La izquierda lleva muchos años llamando "fascistas" a todos los que no opinan como ella, en un intento de demonizar cualquier discrepancia.
Ayer comenté aquí que el fascismo nació como un socialismo nacionalista. Fue un movimiento antiliberal y antidemocrático que consideraba que sus ideas le legitimaban para ejercer la violencia contra sus rivales políticos, con el fin nada disimulado de establecer una dictadura en la que nadie pudiese discrepar de la élite fascista (exactamente lo mismo que la élite comunista hizo en Rusia).
Unas horas después, la extrema izquierda ofreció una exhibición de auténtico fascismo en La Coruña, recurriendo al acoso y la violencia para intentar impedir que un partido democrático, Vox, pudiese expresar sus ideas en una comunidad autónoma en la que esa organización política es ya el cuarto partido más votado.
El Bloque Nacionalista Galego (BNG) no sólo se ha negado a condenar esa violencia, sino que sus juventudes, Galiza Nova, han amenazado con más. No es la primera vez que vemos esas actitudes mafiosas en esos antros de la extrema izquierda. En febrero, el BNG se negó a condenar una serie de ataques a sedes del Partido Popular (PP). No le bastó con rechazar ese gesto de decencia democrática, sino que además se mofó de ese partido acusándole de "lloromiqueo" y de "victimismo", una actitud propia de una banda de matones.
Por si alguien se ha olvidado ya de aquello, es el mismo BNG que en 2013 se negó a condenar a la banda terrorista Resistencia Galega en 58 ayuntamientos, después de numerosos atentados de ese grupo criminal que -casualmente- era separatista y de extrema izquierda, como el Bloque. Es el mismo BNG que todos los años presume del apoyo de un grupo terrorista antisemita que ha asesinado a muchas personas por el mero hecho de ser judías. Ésos son los que ahora vienen llamando "fascistas" a sus rivales políticos.
Hay que recordar que el BNG nació a partir del llamado Bloque Nacional-Popular Galego (BNPG), creado en 1981 como una coalición entre un partido comunista maoísta, la Unión de Povo Galego (UPG) y el Partido Socialista Galego (PSG). Muchas veces me he preguntado si lo de "Nacional-Popular" lo eligieron porque "Nacional-Socialista" ya estaba cogido por otros, porque a fin de cuentas es un término que define bien a un socialismo nacionalista como el del BNG. Como ya expliqué aquí hace unos días, hasta 1985 el BNG fue el socio gallego de Herri Batasuna (HB), el brazo político de la banda terrorista ETA. Sobre el carácter táctico de la ruptura entre ambos partidos, basta con recordar que en septiembre 2000 el BNG se negó a suscribir una declaración de condena del terrorismo de ETA en el Parlamento Europeo.
No está de más recordar estas cosas para no fingir sorpresa ante imágenes como ésta: ayer, los cachorros del BNG, Galiza Nova, llamaban a romper España de un puñetazo con el lema "fuera españolistas de nuestras calles", que deja muy claro la concepción antidemocrática que estos tipos tienen de la política. La RAE define "españolismo" como "amor o apego a lo español", un amor compartido por la mayoría de los gallegos, ya que nos sentimos españoles y amamos a nuestro país. Así pues, el BNG pretende impedir que la mayoría de los gallegos podamos salir a la calle simplemente porque no opinamos como esa minoría intolerante.
Con esas actitudes antidemocráticas, el BNG y sus cachorros se comportan como una mafia que pretende convertir nuestra amada tierra gallega en una dictadura, una enorme prisión en la que quienes no pensemos como ellos ni siquiera tendremos derecho de pisar las aceras que pagamos con nuestros impuestos. Hay que recordar que en una democracia no vale todo: existen unas normas de convivencia que obligan a todos. En España esas normas están plasmadas en la Constitución Española, aprobada en referéndum por una amplísima mayoría de españoles. El Artículo 6 de la Constitución dice:
"Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos".
A estas alturas ya es evidente que el BNG no es un partido democrático, porque si lo fuese respetaría ese pluralismo político y el derecho de los ciudadanos con distintas formas de pensar a ser representados por partidos que defiendan sus ideas por medios pacíficos y democráticos, y no como los salvajes de extrema izquierda que ayer hirieron a 12 policías en La Coruña, sin que el Bloque haya emitido ni la más leve crítica a esas agresiones. Si el BNG no es un partido democrático, si se niega a condenar la violencia y si actúa como una mafia, ¿por qué sigue siendo legal? En España ya han sido ilegalizados otros partidos políticos totalitarios, con toda la razón, porque apoyaban la violencia y no respetaban nuestras normas de convivencia. La democracia no puede dar barra libre a quienes quieren destruirla.
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Fotos: Galiza Nova.
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