El problema no es Cataluña

En una nueva muestra de su afán por sembrar la desigualdad entre los españoles, Zapatero hizo ayer una excepción con Cataluña al permitir a esta comunidad refinanciar su deuda después de negarle esa posibilidad a Murcia y Castilla-La Mancha, dos regiones con menos deuda y déficit que la catalana. Que el gobierno privilegie una vez más a Cataluña ha dado lugar a muchas muestras de indignación estas últimas horas, lo cual es lógico: se trata de una injusticia tan enorme que hasta dirigentes del propio PSOE han puesto el grito en el cielo. Como ya os comenté en 2009, Zapatero es el máximo responsable del creciente odio a Cataluña, un odio visceral engordado por las tremendas injusticias cometidas por este gobierno. Lo que no suscribo es lo que se afirma en diversas tribunas de opinión: que la solución a esas injusticias sea la independencia de Cataluña, como si todos los catalanes, incluso los no nacionalistas, fuesen los responsables de las cafradas que hace Zapatero.

Que el gobierno privilegie a una región, cediendo a las presiones de las autoridades regionales, no es culpa de la región ni de quienes la habitan, sino de esas autoridades que se valen del chantaje permanente a la nación y del gobierno que cede a ese chantaje. O dicho de forma más breve: el problema no es Cataluña, sino La Moncloa y sus cesiones ante el nacionalismo. Y me refiero a la institución del gobierno, y no a su actual titular, porque Zapatero es el que ha concedido un más descarado trato de favor a Cataluña, pero no ha sido el primero que ha cedido ante el nacionalismo catalán, y tampoco parece que vaya a ser el último.

Un nuevo desafío anticonstitucional contestado con tibieza

Ayer mismo, CiU abrió la puerta a un debate sobre la independencia en el Parlamento de Cataluña, un acto claramente ilegal pues dicha cámara no es titular de soberanía. Como indica el Artículo 2 de la Constitución, “la soberanía nacional reside en el pueblo español”. Al cuestionarla, el Parlamento de Cataluña se excede en sus facultades y se sitúa al margen del Estado de Derecho. Ante eso, el PP catalán se limitó a criticar la decisión de CiU. A diferencia del partido de Rajoy, Albert Rivera, diputado de Ciutadans, anunció que llevaría el asunto a los tribunales, denunciando que “CiU ha decidido traspasar la línea roja del Estado Derecho” y que esa decisión de la Mesa del Parlamento catalán supera “la línea divisoria entre demócratas y golpistas”. Muchos habrán esperado una actitud así de valiente por parte de un PP lleva años buscando un pacto con CiU. Ya la pueden esperar cómodamente sentados…

Basta ya de comodines separatistas

Los grandes partidos nacionales llevan ya muchos años claudicando ante las exigencias de los nacionalistas. La cesión empezó con el proceso de redacción de la Constitución, cuando Alfonso Guerra consiguió meter en la Carta Magna el concepto de “nacionalidades” para referirse a ciertas regiones, un término usado desde tiempo atrás por el PSOE y ante el que cedió la UCD. Unos años después, en enero de 1981 se publicaba el Manifiesto de los 2.300 para defender el pluralismo lingüístico en Cataluña frente a la imposición del catalán: un manifiesto masivamente ignorado por quienes tenían la responsabilidad de velar por los derechos de todos, empezando por los que entonces eran los dos grandes partidos, el PSOE y UCD. Años después, la debilidad del último gabinete de Felipe González (1993) y del primer gobierno de Aznar (1996) les llevaron a buscar el apoyo de los nacionalistas a cambio de nuevas cesiones. En el caso de Aznar, el Pacto del Majestic con CiU acabó incluso con la decapitación del PP en Cataluña, mediante el cese como presidente regional de Alejo Vidal-Quadras, una persona muy crítica con el nacionalismo. Con Zapatero esa claudicación ha llegado a los extremos más insólitos, como la aprobación del nuevo Estatuto de 2006 -salvado in extremis por ZP- y el trato privilegiado a la región catalana dentro de la desastrosa política económica desarrollada por Zapatero desde 2004. Ya va siendo hora de que los grandes partidos nacionales tengan sentido de nación y dejen de utilizar a los separatistas como comodines.

¿Combatir excepciones con otra excepción?

