¿Cuál de estos dos Arzobispos tiene razón?

Moneñor Gil Hellín, Arzobispo de Burgos, en su carta pastoral “Impidamos la tiranía” (11 de julio): “se ha promulgado una ley inicua, que se opone frontalmente a la recta razón y a la justicia más elemental. Tal es la ley que establece que los españoles tienen derecho a matar a los no-nacidos, con tal que lo hagan antes de las catorce semanas. Digámoslo con total claridad: esta ley no es ley, aunque se presente así por algunas instancias políticas y legislativas. Y no lo es, porque nadie tiene derecho a eliminar a un inocente. Por eso, no obliga. Más aún, reclama una oposición frontal y sin distingos. La recta razón no puede admitir como derecho, matar a una persona que no tiene ninguna culpa.”

Monseñor Rouco Varela, Arzobispo de Madrid, en el curso “Dios en la sociedad postsecular” de la Universidad Católica de Ávila (22 de julio): Un gobernante tiene que aplicar la ley y si no lo hace tendrá que renunciar a su cargo. Un gobernante tiene la obligación de cumplir la ley, no está por encima de la ley, otra cosa es qué hace con su conciencia ante una ley que es injusta. Ese es un problema que habría que ver en cada caso.”

La Iglesia Católica ante la obediencia a las leyes injustas

El Catecismo de la Iglesia Católica indica que “el poder político está obligado a respetar los derechos fundamentales de la persona humana” (2237). El Catecismo indica, además, que cuando los mandatos del poder político son contrarios a esos derechos, “el ciudadano tiene obligación en conciencia de no seguir las prescripciones de las autoridades civiles” (2242).

Los doctores de la Iglesia también son sumamente claros al respecto. Es archifamosa la afirmación de San Agustín de Hipona en su obra “De libero arbitrio”: “mihi lex esse non videtur, quae iusta non fuerit” (no me parece que sea ley la que no sea justa). En su “Suma Teológica”, y recogiendo directamente el pensamiento agustiniano, Santo Tomás de Aquino advertía que “si la ley escrita contiene algo contra el derecho natural, es injusta y no tiene fuerza para obligar”. Es más, consideraba “que tales escrituras no se llamen leyes, sino más bien corrupciones de la ley”. Esta doctrina fue reiterada por la Iglesia, por ejemplo, en la Encíclica “Pacem in Terris” del Papa Juan XXIII, el 11 de abril de 1963: cuando una ley está en contradicción con la razón, se la llama ley injusta, y así no tiene razón de ley, sino que más bien se convierte en una especie de acto de violencia”.

En el mismo sentido se pronunció la Constitución Pastoral “Gaudium et Spes”, una de las cuatro constituciones apostólicas del Concilio Vaticano II, publicada 7 de diciembre de 1965 durante el pontificado de Pablo VI: “cuando la autoridad pública, rebasando su competencia, oprime a los ciudadanos, éstos no deben rehuir las exigencias objetivas del bien común; les es lícito, sin embargo, defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de tal autoridad, guardando los límites que señala la ley natural y evangélica.”

En fecha mucho más reciente, concretamente el pasado 1 de abril -Jueves Santo-, el Papa Benedicto XVI pidió “no aceptar una injusticia, aunque sea retenida como derecho, por ejemplo, cuando se trata del asesinato de niños inocentes aún no nacidos”. Así mismo, afirmó que la lucha de los cristianos “consiste en que rechazan lo que en los ordenamientos jurídicos vigentes no es derecho, sino injusticia, y recordó que “la lucha de los mártires consistía en su “no” concreto a la injusticia”.

Uno de los más importantes ideólogos del liberalismo, el católico Alexis de Tocqueville, escribió entre 1835 y 1840 su libro “Democracy in America”, que contiene reflexiones sobre lo que definió como “la tiranía de la mayoría”: “Los derechos de cada pueblo están confinados dentro de los límites de lo que es justo.” (…) “Cuando me niego a obedecer una ley injusta, no impugno el derecho de la mayoría de mandar, sino que simplemente apelo desde la soberanía del pueblo a la soberanía de la humanidad.” (…) “Cuando veo que el derecho y los medios de mando absoluto han sido atribuidos a cualquiera que sea el poder, llámese un pueblo o un rey, una aristocracia o una democracia, una monarquía o una república, yo digo que es el germen de la tiranía“.

