Una de norma básica de un buen camuflaje es que si deseas pasar desapercibido debes buscar la forma de confundirte con tu entorno.
Si tienes que confundirte con un bosque, un camuflaje árido es una mala idea. Lo mismo pasa con un patrón oscuro en la nieve. Un mal camuflaje te puede delatar en vez de hacer que se te vea menos. En algunos entornos eso puede ser la diferencia entre la vida y la muerte, porque a menudo tu supervivencia depende de estar bien mimetizado.
Ya sé que algunos lectores se estarán preguntando si me he equivocado de artículo. Pues no. Escribo esto porque el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, lleva tiempo queriendo distraer la atención de los españoles de los escándalos de corrupción que afectan a su entorno personal (su esposa y su hermano, concretamente), a su gobierno y a su partido. La visita del Papa León XIV le ha debido parecer una oportunidad de oro para generar una cortina de humo. Eso explica, por ejemplo, que ayer viésemos a Sánchez y su esposa en la Basílica de la Sagrada Familia, algo insólito después de no haber acudido a los funerales por las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, ni por las víctimas de las riadas de Valencia ni por los muertos de la pandemia ni a ningún acto que tuviese lugar en una iglesia en ocho años de mandato.
Lo mismo se puede decir sobre el descaro del gobierno intentando usar al Papa como arma arrojadiza contra la oposición, pasando completamente por alto la rotunda crítica de León XIV al aborto y a la eutanasia (dos atrocidades promovidas activamente por Sánchez y su gabinete) en su discurso ante el Congreso de este lunes. Que la izquierda española, que lleva mucho tiempo defendiendo tesis radicalmente anticristianas, intente apropiarse del Papa es el colmo del cinismo, y sólo sirve para hacer todavía más evidente de cara a los españoles la inmundicia moral que ha llevado al PSOE a estar sumergido hasta la coronilla en la ciénaga de la corrupción política.
Pero por si todo eso no bastase, las calurosas acogidas de Madrid y Barcelona a León XIV crean un entorno luminiso en el que a una figura oscura como Sánchez le es imposible mimetizarse. Basta con ver la multitud que ha acudido a estadios y que ha abarrotado las calles a recibir a Robert Prevost para observar dos situaciones muy distintas: por un lado un Papa que se da baños de multitudes, y por otro un político cada vez más impopular y que ya casi no se atreve a salir a la calle, a menos que sea con un ejército de escoltas y movilizando a algunos militantes del PSOE a modo de atrezo. Tenemos un Papa que habla sin problemas con los periodistas y un presidente que huye de ellos como si fuesen leprosos, por miedo a que le hagan preguntas incómodas.
¿Cómo es posible esto? La respuesta es obvia. León XIV es un hombre que ha dedicado su vida a hacer el bien, pasando años en misiones entre los pobres (uno de los motivos por los que es tan querido en Perú). Es una persona que habla desde el respeto, la razón, la coherencia y el amor por los demás, no rehuyendo estrechar la mano de nadie pero a la vez recordando, si es necesario, esos valores cristianos que algunos miran con desdén porque les hacen ver la clase de barbaridades que han apoyado con sus votos (ya he citado dos). El Papa es un hombre que tiene una autoridad moral mucho mayor que su poder real en el mundo, pues gobierna el país más pequeño de todos, pero es escuchado con atención por una comunidad de más de 1.400 millones de católicos.
Por el contrario, Sánchez es un tipo sin escrúpulos, un mentiroso y un tramposo que ha demostrado que cree que sus deseos e intereses personales están por encima de cualquier otra consideración, y que para mantenerse en el poder ha cometido toda clase de infamias, erosionando gravemente las instituciones democráticas y el Estado de Derecho, aliándose con los peores extremistas (incluyendo los que no condenan el terrorismo de ETA) y buscando el apoyo de regímenes tan perversos como la dictadura comunista china.
Cuanto más se acerca Sánchez a una buena persona como el Papa, más en evidencia queda la vileza del dirigene socialista. Es imposible que un tipo como él pase desapercibido al lado de un Papa como Robert Prevost. Lo único que Sánchez consigue es quedar aún peor. El dirigente socialista ya debe estar dándose cuenta, demasiado tarde, de su error. ¿En qué mal momento, Pedro, se te ocurrió esconderte detrás de un hombre como éste?
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Foto: La Moncloa. Pedro Sánchez durante el encuentro que mantuvo con el Papa León XIV en la Nunciatura Apostólica en Madrid el 8 de junio de 2026.
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