Los colombianos rechazan en referéndum que su país se rinda ante el crimen

Colombia no es Chamberlain: gran lección de dignidad al no humillarse ante las FARC

«A nuestra patria se le ofreció entre la humillación y la guerra. Ya aceptamos la humillación y ahora tendremos la guerra.» Esto se lo dijo Churchill a Neville Chamberlain en el otoño de 1938.

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El apaciguamiento: responder a un chantaje eligiendo el deshonor

Chamberlain había llegado a un acuerdo con Hitler por el que el Reino Unido dejaba a Checoslovaquia a los pies de los nazis. El entonces primer ministro británico argumentó su claudicación ante el Tercer Reich con estas palabras: «sería terrible para nosotros prepararnos para una guerra motivada por un pueblo lejano y por gentes de las que nada sabemos». La actitud de Chamberlain ha pasado a la historia como el más claro ejemplo de la política del apaciguamiento, es decir, de la búsqueda de la paz a cualquier precio, incluso pagando el coste de someter a todo un pueblo a los caprichos de una banda de criminales y fanáticos como Hitler y sus seguidores. Al final, la cobardía de Chamberlain sólo sirvió para proporcionar a los nazis más recursos para la guerra que se avecinaba. Millones de seres humanos pagaron con sus vidas ese acto de cobardía.

Colombia, llamada a las urnas para votar el chantaje de las FARC

Ayer los colombianos tenían ante sí la misma elección que tuvo Chamberlain en su momento. Colombia acudía a las urnas a votar un chantaje, no un plan de paz, pues sólo puede calificarse como una forma de extorsión que se pretenda someter a todo un pueblo a los caprichos de una banda de criminales señalando que, de no aceptar las abusivas condiciones de las FARC, el resultado sería que éstas siguiesen matando. El vergonzoso acuerdo entre Santos y las FARC habría dejado impunes los crímenes de los narcoterroristas, que han amasado una enorme fortuna mediante el tráfico de drogas, los secuestros y otro tipo de crímenes. Una fortuna ilícita que las FARC no tendrían que invertir en compensar a los familiares de sus más de 200.000 víctimas, pues ese deber lo asumiría el Gobierno con el dinero del contribuyente, según lo pactado.

Las FARC habrían tenido 10 escaños aunque la gente no les votase

Los acuerdos, además, no comprometían esa fortuna obtenida por las FARC mediante medios ilícitos, de modo que las FARC podrían servirse del dinero conseguido con sus crímenes para convertirse en el más rico de los partidos colombianos. Pero por si los ciudadanos de ese país -conocedores del largo historial de crímenes de esa banda criminal marxista- decidían no votarles, Santos aseguró a las FARC 5 escaños en el Congreso y 5 en el Senado durante dos legislaturas (ocho años) aunque no tuviesen los votos necesarios. A todo lo anterior hay que añadir que, según el propio contenido de los acuerdos tal como ha denunciado el expresidente colombiano Andrés Pastrana, las FARC seguirían siendo un poderoso cártel de la droga, pero con la ventaja de no afrontar la persecución de la que han sido objeto por parte del Estado colombiano.

Se habrían formado tribunales con presencia de los terroristas

El acuerdo entre Santos y las FARC era una repugnante bajada de pantalones de un país democrático ante una banda de asesinos y narcos de ideología ultraizquierdista, hasta tal punto que Pastrana lo tachó, con razón, de «golpe de Estado». A modo de ejemplo, y según ha denunciado el expresidente, en el tema de la justicia estaba previsto crear tribunales que «la mitad los van a conformar la guerrilla y la otra el gobierno». Pastrana puso un ejemplo de lo que significaría algo así en España si se aplicasen aquí esos acuerdos: «¿Usted se sometería a un tribunal en el que la ETA configura la mitad del tribunal y el Gobierno de España la otra mitad para que le juzguen a usted? ¿Para que juzguen a José María Aznar, a Mariano Rajoy, a los magistrados, a los periodistas, a los empresarios en Colombia?» Lamentablemente, en España no hubo ningún referéndum para preguntarnos por los pactos entre el gobierno de Zapatero y ETA, unos pactos que a día de hoy siguen siendo secretos, pues el gobierno de Rajoy se ha negado a desvelarlos, pero de los que ya tenemos clara una de sus claves: la vuelta de las marcas electorales etarras a las instituciones, sin que ETA haya entregado las armas ni se haya disuelto. Lo ocurrido en España fue una indignidad y un ultraje a las víctimas, la cesión a un chantaje cínicamente disfrazado de paz.

Los colombianos han dicho ‘no’ a que su país se humille ante las FARC

En el caso de Colombia la cosa no ha sido así. Por un escaso margen, los colombianos han rechazado el acuerdo firmado entre Santos y los narcoterroristas de las FARC. Como demócrata no puedo hacer otra cosa que felicitar a los que han votado para rechazar ese chantaje, porque se han ahorrado la vergüenza de ver a los asesinos y a sus cómplices en las instituciones, burlándose de sus víctimas y de la Justicia, como ha ocurrido en España. Sé que el resultado de este referéndum puede implicar que las FARC vuelvan a matar, pero el Estado tendrá que afrontar ese reto como debe hacer todo Estado de Derecho: persiguiendo a los criminales y llevándoles a prisión, o abatiéndolos si no queda más remedio para evitar que sigan haciendo daño. Una democracia no puede ponerse de rodillas ante cualquiera que amenace con matar a inocentes. La mayoría de los colombianos han entendido esta verdad que otros países, lamentablemente, han olvidado. Con ello, los colombianos nos han dado una lección de dignidad y de libertad. Si en su lucha contra el crimen necesitan el apoyo exterior, habrá que volcarse en apoyarles. Lo que no tendría ningún sentido es que Colombia viva un desfile de mandatarios extranjeros para bendecir su rendición ante las FARC, y no cuente con la ayuda de esos mismos mandatarios cuando se trata de combatir al crimen.

(Foto original: Martin St-Amant / Wikimedia)

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Comentarios (Blog):

  1. Javier

    Viva Colombia y los colombianos – vaya ejemplo digno que estan dando.

  2. Sharovarov

    ¿Qué hacía por allí el cardenal Parolin?

  3. pacococo

    El problema ha sido la participación, poco más de un 37 %, no sé si eso será suficiente. Pero los que han participado han dicho no, con lo que sale como un 35 % del censo y eso si es significativo. Aquí hacen palmas con las orejas si en un refrendo sale un 35 % del censo con el sí.

    Supongo que la guerrilla tendrá que ceder.

  4. Santos había dicho que bastaba con una participación del 13% y con que el «sí» ganase la votación, aunque fuese por poco, para someter a Colombia a los caprichos de las FARC. Ahora se tiene que comer el resultado.

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