La desobediencia civil, defendida por pensadores no católicos

No sólo los autores católicos han tratado esta cuestión. Décadas antes del nacimiento de Cristo, el jurista, filósofo y político romano Marco Tulio Cicerón, uno de los más grandes pensadores de la Roma clásica, escribió en su obra “De legibus” la siguiente reflexión: “es justo que se entienda que aquellos que hayan prescrito a los pueblos mandatos perniciosos e injustos, como han obrado en contra de lo que han prometido y profesado, han instaurado cualquier cosa antes que leyes. Más adelante, Cicerón insiste en esa idea con la siguiente comparación: “ni podrían decirse verdaderamente preceptos de médicos, si los ignorantes e imperitos prescribieren algunos mortiferos por saludables, ni ley en un pueblo, de cualquier modo que fuere ella, cuando el pueblo aceptare algo pernicioso”.

En 1849 Henry David Thoreau, uno de los pioneros de la no violencia, escribió: si la injusticia requiere de tu colaboración, convirtiéndote en agente de injusticia para otros, infringe la ley. Que tu vida sirva de freno para detener la máquina. Lo que debes hacer es tratar por todos los medios de no prestarte a fomentar el mal que condenas. Bajo un Estado que encarcela injustamente, el lugar del hombre justo es también la cárcel.”

En línea con el pensamiento de Thoreau, en noviembre de 1909 Mahatma Gandhi escribió en “Hind Swaraj or Indian Home Rule”: “Hemos caído tan bajo que imaginamos que es nuestro deber y nuestra religión hacer lo que la ley establezca. En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle.”

En el mismo sentido se pronunció otro gran pensador del siglo XX, Martin Luther King, líder del movimiento de derechos civiles: “la responsabilidad de obedecer leyes justas no es solamente legal, sino también moral. A la inversa, la desobediencia a leyes injustas es una responsabilidad moral.”. Casualmente, lo escribió el 16 de abril de 1963 -sólo cinco días después de la publicación de la citada encíclica “Pacem in Terris”- desde la cárcel de Birmingham, donde fue encerrado por oponerse pacíficamente a normas de segregación racial en un país democrático.

Befehl ist befehl: la apelación a la obediencia debida

Si estas citas no bastan al lector para quedarse tan sorprendido como yo ante las declaraciones de Rouco, tal vez sirvan como argumento las consecuencias que ese principio de obediencia de la ley, sea o no justa, ha tenido en el siglo XX. La obediencia debida, o “befehl ist befehl” (órdenes son órdenes), fue usada por los criminales de guerra nazis procesados en los Juicios de Nüremberg en 1945 y 1946. Los fundamentos jurídicos del proceso, resumidos en los “Principios de Nüremberg”, establecían, por el contrario, “que una persona actúe bajo las órdenes de su Gobierno o de un superior no le exime de la responsabilidad” en crímenes contra los derechos humanos, “siempre que se demuestre que tenía posibilidad de actuar de otra forma”.

En la Alemania nazi dicha persona podría alegar que desobedecer le habría costado la vida. En la España actual, un político que desobedezca la ley del aborto puede ser condenado a prisión de uno a tres años, multa de seis a doce meses e inhabilitación especial de seis a doce años según el Art. 506 del Código Penal. Nada irreparable, no como la muerte de seres humanos inocentes, muerte que podría evitar con su desobediencia. Otra alternativa es dimitir, como afirma Monseñor Rouco, y dejar el puesto a alguien que considere que la ley del aborto está por encima de la Constitución e incluso de los derechos humanos, y que ejecute sin titubear una norma que quiebra uno de los pilares de toda democracia: el respeto por la vida humana. Esta última opción, desde luego, es la vía más rápida hacia una tiranía.

¡Suscríbete gratis a este blog! Ya somos más de 5.000

Comentarios (Facebook):

AVISO: el incumplimiento de las Normas de Participación podrá dar lugar al bloqueo del infractor, de tal forma que sus comentarios quedarán ocultos para los demás lectores.

NOTA: Debido al cambio de URL de http a https, algunos comentarios publicados antes del 9.2.2020 en el blog pueden haberse perdido. Lamento las molestias.

Enlaces desde blogs, webs y agregadores:

Comentarios (Blog):

  1. Kiko

    Yo estoy contigo, pero ponte en el caso que propone Rouco. La profesión de médico es la más demandada en España hoy día. Imagínate la repercusión de una dimisión en masa del colectivo médico. Además de poner de relieve su compromiso contra el aborto pondría en jaque al gobierno de la nación como nunca antes se ha visto. Si unos controladores han conseguido poner nervioso a un gobierno qué no podrá conseguir un abandono de la gran mayoría de facultativos y personal sanitario que es contrario al aborto…

  2. Yo creo que ambas posiciones no son excluyentes. Lo que viene a decir Rouco es que cabe la rebeldía frente a las leyes injustas, pero que hay que aceptar las consecuencias de rebelarse. Yo puedo decidir no pagar impuestos porque son un robo, pero debo ser consciente que ello me puede llevar incluso a prisión. Por la misma razón un gobernante que no está dispuesto a aplicar una ley debe de dimitir.