Desde luego, la solución a este ya viejo problema no es la independencia de Cataluña; antes bien, así aún se agravaría más la cosa. Admitir una nueva excepción, esta vez a nuestra soberanía nacional -pues parece harto improbable que tal cosa llegue a ocurrir por medio de los mecanismos constitucionales vigentes-, dejaría a España a la altura de cualquier república bananera, un país sin seguridad jurídica, donde las libertades valdrían tan poco como esa soberanía violada, y al los inversores rehuirían como a un apestado, sabedores de que en un país donde las leyes son papel mojado no suele haber reparos para vulnerar otros derechos como la propiedad privada o la libertad de empresa. Añadamos a esto la situación de los catalanes no nacionalistas, que tras nacer en España y contribuir al bien común de nuestra nación, se verían cobardemente entregados a unos tiranos en un nuevo país construido sobre las bases del nacionalismo más trasnochado y liberticida. Se trata de unos catalanes que tienen puesta en el resto de España la misma esperanza que los vascos, gallegos o baleares que nos hemos visto en algún momento en la situación de ser rehenes del nacionalismo.

Cataluña no es igual a nacionalismo

Yo creo en España, creo en una nación de hombres libres e iguales, en la que los atropellos a otros no resulten indiferentes a los demás, en la que vascos, catalanes o gallegos no tengamos que vivir pisoteados por fanáticos nacionalistas para después, además, ser objeto de las iras de quienes confunden al País Vasco, Cataluña o Galicia con los nacionalismos, o de quienes creen que los tratos de privilegio que otorga Zapatero convierten en culpables a todos los que viven en una determinada región. Ser vasco, catalán o gallego no es sinónimo de ser nacionalista, ni implica ser un privilegiado. Somos muchos los vascos, catalanes y gallegos que queremos ser iguales al resto de los españoles, que no queremos tratos de privilegio, que tampoco queremos ser discriminados por el mero hecho de ser castellanohablantes, y que queremos, en fin, que el resto de España no se olvide de nosotros cada vez que un cabecilla nacionalista suelta una burrada o consigue sacar tajada del inquilino de turno de La Moncloa. Tened presente que esa identificación entre Cataluña, Galicia o el País Vasco y el nacionalismo es, precisamente, la que buscan instalar los nacionalistas en las conciencias de todos. Ceder ante esa idea es permitir que se salgan con la suya, y con ello perdemos todos.

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(Foto original: Turisme de Subirats)

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  1. La culpa es de la ley electoral. Si no tuviean el poder de decidir las elecciones se acabaría todo el problema.

  2. Durante décadas he opinado que abrir la puerta a la independencia sería traicionar a muchos compatriotas que no están por la labor y que se supone que son la mayoría. Ya no pienso así. Los que se abstienen tienen tanta responsabilidad como los que votan nacionalista, porque les permiten ganar una y otra vez.
    Este catalán, que se va a quedar a este lado del Ebro, está deseando votar sí en un referéndum de autodeterminación para que se larguen de una vez. Y si a mis paisanos regionales les parece mal, que espabilen.

  3. En las elecciones del 2008 el PP subió en escaños, pero no fue suficiente para ganar, estuvieron (PP y PSOE) más o menos reñidos en todas partes, con algunas victorias del PP en unas provincias y otras por la mínima del PSOE en otras, salvo en Sevilla y las cuatro provincias catalanas, donde la diferencia fue notable.

    Bien, la estrategia está clara, volverán a hacerles creer a los catalanes que el PSOE se preocupa por ellos (no lo hacen, baste ver el paro que dejaron allí y el agujero económico en las cuentas). No obstante, si eso no cuela, da igual, están contentando a convergencia y unión, dándoles todo lo que pidan en detrimento del resto de España, para así pedirles el voto si es necesario para mantenerse en el poder.

  4. Miguel: “Los que se abstienen tienen tanta responsabilidad como los que votan nacionalista, porque les permiten ganar una y otra vez.”

    Quienes se abstienen en Cataluña lo hacen, en muchos casos, por el mismo problema que tenemos ya muchos españoles: se sienten huérfanos políticamente hablando. Huérfanos, por ejemplo, de un PP que no dudó en descabezar a su partido en Cataluña para complacer a Pujol. Huérfanos de un PSOE que desde la Transición traicionó a buena parte de sus votantes “charnegos” para conseguirse un sitio en el club de partidos nacionalistas. Huérfanos, en fin, de una clase política española que ha pasado olímpicamente de la sistemática violación de sus derechos lingüísticos. Sin ir más lejos, en las últimas elecciones catalanas el PP de Cataluña abandonó la cuestión lingüística para no molestar al nacionalismo y centró su discurso en la inmigración, asunto con el que coincide con lo peor del nacionalismo catalán. El único partido que denunció sin tapujos la imposición lingüística en esa campaña fue precisamente un partido catalán, Ciutadáns.

