Un medio buscaba racismo y destapó una ola de criminalidad entre refugiados

Un bar izquierdista de Viena veta a refugiados y afirma sin rubor el motivo al ser preguntado

El pasado miércoles, un periódico semanal austriaco de ultraizquierda, Falter, publicó un reportaje sobre una investigación encubierta denunciando el “racismo” de diversos bares vieneses.

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El medio de ultraizquierda quería probar el racismo de los bares vieneses

El semanario envió a tres refugiados -dos afganos y un turco- intentando acceder a varios bares vieneses. En la zona más concurrida de la capital austriaca, ocho bares vetaron a los refugiados alegando que sólo daban acceso a clientes habituales, que en ese momento tenían el local reservado para eventos privados o que ya había demasiados hombres en el recinto. Sin embargo, seis de esos bares permitieron -minutos después- el acceso de tres jóvenes austriacos, también enviados por el semanario de ultraizquierda. Entre los lugares que vetaron a los refugiados había bares y discotecas, pero también clubes de rock alternativo, sitios con fama de tolerancia.

Falter acusó también a un bar cuyo propietario es izquierdista

La paradoja, según apunta el diario digital Voices of Europe, es que los refugiados también fueron vetados en el bar “Beisls mit Charakter”, cuyo dueño es un izquierdista. El digital austriaco Wochen Blick señala que ese local luce una pegatina con el lema “Fuck FPÖ”, en señal de rechazo al Freiheitliche Partei Österreichs (Partido de la Libertad de Austria), una formación conservadora que ha alertado contra los riesgos de la inmigración masiva y de la islamización del país.

Falter acabó destapando una ola de criminalidad entre los refugiados

Cuando Falter preguntó al dueño del “Beisls mit Charakter” por los motivos de su veto a los refugiados, el hostelero acabó poniendo en un aprieto al semanario de ultraizquierda. Y es que Falter pretendía demostrar que los dueños de esos bares tienen prejuicios contra determinadas personas por motivos racistas, pero lo que acabó destapando esta investigación fue la ola de criminalidad que están protagonizando eso refugiados. El dueño del “Beisls mit Charakter” señaló que en un solo fin de semana ha llegado a tener 80 hurtos a manos de carteristas, y que a consecuencia de ello sus ventas se redujeron a la mitad, ya que los clientes habituales -y especialmente a las mujeres- preferían quedarse en casa. Una empleada del bar se quejó de haber sido maltratada y acosada sexualmente por refugiados.

¿Las altas tasas de criminalidad entre refugiados no deberían ser también investigadas?

En otros bares -entre ellos también otros recintos con propietarios izquierdistas-, Falter se encontró con situaciones muy parecidas. “Si mantienes una política de admisión muy abierta, la cantidad de acosos sexuales, carteristas y delitos relacionados con las drogas en el bar aumenta mucho”, declaró el propietario de otro bar. “Especialmente, los grupos de hombres jóvenes del norte de África o del sur de Asia siempre causan problemas”, añadió. En lugar de acusar de racismo a quienes quieren velar por el bienestar y la seguridad de sus clientes, Falter debería investigar por qué este tipo de delitos se da con tanta frecuencia entre jóvenes refugiados. A lo mejor el problema que hay que atajar, en primer lugar, es el que provocan algunos extranjeros que no respetan las leyes ni las costumbres de los países que les acogen. Un problema que está siendo especialmente grave en lo que respecta a los acosos sexuales y violaciones contra mujeres por parte de refugiados, la formación de grupos islamistas que dan apoyo a yihadistas, y la aparición de zonas urbanas controladas por inmigrantes y en las que la Policía ya no se atreve a entrar.

(Foto: Wien.info)

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  1. pacococo

    ¡Ah, la izquierda! ¡Con su superioridad moral! Ante esto se ,e ocurre el viejo dicho:

    Una cosa es predicar y otra dar trigo.

  2. Luna

    A ver, que no me he enterado demasiado de todo esto. Los refugiados ¿piden alojamiento, trabajo y comida o cubatas en las discotecas? Con todo mi respeto a su situación, a mí jamás se me ocurriría entrar en una sala de fiestas si estuviera como ellos, creo que tendría otros problemas más urgentes que resolver. No dice este semanal si ha investigado en los mercados, hospitales u otros lugares en donde también podría intentar acceder un refugiado. Pero vamos, que tampoco nos comunica que duerman en su Redacción todos los que quepan y cada noche.

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