    Gil Hellín habla de la resistencia frente a las leyes injustas, que no son ley precisamente por no ser justas.

    Ambos hablan de lo mismo en mi opinión. 🙂

  3. No veo la incompatibilidad entre lo que dice Rouco y todo lo demás que nos presentas.

    Leamos con cuidado las palabras de Rouco. Una cosa es que cualquier persona, tanto tú y yo como un gobernante, tengamos obligación moral de enfrentarnos e incumplir leyes injustas y otra cosa son las responsabilidades de un gobernante como tal. Un gobernante tiene la obligación moral de aplicar las leyes vigentes, como todos tenemos la obligación moral de cumplir nuestros compromisos laborales, otra cosa es que como persona, independientemente de su cargo, tenga la obligación moral de incumplir una ley injusta. Así pues el gobernante que no quiere cumplir una ley injusta debe, por coherencia, renunciar a su cargo. Otra cuestión es que alguien que no tiene responsabilidades de gobierno, como un médico, sí pueda, y deba, negarse a acatar una ley injusta y a cometer un asesinato sin que ello tenga que implicar una renuncia a su trabajo.

    No veo, por tanto, incompatibilidades. Veo que Rouco llama a los gobernantes a renunciar a un cargo en pos de la justicia siempre que sea necesario.

    Independientemente de lo que diga Rouco, estoy seguro de que el efecto sobre la sociedad sería mayor y mejor, puesto que el que se niega a cumplir algo pero conservando su poltrona parece que no se ha arriesgado ni comprometido a nada. Sin embargo, el que abandona su posición privilegiada por sus principios tiene una credibilidad mucho mayor.

  4. Cuando puse mi comentario no había leído el de anghara. Creo que pensamos los mismo.

  5. Alejandro Campoy

    Esta entrada es cojonuda

  6. Comentarista

    El problema que se plantea es cómo legitimar el criterio de discernimiento entre leyes justas e injustas. La propuesta democrática es mediante la decisión mayoritaria. La religión católica establece una jerarquía de autoridad cuyo máximo exponente (desde un punto de vista profano) es el Papa. Según el derecho internacional el papado no tiene soberanía sobre el reino de España, así que su criterio no es jurídicamente vinculante en este caso.

  7. Alejandro Campoy

    Me parece que las citas que trae Elentir dejan muy claro que la primera afirmación de Rouco, “un gobernante tiene que hacer cumplir la ley” es un grave error, que no se subsana por el hecho de añadir a continuación “si no lo hace debe dimitir”. No. Un gobernante NO tiene que hacer cumplir la ley si ésta es injusta, y tampoco tiene porqué dimitir si no hace cumplir esa ley injusta. Ya le caerán los palos por no haberlo hecho sin necesidad de dimitir.

  8. Anónimo

    Las leyes, por muy absurdas, estúpidas e injustificables que sean siempre deben cumplirse y ahí está la clave de este asunto. Si yo soy un médico, esta ley no me deja abstenerme de practicar un aborto y si así lo hago me puedo meter en un buen lío que puede ir desde que me impidan volver a desempeñar mi profesión hasta Dios sabe qué.

    Ésas son las leyes de Zapatero y de sus secuaces. Leyes que sólo benefician a los lobbies que mantienen en el poder al presidente y que sin embargo perjudican a la inmensa mayoría de la sociedad. Por ello, la solución a este problema pasa inevitablemente por un cambio en el inquilino de la Moncloa.

    Ahora bien, los textos legales pueden derogarse pero ¿tú ves a Rajoy con ganas de derogar basuras como la Ley de Memoria Histórica, la Ley Integral de Violencia de Género, la Ley de Igualdad o incluso la Ley del Aborto? Pero si no se atrevió gracias a Arriola a defender el recurso contra el Estatuto catalán que él mismo interpuso.

    El problema no está en este Gobierno sino en su oposición, ya que no existe. Si ZP tuviese en frente a Esperanza Aguirre, ahora mismo no es que ya no tuviésemos que padecer al PSOE, sino que unos cuantos del equipo de Gobierno estarían procesados penalmente. Pero tenemos a Rajoy con todo lo que ello conlleva.

