Ayer se celebraron elecciones autonómicas en Castilla y León. Unas elecciones con muchas lecturas y posibles conclusiones.
Los resultados oficiales se pueden ver aquí. El Partido Popular y el PSOE suben dos escaños cada uno, Vox sube uno, los regionalistas de Unión del Pueblo Leonés se mantienen y Ciudadanos (Cs) y los partidos de ultraizquierda (Podemos e Izquierda Unida) pierden su representación.
Una de las reacciones más extrañas de la noche electoral ha sido la de los socialistas: el PSOE ha celebrado su resultado tras perder las elecciones. A fin de cuentas, estas elecciones han vuelto a demostrar que los escándalos de corrupción y su incompetencia al frente del gobierno central no pasan factura al PSOE, que tiene todavía una importante bolsa de votantes que son inmunes a cualquier caso de corrupción y a un caos sin precedentes en las infraestructuras.
Los socialistas han rentabilizado la campaña de Sánchez del "no a la guerra", es decir, ponerse del lado de la dictadura islamista de Irán recuperando unas pancartas que no exhibieron ni una sola vez contra la invasión rusa de Ucrania, tal vez porque sabían que eso les habría hecho perder el apoyo de sus votantes más fanáticos: los de la extrema izquierda. De hecho, estas elecciones indican que el PSOE está fagocitando a sus aliados comunistas, mientras pierde votos por otra parte, concretamente por el centro.
El PP ha subido casi 56.000 votos y Vox ha aumentado su base electoral con más de 19.000 nuevos votantes. Más allá de que puedan movilizar a una parte de los abstencionistas, eso indica que el PP y Vox se están llevando parte del voto de centro que antes iba al PSOE. Es, tal vez, el voto más propenso a cambiar de opción si un gobierno hace las cosas mal y el menos expuesto a la polarización política. Porque a pesar de sus mensajes oficiales, si hay alguien interesado en promover la polarización política en España es precisamente Sánchez: sabe que es la forma ideal de evitar que muchos votantes de izquierda se queden en casa, hartos de los escándalos de corrupción y de la incompetencia que el gobierno está exhibiendo con las infraestructuras.
El problema para la izquierda es que para mantener al PSOE a flote, Sánchez está hundiendo a sus aliados. Por supuesto, se lo tienen merecido. Han decidido seguir apoyando a un PSOE corroído por la corrupción y al hacerlo han enviado un mensaje a las huestes de extrema izquierda: no importa que los socialistas sean corruptos, lo único que importa es que son de izquierdas.
El votante más fanático, al recibir ese mensaje, tiende a agrupar el voto en la opción con más posibilidades, que es el PSOE. Eso explica el hundimiento de Podemos e Izquierda Unida, víctimas de un proceso de fagotización por parte de los socialistas que, aunque sirva para salvar al partido de Sánchez, implica que la izquierda pierde votantes: en las elecciones de 2022 el PSOE y sus socios de ultraizquierda lograron 426.572 votos: ayer no llegaron a los 417.000.
En los últimos años, la extrema izquierda ha actuado como un taburete que mantuvo al PSOE en el poder en medio de grandes escándalos, que incluyen que la esposa y el hermano de Pedro Sánchez, un exministro de su máxima confianza y el anterior secretario de organización de su partido estén imputados, y su fiscal general haya tenido que dejar el cargo tras ser condenado por un delito de revelación de secretos. La extrema izquierda ha ayudado a Sánchez a evitar que la corrupción le pasase factura, y lo ha hecho demonizando a los partidos de la oposición, presentándolos como "fascistas" e incluso agitando amenazas autoritarias contra ellos. ¿El resultado? El taburete comunista ahora se queda hundido y Sánchez con el agua al cuello, pero aún a flote.
Aunque en el PSOE estén tan desesperados como para celebrar algo así, deberían tener en cuenta que un resultado como éste en unas elecciones generales dejaría a la izquierda fuera del poder, pues el PSOE ya no tendría taburete al que subirse: Sánchez lo ha destrozado. De todos modos, dejemos que sigan celebrándolo. Los socialistas empiezan a recordar a los jerarcas nazis que organizaban orgías antes de su derrota final, celebrando que aún les quedaban unos días o unas horas antes de ser hechos prisioneros por los Aliados. Ya se conforman con eso. Es algo patético y que demuestra lo bajas que son las expectativas del PSOE a día de hoy.
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Foto: PSOE.
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Comentarios:
AlbertoAG
Cuando Sánchez lo vea necesario, pactará con el PP con tal de salvarse.
10:17 | 16/03/26
Victor
Y el PSOE ha ganado dos procuradores gracias a Alvise, ¿Qué hubiera pasado sin su «ayuda»?. En teoría eran para VOX…
18:13 | 16/03/26
LuisJ.
A mí lo que me parece evidente es que muchos votantes de izquierda viendo el cariz que todo esto está tomando han decidido votar al psoe por aquello del voto útil, lo que a la postre se ha revelado como inútil. En fin, que cada cual celebre lo que le venga en gana.
12:56 | 18/03/26
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