En el día de la canonización de un Papa que dejó una profunda huella

San Juan Pablo II: diez claves de su pensamiento para un mundo mejor

Hoy la Iglesia Católica celebra la canonización del más grande de los papas de nuestra época. A mis 38 años reconozco, con orgullo, que soy uno de muchos católicos que se sienten como parte de la ‘generación de Juan Pablo II’. La semana que viene hará 11 años que estuve en Madrid en la misa de canonización que ofició él, y seguramente sin esa magnífica experiencia no estaría escribiendo este blog.

Todos los días llevo en mi cartera una estampa con su imagen que me trajo mi hermano pequeño de Roma poco antes de la muerte de Karol Wojtyla. Al entrar en mi hogar una de las primeras cosas que te encuentras es su retrato. Ha sido el santo al que más veces he acudido pidiendo intercesión desde que se fue a la Casa del Padre, y a él le debo mucha de la ayuda que he recibido en los momentos más difíciles, esos momentos en los que uno se aferra a la esperanza como a un clavo ardiendo. Su pensamiento ha sido, además, uno de los que más me ha influido, y como en este blog trato de asuntos de actualidad sobre España y el mundo, hoy os traigo diez citas de este gran Papa para un mundo mejor, más libre y más justo. Obviamente, son una muy pequeña parte de la cantidad enorme de sabias palabras que nos dejó Juan Pablo II para abordar los asuntos más diversos. Desde aquí os animo a profundizar en su obra para recordar y revivir aquellas cosas que muchas veces damos por hechas pero que lamentablemente solemos olvidar.

“Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No te enorgullezcas por tus conquistas hasta olvidar sus posibles consecuencias negativas. No te deprimas por la pérdida cuantitativa de tu grandeza en el mundo o por las crisis sociales y culturales que te afectan ahora. Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo. Los demás continentes te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: «lo puedo».” (Discurso en Santiago de Compostela en su primer viaje apostólico a España, 9 de noviembre de 1982)

Reconocer la solidaridad social de la familia humana comporta la responsabilidad de construir sobre aquello que nos une. Esto significa promover eficazmente y sin excepción alguna la igual dignidad de todos los seres humanos dotados de determinados derechos fundamentales e inalienables. Esto afecta a todos los aspectos de nuestra vida individual así como a nuestra vida en la familia, en la comunidad en que vivimos y en el mundo. Una vez aceptado el hecho de que todos somos hermanos y hermanas en el seno de la humanidad, podremos consiguientemente modelar nuestras actitudes en la vida en la perspectiva de la solidaridad que a todos nos hace una sola cosa. Esto es verdad de modo especial en lo que se refiere al proyecto básico y fundamental de construir la paz.” (Mensaje para la XX Jornada Mundial por la Paz, 1 de enero de 1987)

Las causas morales de la prosperidad son bien conocidas a lo largo de la historia. Ellas residen en una constelación de virtudes: laboriosidad, competencia, orden, honestidad, iniciativa, frugalidad, ahorro, espíritu de servicio; cumplimiento de la palabra empeñada, audacia; en suma, amor al trabajo bien hecho. Ningún sistema o estructura social puede resolver, como por arte de magia, el problema de la pobreza al margen de estas virtudes; a la larga, tanto el diseño como el funcionamiento de las instituciones reflejan estos hábitos de los sujetos humanos, que se adquieren esencialmente en el proceso educativo y conforman una auténtica cultura laboral.” (Discurso a los delegados de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Santiago de Chile, 3 de abril de 1987)

La Iglesia reconoce la justa función de los beneficios, como índice de la buena marcha de la empresa. Cuando una empresa da beneficios significa que los factores productivos han sido utilizados adecuadamente y que las correspondientes necesidades humanas han sido satisfechas debidamente. Sin embargo, los beneficios no son el único índice de las condiciones de la empresa. Es posible que los balances económicos sean correctos y que al mismo tiempo los hombres, que constituyen el patrimonio más valioso de la empresa, sean humillados y ofendidos en su dignidad. Además de ser moralmente inadmisible, esto no puede menos de tener reflejos negativos para el futuro, hasta para la eficiencia económica de la empresa.” (Encíclica Centesimus Annus, 1 de mayo de 1991)

“Después de la caída, en muchos países, de las ideologías que condicionaban la política a una concepción totalitaria del mundo —la primera entre ellas el marxismo—, existe hoy un riesgo no menos grave debido a la negación de los derechos fundamentales de la persona humana y a la absorción en la política de la misma inquietud religiosa que habita en el corazón de todo ser humano: es el riesgo de la alianza entre democracia y relativismo ético, que quita a la convivencia civil cualquier punto seguro de referencia moral, despojándola más radicalmente del reconocimiento de la verdad. En efecto, «si no existe una verdad última —que guíe y oriente la acción política—, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia»” (Encíclica Veritatis Splendor, 6 de agosto de 1993)