    Yo en ese sentido soy muy claro. Yo no abogo por la desobediencia a la Ley del Aborto. Yo abogo porque cuando haya un cambio de Gobierno, el que venga tipifique el aborto como un delito de asesinato y lo haga con efectos retroactivos, y a la primera que siente en el banquillo sea a Bibiana Aído y el siguiente: Zapatero. Ya verías entonces si hubiesen sacado adelante esa mierda. Y por cierto, recordemos lo que muchas veces dijo Garzón cuando daba el espectáculo en la Audiencia Nacional: los crímenes de lesa humanidad o de genocidio no prescriben nunca.

    Eso es lo que hay que hacer. ¿Desafiáis a la sociedad para contentar a los masonazos de turno? Pues a la trena y en paz.

    Ah, y que conste que el derecho a la vida lo defendemos en beneficio de futuros Ignacios Escolares, porque mucho me temo que las que quieren abortar a sus hijos, no son precisamente de derechas. Algo que le vendría bien que le explicasen al niño del director del 20 Minutos la próxima vez que escriba cualquiera de sus paridas contra el aborto en su “bló”.

  9. Querido Elentir:

    Yo también pienso, como ya se ha expuesto por otros, que no hay incompatibilidad entre las declaraciones de ambos arzobispos. No voy a repetir los argumentos. Sólo añadiré que, aunque tu artículo es un prodigio de información sobre el tema de la insumisión ante las leyes injustas, del que tomo buena nota, el pensamiento y las actitudes del Cardenal Rouco han sido siempre muy valientes y claras sobre la aberración y la ilegitimidad de la ley del aborto, así como sobre otras muchas barbaridades que la izquierda radical nos ha hecho caer encima. No me parece justo, ni cabal, criticarle extrayendo unas frases suyas fuera del contexto global de todos sus escritos y discursos. No deberíamos caer en esa táctica, que tantas veces usan los laicistas contra nosotros, ni mucho menos favorecer la impresión de división dentro de la jerarquía eclesiástica, algo que conviene y mucho a los impulsores de la cultura de la muerte. Sobre el aborto, no hay fisuras en la jerarquía. Sólo algún cura desmadrado se sale de esta comunión total.

  10. José Ángel

    Desde mi total desconocimiento de leyes. Intuyo que no existe contradicción en el fondo entre lo que dice uno y otro arzobispo. Uno habla en general: no hay por qué obedecer una ley objetivamente injusta. El otro (que además de arzobispo es jurista) habla para el caso concreto del gobernante. En tal caso Rouco parece decir que desde el punto de vista técnico un gobernante no puede desobedecer las leyes que está obligado a hacer cumplir. En caso de no poder, en conciencia, hacer cumplir una ley injusta, debería dimitir. Después, toda la desobediencia que haga falta. Hay ejemplos parecidos a esto hay en la Historia, como el de Balduino I de Bélgica (no dimitió, fue declarado incapaz temporalmente, porque en conciencia no podía sancionar una ley que estaba obligado a sancionar).
    Las consecuencias que podría traer hacer lo que dice Rouco es otra historia.

  11. José Ángel

    Vaya, no había podido leer los comentarios anteriores. Parece que estamos casi todos de acuerdo.

  12. Álvaro

    Monseñor Gil Hellín.

  13. JFM

    No creo que haya contradiccion (muy) grande. El que ostenta un cargo tiene una obligacion mucho mas fuerte de acatar y hacer acatar la ley en el ejercicio de sus funciones (que no lo haga en su esfera privada eso es otra cosa). Si no lo hace no solo esta descatandola sino traicionando a su cargo y esta obediencia (que ata las manos del ejecutivo y del judicial) es la base de la separacion de poderes.

  14. JFM

    Para clarificar. Un gobernante puede ser hostil a una ley, incluso puede ponerse a a la cabeza de manifestaciones pidiendo su revocacion pero la tiene que aplicar y hacer aplicar.

  15. Mons. Rouco sólo está dando alas y justificando las posturas peperas: es que la ley es la que es, y como yo presido tal o cual comunidad, pues he de hacer cumplir dicha ley, aunque no estoy de acuerdo, votantes católicos. Soy de los vuestros, que lo dice hasta uno de vuestros cardenales…

    En fin…

  16. CFuencisla

    Pues yo no puedo apoyar este mensaje de Rouco, que considero desafortunado y hasta alarmante, al menos con estas explicaciones.

    La ley obliga por igual a políticos, que a ciudadanos. ¿Esta diciendo Rouco que los profesionales que se resistan a perpetrar este “servicio o prestación sanitaria más” o “garantizar este derecho”´en la red pública -la nueva Ley considera así el aborto-, deberían dimitir? Pues, ¿en que queda entonces el derecho constitucional a la objeción de xonciencia?