  5. Una muestra de lo que pasa en Cataluña: Convivencia Cívica denuncia a la Generalitat por prevaricar con la inmersión lingüística. Esta querella la presenta una asociación con sus limitados medios, y no los partidos políticos, que se sostienen con los impuestos que pagamos todos los ciudadanos.

    Acordémonos de noticias como éstas cuando veamos la tremenda abstención que hay en Cataluña.

  6. Es cierto, tenemos la peor clase política de los últimos 70 años, y en el peor momento desde el final de la guerra. Pero no creo que eso justifique la inconsciente complicidad de mis paisanos con el nacionalismo.

    Es verdad que ha habido muchas deslealtades en los partidos nacionales, pero cuando en Cataluña no se vota a un partido nacional no es porque sea un traidor con su electorado, sino porque la mayoría cree algo así como que no se debe votar esas opciones, ya sabes, son fachas y todo eso.

    En cuanto a Ciudadanos como alternativa, todavía me duele demasiado como para hablar de ello. Sus dirigentes y los que lo eran y ya no están son responsables del peor “pecado” político: haber defraudado y hecho añicos la última esperanza.

    En todo caso, si estás en lo cierto, peor todavía: todos los partidos son un horror. Pues más fácil todavía para lo peor, más cerca la secesión.

    Creo honestamente que así es. Creo que va a ser terriblemente doloroso y que nos marcará a todos y supondrá un episodio que tardaremos siglos en superar. Y precisamente porque va a ser un trauma para todos (también para ellos), me parece más conveniente abordarlo de una vez, sentar las bases del proceso, ponerle fecha y echarlo a andar. Si hay que operar, no esperemos. Porque igual ni llegamos a tiempo.

  7. Yo no creo que la solución a un incendio forestal consista en cargarse el bosque. Habrá que apagarlo. Habrá que examinar sus causas, y habrá que poner los medios para apagar cualquier incendio tan pronto como se pueda, pues incendios forestales siempre habrá.

    Con el nacionalismo pasa lo mismo. Puede prender en muchos sitios, pero siempre consume toda una sociedad cuando quienes tienen que combatirlo no lo hacen. Y esto no sólo corresponde a los catalanes: es tarea de todos los españoles. Eso a menos que hayamos dado por hecho que la soberanía nacional es un cuento y que lo que le pasa a nuestros compatriotas de allí no nos concierne a los demás.

    Desde luego, la solución al problema nacionalista en Cataluña no llegará con la independencia. Así sólo se agravaría. se agravaría para España, convetirda en una nación-hazmerreír. Se agravaría para Cataluña, convertida en una nación sin futuro, aislada en medio de una Europa unida. Pero sobre todo, y lo que más me importa, se agravaría -y muchísimo- para los catalanes no nacionalistas que viven bajo el yugo de esa ideología liberticida. Esto último, desde luego, es lo que más me importa. Amo a España y me considero un patriota, pero antes que las naciones me importan las personas. Lo que no es admisible es acceder sin más a que tantos catalanes españoles sean convertidos en los judíos de un nuevo estado nazi en el corazón de Europa, en los parias de un nuevo país donde ser castellanohablante estaría aún más castigado de lo que ya lo está en la Cataluña actual. Si renunciamos a defender la libertad de esos catalanes, mañana la opresión estará llamando a nuestra puerta y a otros también les dará igual lo que nos pase.

    No quiero tener que decir algún día, como lo hizo Martin Niemöller en 1945, que cuando fueron a por los catalanes castellanohablantes, a por los catalanes no nacionalistas, a por los catalanes españoles… yo no hice nada porque no era catalán.

  8. Emplacémonos a continuar esta conversación dentro de, pongamos, 7 u 8 años. Y ojalá tengas tu razón y yo sea un pesimista redomado.
    E pur si muove.

  9. Acepto el emplazamiento. Hace 7 u 8 años pensaba lo mismo que he escrito en esta entrada.

  10. Yo también.

  11. “Si pudiera cortarles una pierna o un brazo con un hacha oxidada a los tres fascistas estos lo haría sin pestañear”

    Éste es el texto de una de las tantas amenazas que han recibido en Facebook los tres padres que ganaron el juicio en el TS a la Generalitat contra la inmersión en catalán:

    http://www.abc.es/20110209/comunidad-catalunya/abcp-mama-dejaran-estudiar-castellano-20110209.html

    El día que abandonemos a esos y a otros padres en manos de una Cataluña independiente gobernada por auténticos nazis, a esas familias les aguarda lo peor. No voy a quedarme de brazos cruzados ante eso ni mucho menos apoyarlo.

  12. Interesenta reflexión, que comparto, y que enlazo en una mía.
    Gracias por ‘espolearme’ para manifestarme.
    Un saludo.

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