, a los que se nos calleron las l\u00e1grimas pensando en lo que le hab\u00eda pasado a nuestro viejo amigo. Todav\u00eda tengo presentes las playas de Corrubedo y Carnota, y la espuma saliendo negra de las olas -s\u00ed, negra, aunque parezca imposible-, mientras nosotros luch\u00e1bamos con nuestras propias manos por levantar aquellas l\u00e1grimas de petr\u00f3leo que lloraba nuestro querido oc\u00e9ano. <\/p>\n<p>Quien no ha vidido toda su existencia junto a \u00e9l no es posible que lo entienda, y tomar\u00e1 estas l\u00edneas como las palabras de un loco. Y s\u00ed, lo confieso: soy un loco, un loco de mar. El mar es nuestra alma, nuestra vida, nuestro destino. Las viejas leyendas gallegas dicen que partimos hacia \u00e9l cuando morimos, desde los \"cabos do mundo\", para no volver. Y es \u00e9l quien trae a las playas, como la Lanzada -que es la playa de los muertos-, los restos de los que perecen en su seno. Las estrellas nos gu\u00edan a trav\u00e9s de \u00e9l, y es \u00e9l quien ha acompa\u00f1ado a los nuestros a trav\u00e9s de medio mundo, consol\u00e1ndoles en los tristes d\u00edas de la emigraci\u00f3n. <\/p>\n<p>Nunca he visto con mis propios ojos el Mediterr\u00e1neo, aunque parezca mentira. Me han contado como es, y lo he visto por la tele... un mar c\u00e1lido, sin fuerte oleaje, casi sin mareas, de playas planas y clima c\u00e1lido. No me imagino un mar as\u00ed. Nosotros vivimos junto a un mar bravo, fr\u00edo, violento y a la vez tierno con nosotros, de costas agrestes y playas pronunciadas que \u00e9l recorre dos veces cada d\u00eda, subiendo a vernos con la pleamar y bajando a jugar con las algas en la bajamar. Es un mar inmenso que no se detiene hasta llegar al otro lado del mundo, cuya llamada nos transmite en cada ola. Nuestra vista se pierde en el misterio de su inmensidad, al tiempo que nuestras manos lo acarician en las playas de la R\u00eda, con el cari\u00f1o de quien mima a un ser querido que estaba aqu\u00ed cuando llegamos y que seguir\u00e1 aqu\u00ed cuando nosotros ya no estemos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre digo que yo ser\u00eda incapaz de vivir sin este viejo amigo cerca de m\u00ed. 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