Hoy una gran multitud de seres humanos débiles e indefensos, como son, concretamente, los niños aún no nacidos, está siendo aplastada en su derecho fundamental a la vida. Si la Iglesia, al final del siglo pasado, no podía callar ante los abusos entonces existentes, menos aún puede callar hoy, cuando a las injusticias sociales del pasado, tristemente no superadas todavía, se añaden en tantas partes del mundo injusticias y opresiones incluso más graves, consideradas tal vez como elementos de progreso de cara a la organización de un nuevo orden mundial.” (Encíclica Evangelium Vitae, 25 de marzo de 1995)

Las revoluciones no violentas de 1989 han demostrado que la búsqueda de la libertad es una exigencia ineludible que brota del reconocimiento de la inestimable dignidad y valor de la persona humana, y acompaña siempre el compromiso en su favor. El totalitarismo moderno ha sido, antes que nada, una agresión a la dignidad de la persona, una agresión que ha llegado incluso a la negación del valor inviolable de su vida.” (Discurso a la quincuagésima Asamblea General de las Naciones Unidas. Nueva York, 5 de octubre de 1995)

No hay que tener miedo de la diversidad. En efecto, cada cultura es un testimonio del esfuerzo incesante y notable realizado por la humanidad para interpretar el misterio de Dios, del mundo y del hombre. En este camino, que, para toda nación se traduce en valores, instituciones y cultura, pueden existir también límites y errores, que la ley moral universal inscrita en el corazón humano y el mismo intercambio intercultural ayudarán a superar. Consideradas en esa perspectiva, las diferencias se convierten en una riqueza común de toda la humanidad.
Con todo, no hay que confundir la defensa y la promoción de la propia identidad nacional con la insana ideología del nacionalismo, que induce al desprecio de los demás. En efecto, una cosa es el justo amor al propio país, y otra muy diferente el nacionalismo que enfrenta a los pueblos entre sí. Ese nacionalismo es profundamente injusto, porque es contrario al deber de la solidaridad, y provoca reacciones y enemistades en las que se desarrollan los gérmenes de la violencia y la guerra.”
(Audiencia general del 11 de octubre de 1995)

El terrorismo nace del odio y engendra aislamiento, desconfianza y exclusión. La violencia se suma a la violencia, en una trágica espiral que contagia también a las nuevas generaciones, las cuales heredan así el odio que ha dividido a las anteriores. El terrorismo se basa en el desprecio de la vida del hombre. Precisamente por eso, no sólo comete crímenes intolerables, sino que en sí mismo, en cuanto recurso al terror como estrategia política y económica, es un auténtico crimen contra la humanidad.” (Mensaje para la XXXV Jornada Mundial de la Paz, 11 de diciembre de 2001)

Al dar gracias al Señor por tantos dones que ha derramado en España, os invito a pedir conmigo que en esta tierra sigan floreciendo nuevos santos. Surgirán otros frutos de santidad si las comunidades eclesiales mantienen su fidelidad al Evangelio que, según una venerable tradición, fue predicado desde los primeros tiempos del cristianismo y se ha conservado a través de los siglos.
Surgirán nuevos frutos de santidad si la familia sabe permanecer unida, como auténtico santuario del amor y de la vida. “La fe cristiana y católica constituye la identidad del pueblo español”, dije cuando peregriné a Santiago de Compostela. Conocer y profundizar el pasado de un pueblo es afianzar y enriquecer su propia identidad ¡No rompáis con vuestras raíces cristianas! Sólo así seréis capaces de aportar al mundo y a Europa la riqueza cultural de vuestra historia.
(Misa de canonización en la Plaza de Colón de Madrid durante su último viaje apostólico a España, 4 de mayo de 2003)

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Comentarios (Blog):

  1. Kalikatres

    Más claro y lúcido no cabe.:(

  2. sofia saxe ivanovna

    ¿Quisiera saber quién representó a la EU en la Canonización de este Gran Hombre gran Pensador y Gran Santo?

  3. Sofía, ¿te refieres a la Unión Europea?

  4. sofia saxe ivanovna

    Si me refiero a algún persona de la Presidencia de la unión Europea.

  5. Estaban José Manuel Durão Barroso y alguno más.

  6. sofia saxe ivanovna

    Muchas gracias.

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