Ocurrió hace ocho años. Lo fui siguiendo con gran interés, pues jamás hasta entonces había podido seguir desde un medio entonces nuevo como internet el desarrollo de un movimiento juvenil de resistencia civil y no violenta, que precisamente supo aprovechar la red para desarrollar buena parte de sus acciones y hacer oír su voz por multitud de países. Me refiero, claro está, a "Otpor!", una palabra serbia que significa "Resistencia", y que dio nombre a uno de los movimientos más conocidos, junto con el sindicato polaco Solidarnosc ("Solidaridad"), en la lucha popular contra las tiranías comunistas.
"Otpor!" rompió muchos esquemas. Utilizaba una estética que recogía (o más bien parodiaba) la imaginería revolucionaria de la izquierda, tomando la bandera negra del anarquismo como divisa y un puño blanco como distintivo. Recuerdo perfectamente sus páginas web, si bien hoy sus sitios de red están desactivados, y tan sólo su web central sigue activa, limitándose a mostrar el emblema del movimiento. Me llamó poderosamente la atención tanto la fuerza de la imagen (combinaban hábilmente el blanco y el negro, dando una fuerza de atracción muy poderosa a sus mensajes), así como la originalidad de sus carteles y octavillas. Descubrí un movimiento muy creativo, dispuesto a luchar por la libertad por encima de cualquier ideología. Y un movimiento, para más señas, muy alejado de la política tradicional y formado por jóvenes muy asqueados de los esquemas clásicos de participación sobre la base de los partidos políticos.
De "Otpor!" se ha dicho de todo: el régimen de Milosevic los tildó de "neofascistas" y de "terroristas". La izquierda española, identificada con el genocida serbio, lanzó la especie de que "Otpor!" era un montaje de la CIA. Algunos medios anarquistas (el movimiento lo fundaron varios libertarios, aunque después no se quiso identificar con ninguna ideología concreta) se desmarcaron de esta experiencia con el argumento de que "Otpor!" era un grupo "neoliberal" y "nacionalista" (sic, me pregunto qué dirían si oyeran eso los jóvenes serbios hartos del ultranacionalismo de Milosevic y que coordinaron su actuación con los escasos sindicatos libres que sobrevivían entonces en Serbia...). Estas reacciones demostraban el desconcierto de los sectores más tradicionales de la política, incapaces de asumir el control sobre las nuevas formas de expresión de la sociedad civil.

Cabría preguntarse hasta qué punto es semejante o asimilable a España la experiencia de "Otpor!" en un momento en que un gobierno de izquierda cada vez más radicalizado ostenta el poder en detrimento de derechos y libertades tan elementales como la libertad de información, la libertad de expresión, la libertad de manifestación, el derecho a la enseñanza religiosa y otros preceptos recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Constitución Española, que están siendo tratados como si fueran asfalto ante la rueda de la apisonadora radical de Zapatero y de sus aliados independentistas y comunistas: la censura a los medios con el CAC, el recorte de los derechos educativos con la LOE, el laicismo, el acoso desde el poder a los medios de comunicación libres, la cesión ante los asesinos de ETA (una banda marxista-leninista, hay que recordarlo) y el aislamiento a toda costa de la oposición democrática representada por el Partido Popular. ¿Es ésta acaso una situación normal en una democracia?

P.D.: Para más información sobre "Otpor!", recomiendo el artículo de Christophe Chiclet Otpor: la juventud contra Milosevic, en la web de la Unesco. En la web del Center for Aplied NonViolent Action and Strategies también se puede encontrar abundante documentación -en inglés- sobre las campañas de este movimiento serbio, incluyendo muestras de sus originales medios de propaganda. En CafeBabel.com también he encontrado un interesante artículo sobre la "exportación" de la experiencia de "Otpor!" en Serbia a otros países del antiguo bloque comunista que todavía no han conocido la libertad.
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