    La Ley Natural y la conciencia está por encima de una ley injusta, más cuando hay muchos datos que así lo avalan, empezando por una mayoría social que lo acusa, una mitad politica que lo refrenda, un TC que así ha estado a punto -ha faltado un voto- para paralizar esta ley….

    ¿Es que uno, por trabajar para el Estado en condición de político, tiene que renunciar a trabajar por el bien comçiun, que es lo que le da sentido? Y no se traajaría por el ien común dando cumplimiento a una ley qe extermina las vidas humanas más inocentes. ¿Por qué no van a poder objetar?

    Y los maestros que tendrán que adoctrinar en clave proabortista, ¿también tendrán que cumplir con ello si trabajan en escuelas públicas, o si no renunciar a su plaza? Pues menuda purga…

    En Argentina estamos viendo estos días, poor ejemplo, el creciente numero de jueces que se niegan a registrar como “matrimonio” a las parejas gays, afirmando precisamente su derecho a la objeción… Si hay otros jueces dispuestos a registrarlos, adelante. Pero es que aquí no hablamos de puros antojos, o que no guste una ley por mera apetencia… Sino de leyes que atentan claramente contra bienes y derechos fundamentales que hay que defenderse, allí donde esté cada cual. El ciudadano, como ciudadano. El sanitario, como sanitario. El político, como político.

    Recordemos que entonces, por ejemplo, el juez Calamita, que bbuscaba el interés de la menor que debe prevalecer frente a una ley injusta que concibe la concepción de la adopción como un “derecho” de quien adopta, debería haber dimitido por pararse a pensar en la menor y no aplicar a pies juntillas una ley claramente nociva y dañina?

    Monseñor Rouco, con todo mi respeto: no soy política, pero si lo fuera, tenga por seguro mi desobediencia civil a una ley deshumana e injusta que ahora no puedo ejercer más que como mera ciudadana y desde mi quehacer periodístico, y que tendría la conciencia no sólo tranquila, sino aliviada, con poder hacer desde mi cargo polñitico -si lo tuviera- todo lo posible para servir realmente a la ciudadanía, que es el objeto de todo cargo público, lo que no se consigue acatando una ley que por ende a emanado de un Parlamento surgido de unas elecciones en la que los partidos no llevaban en sus programas tamaña reforma proabortista infame; luego añado y le digo claramente que niego a estos partidos legitimidad alguna para llevar a cabo semejante reforma proabortista.

  17. Epiro

    Optaría por lo dicho por Hellín.

    Aunque el problema aquí sería cómo evitar un acto (el aborto) y la rebeldía pasiva sería precisamente no querer llevar a cabo un acto que el gobierno nos obliga a hacer (un ejemplo de esto, es lo que hace valientemente Gloria Lago o el círculo balear, cuando se niegan a hablar sólo en una lengua)

    El problema de esta nueva normativa pro-aborto es cómo evitar la masacre.

  18. José Benito

    Depende de qué interpretemos por ley. Para mí, una “ley” injusta (caso que incluyo en que vaya contra la naturaleza en general, porque la justicia para mí es algo natural) no es, por definición, una ley, sino una imposición injusta. ¿O acaso vamos a admitir que sean leyes las impuestas por las más inicuas dictaduras? La expresión “ley injusta” es una contradicción de base. Creo que ésta mía es una posición muy cercana a la de la Iglesia, si tenemos en cuenta lo que han mantenido a lo largo de la Historia sus teólogos, doctores y filósofos. Por tanto, los dos pueden tener razón.

  19. José Benito

    Quiero decir que la expresión “ley injusta” es contradictoria con la propia definición de lo que, por naturaleza, debe atribuirse a la palabra “ley”, y que ésa debe de ser la postura de la Iglesia.

  20. José Benito

    Perdón que escriba por tercera vez, pero es que la idea no me llegó completa desde el primer momento; quiero que quede bien clara la consecuencia de lo que he dicho: precisamente la no admisión de que una “ley” injusta no sea tal ley, es la que da legitimidad a nuestra desobediencia a la misma, y ésa es la postura que la Iglesia parece mantener de fondo, si se lee a sus seculares filósofos. El tirano (como este gobierno está demostrando que lo es) no pide obligación a la verdadera ley (que para la Iglesia emana, al final, de Dios), sino a sus imposiciones arbitrarias, a las que falsamente llama “leyes”.

