En 1949, los comunistas de Mao Tse-Tung se adueñaron de la China continental tras una larga guerra civil en ese país.
El fracaso de Mao con Taiwán y su orden de invadir el Tíbet
El bando nacionalista se refugió en Taiwán y otras islas, que desde entonces son un país independiente denominado oficialmente República de China, un territorio sobre el que la dictadura comunista de Pekín reclama un derecho inexistente, ya que nunca estuvo bajo su dominio. Incapaz de tomar Taiwán, en diciembre de 1949, dos meses después de proclamar la República Popular de China, Mao dio orden de empezar los preparativos para invadir el Tíbet, un país independiente situado al suroeste de la China continental.
Una invasión seguida de un acuerdo firmado bajo coacción
En 1950, la dictadura de Pekín amenazó al Tíbet con una guerra si no aceptaba las exigencias de la China comunista de renunciar a su independencia y dejarse anexionar por el gigante asiático. Sin esperar a la respuesta del gobierno tibetano, el 7 de octubre de 1950 la China comunista invadió el Tíbet, tomando la ciudad fronteriza de Chamdo, en donde las tropas chinas mataron a varios miles de soldados tibetanos. El 23 de mayo de 1951, representantes tibetanos en Pekín, firmado bajo coacción un acuerdo autorizando a China a anexionar su país. La dictadura de Mao calificó la anexión cínicamente como una "Liberación Pacífica del Tíbet". El acuerdo garantizaba teóricamente una amplia autonomía al Tíbet, pero Pekín lo incumplió.
La rebelión tibetana de 1959 y el exilio del Dalai Lama en la India
En 1959 Mao inició la salvaje reforma agraria denominada "Gran Salto Adelante", que culminó en una colosal hambruna con decenas de millones de muertos. Hubo un levantamiento en el Tíbet y el Dalai Lama, jefe de Estado del país, denunció el acuerdo firmado con China, señalando que se hizo bajo coacción. Después de ello, partió hacia el exilio a la India. Ese mismo año se formó un gobierno tibetano en el exilio, la Administración Central Tibetana, ubicado en Dharamshala, India, y que todavía hoy funciona como una monarquía constitucional encabezada por el Dalai Lama y que representa a unos 150.000 exiliados tibetanos, que esperan poder recuperar algún día el país que China les usurpó.
«1,2 millones de tibetanos han fallecido como consecuencia directa de la ocupación china»
El gobierno tibetano en el exilio señala: "El pueblo tibetano es un pueblo con identidad propia, con lengua hablada y escrita, cultura, tradiciones, gastronomía y vestimenta propias. En 1959, la población del Tíbet se estimaba en seis millones de habitantes. Se calcula que 1,2 millones de tibetanos han fallecido como consecuencia directa de la ocupación china".
Según una estimación publicada por "El Libro Negro del Comunismo" (Harvard University Press, 1997), 70.000 tibetanos perdieron la vida durante el llamado "Gran Salto Adelante", que se convirtió en una de las mayores masacres de la historia. Además, las tropas chinas mataron a 2.000 monjes y peregrinos budistas tibetanos en el bombardeo chino contra el gran monasterio de Chode Gaden Phendeling en 1956. Así mismo, entre 2.000 y 10.000 tibetanos murieron en Hasta Lhassa durante la insurrección tibetana del Jam en 1959.
Los argumentos de la China comunista para justificar la invasión
Sobre los argumentos de la dictadura comunista china para justificar su anexión, la Administración Central Tibetana señala: "China no solo afirma que el Tíbet siempre ha sido parte de su patria (China), sino que también asegura haber impulsado el progreso del Tíbet y que el pueblo tibetano es feliz bajo su dominio. La historia demuestra que la afirmación china de que el Tíbet forma parte de China carece de fundamento. Si bien es cierto que el Tíbet estuvo bajo la influencia de los mongoles, quienes también gobernaron China, y que los manchúes, últimos gobernantes imperiales chinos, también intervinieron en los asuntos tibetanos, China nunca había ejercido control alguno sobre el Tíbet antes de 1949".
Un millón de niños tibetanos han sido separados de sus familias por la fuerza
La ocupación militar china del Tíbet se ha plasmado en sistemáticas violaciones de los derechos humanos de los tibetanos, como ha constatado la ONU, unos crímenes que son especialmente despreciables en lo que respecta a los menores de edad. En 2023, expertos de la ONU señalaron que Un millón de niños tibetanos han sido separados a la fuerza de sus familias y enviados a internados en un proceso de asimilación forzada, violando las normas internacionales de derechos humanos.
Es francamente grotesco ver que la misma dictadura comumista que lleva 76 años ocupando militarmente el Tíbet se atreve hoy a hablar de "legalidad internacional" para criticar a otros países, mientras continúa sometiendo ilegítimamente a un país que no es suyo, violando los derechos humanos de los habitantes de ese país, intentando despojarles de su idioma y de su cultura. Es vergonzoso ver líderes de países democráticos blanqueando y bendiciendo a esa dictadura criminal, como por ejemplo hace el dirigente socialista español Pedro Sánchez, que nunca ha hecho ni una mención al Tíbet ni ha criticado la ocupación militar china de ese país. ¿Ésta es su idea de la "legalidad internacional"?
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Comentarios:
AlbertoAG
Igual ocurre en el Turkestán chino. Estas políticas de asimilación forzada son básicamente la aplicación del lema Ein Volk, Ein Reich, Ein Führer.
Aunque cambien algunas formas en el procedimiento, siempre es condenable toda forma de destrucción lingüística y cultural, promovida por gobiernos cuyo nacimiento se remonta al origen de la Revolución.
8:56 | 15/04/26
Flanker
Eso es lo que defiende el sátrapa que padecemos.
15:32 | 15/04/26
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