Debo confesar que hace una semana no me imaginé que seguiría la visita del Papa a España como lo he hecho, hasta el último minuto.
Cuando me siento a escribir en mi ordenador portátil suelo tener a mi izquierda una pequeña televisión. Se pasa la mayor parte del día apagada, lo cual me da mucha paz. La actualidad española se ha vuelto tan desagradable que prefiero no tener a esa pantalla provocándome disgustos a todas horas. Con la información que me llega por Internet ya me basta. Sé que esto puede parecer una actitud escapista, pero estoy harto de políticos sin escrúpulos y cuyo propósito en la vida parece hacer que sintamos repugnancia cada día. Hemos llegado a una situación tan lamentable que a veces, sinceramente, llegas a caer en la tentación de pensar que tu país no tiene remedio.
Esta sucesión de escándalos, corrupción, abusos de poder y juego sucio acaba provocando que uno sienta escepticismo no sólo hacia nuestros gobernantes, sino hacia toda la sociedad, porque si tenemos a gente tan malvada en el poder es, obviamente, porque tienen muchos partidarios entre nosotros. Eso también hace que te olvides de algo importante: la mucha gente buena que hay en España.
Estos días nuestro país ha recibido un obsequio precioso. Durante casi una semana, España ha disfrutado de la presencia de una buena persona que nos ha traído algo que a veces parecía perdido: la esperanza. La percepción de su ausencia es algo que, con demasiada frecuencia, me lleva a sentarme a escribir aquí de mal humor. Esta visita, y todas las buenas personas que nos ha permitido conocer, ha sido como un bálsamo.
Desde luego, quedan muchas por arreglar en nuestra nación, pero con su aire tímido, su prudencia y su bondad, León XIV ha sido capaz de recordarnos todo lo bueno de esta tierra, que durante siglos se ha agarrado a la fe en medio de la tempestad, logrando salir de graves trances y cerrar heridas que parecían incurables. Es un regalo por el que los españoles debemos sentirnos agradecidos.
Ni siquiera un fallo en el avión en el que se iba a marchar el Papa ha sido capaz de arruinar la alegría que deja tras de sí esta visita. A fin de cuentas, un fallo en un avión siempre entra dentro de lo posible, y es mejor detectarlo en tierra que en el aire. Ver el buen humor con el que se lo tomó León XIV, así como el gesto admirable de nuestro Rey de cederle el avión oficial Falcon 900 con el que iba a regresar a Madrid, me ha parecido un buen colofón a esta maravillosa visita, y me ha hecho recordar unas preciosas palabras de Santa Teresa de Jesús:
Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza,
quien a Dios tiene
nada le falta:
sólo Dios basta.
Gracias, Señor, por no olvidarte de España en estos días difíciles, y gracias al Papa León XIV por devolverlos la alegría y la esperanza que ya tanto echábamos en falta. Te has ganado los corazones de millones de españoles. Ojalá podamos volver a verte pronto en esta tierra de María.
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Fotos: Casa Real.
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Comentarios:
JRB
Muy bien Elentir, es el sentimiento que muchos españoles tenemos.
León XIV, un Papa discreto, piadoso, inteligente, conocedor de muchas realidades humanas y muy cercano a Dios, valiente y fuerte.
Eso necesita España y todo el mundo ahora.
Una oración por Su Santidad.
10:07 | 13/06/26
isanchezgil
La visita del Papa, tal como se ha ido desarrollando, ha sido no solo un regalo para la gente decente, sino también la evidencia de que hay mucha buena gente en nuestro país, del que dudábamos, igual que Elentir, por la abrumadora evidencia diaria de maldades y corruptelas que estamos contemplando.
Aunque yo no me retiro de la tv tanto como nuestro anfitrión (será que soy masoquista), sin embargo me ha traído a la memoria, junto con los bellísimos versos de Santa Teresa, otros no menos hermosos de Fray Luis de León, trasladando el Beatus ille, que transcribo aquí:
Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa
ni envidiado ni envidioso.
Es exactamente la misma idea que la que nos dice Santa Teresa: quien a Dios tiene
nada le falta, sólo Dios basta.
Qué maravilla y qué gozo nuestro Siglo de Oro!
14:03 | 13/06/26
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