  21. José Benito

    Y una cuarta vez, para corregirme:

    cuando dije precisamente la no admisión de que una “ley” injusta no sea tal ley, quise decir precisamente la no admisión de que una “ley” injusta sea tal ley.

  22. José Benito

    He buscado, y encontrado esta interesante lectura al respecto.

  23. maria

    No estoy de acuerdo. La ley del aborto es moralmente inaceptable y unos pocos valientes han optado por no aplicar esa ley en sus comunidades. Supongo que serán conscientes de las posibles consecuencias de su decisión: prisión, multa o cese de su cargo. Para mi tiene más valor aceptar las graves consecuencias, tanto personales como profesionales, que tiene el incumplimiento de una ley que dimitir sin más y dejar paso a otros, dispuestos a acatar si remilgos lo que sea.
    Si el día de mañana las cárceles de España se llenan de políticos, médicos, enfermeros, farmaceúticos, profesores de universidad,etc, que asumieron las consecuencias de no acatar la ley del aborto ¡Benditos sean todos ellos! Ante esta ley antes insumisión que dimisión.

  24. JFM

    José Benito

    Como dije una cosa es que un ciudadano no cumpla una ley injusta y otra que un gobernante no lo haga

    El gobernante debe aplicarla en su actividad de gobernante y si no le gusta solo tiene dos opciones:

    1) Impulsar su abrogacion

    2) Dimitir

  25. La teología moral católica es clara.Es obligatoria ante Dios toda ley humana legítima y justa; toda ley que se ordena al bien común, sea promulgada por la legítima autoridad y dentro de sus atribuciones, sea buena en sí misma y en sus circunstancias y se imponga a los súbditos obligados a ella en las debidas proporciones. Cuando la ley carece de dichas condiciones es injusta y por ello no obliga y es más, en ocasiones, puede ser incluso obligatorio desobedecerla abiertamente.
    (Curso de teología moral. Sada-Monroy)

    Pues esta ley no es ni buena, ni tiende al bien común, ni es proporcionada para aquellos que se sientan asqueados por cumplirla. Gil Hellín acierta de pleno.

  26. Alejandro Campoy

    Además, hay otra cosa: se supone que esta aberración tiene forma de ley porque ha sido publicada en el BOE. Previamente a esto, ha sido aprobada por el Congreso y por el Senado, y de esto se valen los zetapistas para decir que es una ley que ha sido aprobada por la voluntad mayoritaria de la soberanía popular: ESTO ES MENTIRA.

    El PSOE se presentó a las elecciones generales de 2008 con un programa electoral que no hacía ninguna referencia a esta aberración, por lo que los votantes del PSOE NO VOTARON la aprobación de esta ley, y en consecuencia no responde a la voluntad mayoritaria de la soberanía popular.

    Basta ya de formalismos

  27. Kiko, en primer lugar Rouco no se refiere a los médicos, sino a los gobernantes. Por otra parte, ten claro que si ahora mismo dimitiesen todos los médicos provida -cosa muy poco probable-, el gobierno estaría muy, muy feliz. Sabe que tiene médicos en el paro de sobra para ocupar esos puestos, y desde luego les veo capaz de anteponer los intereses de lobby abortista a la salud de todos los pacientes.

    Anghara, si Rouco hubiese querido decir eso, lo habría dicho. Sin embargo, Rouco ayer habló de dimitir, lo cual cambia mucho la cosa. Basta con leer las declaraciones de Rouco y la carta pastoral de Gil Hellín para apreciar la tremenda diferencia que hay entre ambas.

    Interruptor: “Un gobernante tiene la obligación moral de aplicar las leyes vigentes”

    Si la doctrina católica ni siquiera considera que tenga valor de ley una ley injusta, ¿cómo va a considerar que un gobernante tenga la obligación moral de aplicarla? Eso sería como decir que la Iglesia considera que un gobernante tiene la obligación moral de aplicar la ley del aborto, con sus letales consecuencias, lo cual es una barbaridad.

    Comentarista: “El problema que se plantea es cómo legitimar el criterio de discernimiento entre leyes justas e injustas. La propuesta democrática es mediante la decisión mayoritaria. La religión católica establece una jerarquía de autoridad cuyo máximo exponente (desde un punto de vista profano) es el Papa.”

    Menuda empanada mental, machiño… Para empezar, una ley es justa o deja de serlo en función de su coincidencia con la razón, con el bien común y con los derechos que se derivan de nuestra condición de seres humanos. Si las cosas fueran como tú dices, en Alemania habría sido un acto de justicia y de democracia instaurar las leyes racistas de Nüremberg simplemente porque los nazis llegaron al poder en unas elecciones. En cuando a la religión católica, su máxima autoridad no es el Papa, sino Cristo. El Papa sólo es la cabeza visible de la Iglesia. Desde luego, que confundas el Derecho Internacional con el Derecho Natural es para llevarse las manos a la cabeza.

