Información vs Interpretación: la blogalización


A menudo me hago una pregunta que podría resumirse en la dicotomía que da título a esta reflexión. Las personas que tenemos alguna relación con el mundo del periodismo, de la comunicación, de la publicidad o de la simple difusión de ideas siempre acabamos enfrentándonos con el reto de nuestra responsabilidad antes quienes leen, observan o reciben lo que nosotros ponemos por escrito o en imágenes. ¿Tenemos que limitarnos a informar, a mostrar la realidad de una forma aséptica y distante? ¿O nuestra responsabilidad implica también el compromiso de interpretar lo que vemos, de tomar posición y valorar aquello que tenemos que comunicar?

Recuerdo que, cuando empezaron a funcionar las televisiones privadas en España, yo era muy aficionado a los informativos de Antena 3 TV porque en ellos no sólo había sitio para la información, sino también para el análisis. De hecho, el análisis formaba parte del proceso informativo, no sólo de simples espacios de opinión. No he vuelto a ver un modelo informativo como ése hasta que recientemente, en un viaje a Madrid, tuve ocasión de disfrutar durante varios días del informativo que dirige German Yanke en Telemadrid a partir de la medianoche.

Indudablemente, en una sociedad donde todo es relativo, el que asume el reto de analizar lo que ve, de establecer una reflexión reacional sobre la realidad que está experimentando, a menudo se lleva todas las tortas de quienes prefieren ignorar la realidad, o bien de quienes tienen una visión distinta de las cosas, o incluso de quienes no están para nada interesados en que se haga ese análisis. Mi opinión personal la tengo muy clara: durante toda mi vida me he educado en un proceso constante de relación con la realidad, basada en una reflexión y una confrontación constante entre mis planteamientos y mi experiencia. ¿Cómo hacer una labor informativa bajo mi responsabilidad manteniéndome ajeno a ese proceso de reflexión ante la realidad? Llegado a este punto de la vida, ¿acaso mi educación, ese proceso de reflexión constante sobre mi experiencia, ha de conducir a una labor profesional o a un compromiso social que se limite a contar lo que ven mis sentidos, sin establecer en lo que percibo con ellos ninguna relación racional, que es lo propio del ser humano?

Hago estas reflexiones a raiz de un interesantísimo artículo de Fernando Vidal Fernández, doctor en Sociología y profesor de la Universidad Pontificia Comillas, que acabo de leer en Páginas Digital. En él se reflexiona sobre lo que él denomina como «blogalización», esto es, el auge de los blogs y la progresiva extensión de este fenómeno en la red. Copio del citado artículo una reflexión que me parece sumamente interesante (la negrita es mía):

El problema no es la información sino la interpretación. Más que fibra óptica hace falta una óptica con buena fibra.

La blogalización invierte el proyecto de globalización devolviendo lo decisivo al ámbito de la persona: la primera onda de globalización parecía arrancar de la persona las decisiones hacia un espacio global que flotaba en las estratosferas del poder. El poder tiene dominio para llenarnos de porcentajes pero no arranca de la realidad ni una chispa de luz. Y precisamente eso es algo que puede hacer el hombre más pequeño chocando la más pequeña piedra. El problema es cuál es la onda en que movemos la piedra. El Goliat de la Globalización sólo puede expandirse bajo la condición de hacerse cada vez más vulnerable a la piedra del pequeño David. Ahora el pequeño David cuenta con blogs desde los que lanzar piedras capaces de hacer prender una chispa de fuego en nuestras cabezas.

Una vez leído esto, me asalta la pregunta de si seremos conscientes de la responsabilidad que tenemos en nuestras manos quienes estamos a cargo de un blog, de la labor informativa de una web, de tareas de publicidad con fines sociales o reivindicativos o de quien simplemente participa en un foro de internet público. ¿Preferimos ser un espejo que se limite a reflejar la realidad, o una lupa con la que fijarnos en lo que está pasando? ¿Nuestra responsabilidad ante la sociedad nos llama solamente a informar o también a interpretar lo que pasa? Yo lo tengo muy claro.

(La imagen que encabeza este artículo es de Michael Whelan)

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