
Esta entrada lleva el mismo título que uno de los capítulos más bonitos y originales de la historia de la literatura universal. Se lo debemos al genio de J.M. Barrie, y para encontrarlo sólo tenemos que abrir las páginas de su obra más célebre: "Peter Pan y Wendy". Leí este libro hace no mucho; alguien pensará que debería volcarme en lecturas más "sesudas", pero a mis 31 años ya tengo edad suficiente como para leer un libro infantil sin avergonzarme por ello.
Campanilla, la pequeña hada amiga de Peter Pan, acaba de beberse la taza envenenada que el Capitán Garfio había preparado para matar al chico. Campanilla se está muriendo, y en cuanto su luz se apague, dejará de existir. Peter Pan llora al ver como se le escapa la vida a su pequeña amiga, y entonces levanta los brazos y se dirige a todos los niños que están en sus casas, metidos en sus camas, soñando con el país de Nunca Jamás:
-¿Creéis en las hadas? -gritó Peter."
Campanilla, con las pocas fuerzas que le quedan, se sienta en su lecho de muerte para escuchar la voz de su destino. Peter habla:
-Si creéis en las hadas -les gritó con fuerza-, aplaudid; no dejéis que Campanilla muera.
Muchos aplaudieron.
Otros no lo hicieron.
Unos cuantos brutos silbaron.
Los aplausos cesaron de repente, como si innumerables madres hubieran entrado corriendo a los cuartos de los niños a ver qué diablos estaba pasando, pero Campanilla ya se había salvado."
Cuando nos hacemos mayores, nos vamos olvidando poco a poco de las hadas, de los sueños, de la magia. Ése es el veneno que el Capitán Garfio echa en la taza para matar a Peter Pan, pero siempre se lo acaba bebiendo el hada que nos acompaña en la vida hasta que dejamos de ser niños: la inocencia.
Sin embargo, a veces ocurren cosas que nos devuelven la ilusión de nuestra infancia. En ocasiones ni siquiera nos damos cuenta de ellas, pero también hay momentos en que nos las tomamos como una señal, como algo más que una feliz casualidad. Seguramente esta noche, en algún lugar no tan distante del país de Nunca Jamás, habrá un Peter Pan pidiendo aplausos para que su hada amiga no se muera envenenada. Apuesto a que en muchas habitaciones habrá niños (pequeños y no tan pequeños) aplaudiendo sin saber por qué. Y sé que Campanilla se ha vuelto a salvar, pues sigue habiendo personas capaces de contestar con un "sí" al título de esta entrada.
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Comentarios:
Ignacio
Ya a mi edad, se perfectamente no sólo que existen, sino lo que se pinchan y el tf de su camello.
6:00 | 7/08/07
Elentir
🙄
6:35 | 7/08/07
Interruptor
Sí que existen las hadas, sólo que yo, a la mía, le llamo Ángel Custodio. 🙂
Lo malo es que cada vez hay más y más piratas en la tripulación del capitán Zapat… digo… Garfio. 🙁
9:05 | 7/08/07
Elentir
No compares, Interruptor: al menos el Capitán Garfio tenía un poco de estilo… 😉
15:09 | 7/08/07
eos
Claro que creo en las hadas 😉 Incluso conozco a una 😉
8:35 | 8/08/07
Elentir
Te gano, Eos. Yo conozco por lo menos a dos. 8) 😉
16:04 | 8/08/07
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