    Anónimo: “Yo no abogo por la desobediencia a la Ley del Aborto. Yo abogo porque cuando haya un cambio de Gobierno, el que venga tipifique el aborto como un delito de asesinato”

    ¿Y cuántos inocentes van a tener que morir entre tanto? Ante una injusticia tenemos la obligación moral de desobedecer, sobre todo cuando esa injusticia tiene efectos tan perniciosos e irreparables como son la muerte de cientos o miles de inocentes.

    JFM: “El que ostenta un cargo tiene una obligacion mucho mas fuerte de acatar y hacer acatar la ley en el ejercicio de sus funciones (que no lo haga en su esfera privada eso es otra cosa). Si no lo hace no solo esta descatandola sino traicionando a su cargo y esta obediencia (que ata las manos del ejecutivo y del judicial) es la base de la separacion de poderes.”

    El fin de la democracia no es la separación de poderes, sino la participación del pueblo en el gobierno respetando ciertos preceptos que garantizan el bien común y el respeto por los derechos humanos. Es a ese fin al que se dirige la separación de poderes, que es un mero instrumento para garantizar mejor los derechos de los ciudadanos. Si un régimen político con separación real de poderes -y no lo que tenemos en España- se dedicase a liquidar los derechos humanos con el beneplácito de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, estaríamos hablando de cualquier cosa menos de una democracia. Si un poder es puesto en la situación de violar esos derechos, no veo otra salida ética y moralmente hablando que la desobediencia por parte de ese gobernante. ¿Cuántos crímenes no se habrían evitado a lo largo de la historia si un gobernante, en vez de actuar como un simple resorte de una maquinaria fría e indiferente, se hubiera negado a colaborar con esa estructura criminal? Tenemos que ir cambiando ya el chip, que ya acumulamos demasiados ejemplos históricos de cómo no se debieron hacer las cosas.

  28. Comentarista

    Un par de apuntes, no he dicho que la decisión mayoritaria convierta una ley democrática en justa, sino en legítima. También he precisado que la máxima autoridad de la Iglesia es el Papa desde un punto de vista PROFANO, no religioso.

  29. Vamos a ver, Comentarista: ¿entonces tú consideras legítimas las leyes racistas de Nüremberg? Porque fueron aprobadas por un gobierno salido de las urnas. Vamos, que según tú, para que algo sea legítimo no tiene por qué estar en consonancia ni con la razón ni tiene que respetar los derechos humanos. ¿Es eso?

    Por otra parte, aquí no estamos hablando de que un político desobedezca una ley porque se lo dice la Iglesia, o porque esa ley difiera de la doctrina católica. Si hablamos de desobediencia es porque se trata de leyes injustas, contrarias a la razón y a los derechos humanos. Deja ya de confundir la razón y el derecho natural con el Derecho Internacional, por favor. Es algo ridículo.

  30. No acabo de ver tanta contradicción entre las palabras de uno y otro obispos. Quizá habría que conocer también el resto de las palabras.

  31. Anónimo

    ¿Y dime una cosa Elentir? ¿Existe legalmente hablando el rango de “Ley Injusta” o esa calificación es únicamente moral? Por suerte o por desgracia las leyes, mientras estén en vigor, están para cumplirlas y no hacerlo puede tener consecuencias muy desagradables civil y penalmente hablando para el que lo haga.

    Por si no te has dado cuenta yo tampoco quiero que se aplique, pero a la hora de combatir una ley hay que tener bastante más picardía de la que sugiere la conciencia o los prontos. Porque la desobediencia a una ley como estrategia implica la deslegitimación al espíritu de todas las demás de mayor o menor rango (incluyendo al Código Penal y a la Constitución) y por ello su incumplimiento se castiga.

    Si la ley del Aborto ha sido aprobada es porque el PSOE en ningún momento se tomó en serio a la oposición a la misma porque nunca habló en un idioma que estos individuos entiendan y si queremos que sea derogada no se puede ir como los de la caravana de Derecho a Vivir con unas campañas dignas de eunucos que sólo sirven para que la izquierda se canchondee de ellas. Porque eso fue lo que consiguieron.

    Hay que cambiar el lenguaje y las formas. Es decir, atacar y que tengan miedo a llevar a cabo sus iniciativas dictatoriales. Algo así:

    ¿Queréis convertir un crimen en un derecho? Vale, no hay problema, hacedlo. Peeeero no os olvidéis nunca de que empezáis un juego muy peligroso y si alguna vez perdéis el poder… lo ocuparemos nosotros, y nos encargaremos de que lo paguéis muy caro con esos mismos mecanismos legales que vosotros habéis emponzoñado. Así que no nos toquéis los cojones a nosotros y nosotros no os los cortaremos a vosotros.

    Si se hubiesen dicho cosas así el lugar del “un aplauso para el feto de tantos meses” con niños de colegios de curas desfilando, ya veríais como otro gallo cantaría. A eso es a lo que me refiero. Con la simple desobediencia, salvo que seas de ERC y lo propongas en el Parlament, sólo se consigue acabar entre rejas.

  32. Anónimo, evidentemente no existe una categoría legal de ley injusta. Sí que existe la posibilidad de declarar inconstitucional una ley, pero aquí en España los políticos -en especial el PSOE- ya se han asegurado de que ese camino sea largo y tortuoso, beneficiando a la ley al convertirla en un hecho consumado durante el tiempo que tarda el Tribunal Constitucional en dictar sentencia.

    Esos largos plazos pueden tolerarse, hasta cierto punto, cuando una ley no tiene consecuencias irreversibles. No en este caso. En el tiempo que tarde el TC en dictar sentencia sobre la nueva ley del aborto morirán muchos inocentes. Es un daño gravísimo e irreparable. Por eso en casos así la desobediencia se convierte en la única salida en el plano de la ética y la moral, obviamente.

  33. Por cierto:

    http://infocatolica.com/blog/coradcor.php/1007231124-quo-vadis-antonio-maria

    Esto no va a pasar en este blog. Esta entrada de Contando Estrelas se va a quedar donde la veis.

  34. José Benito

    Elentir:

    Lo siento, no sé qué había en el vínculo que das de Infocatólica, porque me dice que no hay nada ahí. Ahora me ha picado la curiosidad.

    JFM:

    En la misma entrada de Elentir está: mihi lex esse non videtur, quae iusta non fuerit; es decir, que “no veo ley en aquélla que no es justa”.

    Dicho de otro modo, y como afirma el iusnaturalismo, pensamiento en el que la Iglesia siempre se ha encuadrado, si una ley es injusta, es que no es ley. (Entiéndase, claro, excepto en la mente retorcida de quien la impone).

    Esto último es lo que dice Gil Hellín, y te cito otra vez sus palabras según la entrada de Elentir: Digámoslo con total claridad: esta ley no es ley, aunque se presente así por algunas instancias políticas y legislativas. Por tanto, deja bien claro (como yo coincido) que desobedecer ese tipo de imposiciones arbitrarias no es desobedecer ley alguna.

    De ahí la misma verdad de la afirmación de Rouco Varela: Un gobernante tiene que aplicar la ley y si no lo hace tendrá que renunciar a su cargo. Observa que una no-ley (como hemos visto que lo es una ley injusta), cae directamente en la categoría opuesta a la afirmación de Rouco: es decir, que es precisamente lo que el gobernante no tiene que aplicar. Por eso he dicho que ambas afirmaciones pueden ser compatibles o no, dependiendo de lo que entendamos como ley.

    Queda visto, así, que si Rouco y Gil Hellín entienden por “ley” lo mismo el uno que el otro (es decir, algo esencialmente justo), las afirmaciones de ambos son perfectamente compatibles; precisamente, no lo serían si ambos entendieran cosas distintas en el vocablo “ley”.

    De hecho, siempre dando a “ley” la misma significación, Rouco viene a reforzar y justificar todavía más la actitud de aquéllos que se comprometen con ella: Un gobernante tiene la obligación de cumplir la ley, no está por encima de la ley.

    Y, siguiendo al hilo de entender por ley según lo que hasta ahora hemos entendido, y persistiendo también en lo que llamamos ley injusta (es decir, ésta como una imposición del Estado que se encuentra en la tesitura de ser negada como ley para quienes “ley injusta no es ley”, pero que sí es aceptada como tal por parte de quienes pretenden hacer valer su acatamiento, por considerarla ley a partir del mero hecho de que es el Gobierno quien la impone), Rouco incluso ve abierta la posibilidad de que alguien que se niegue a hacer aplicar tal “ley”, tenga una buena disculpa para mantener esta actitud sin dimitir también: otra cosa es qué hace con su conciencia ante una ley que es injusta. Ese es un problema que habría que ver en cada caso.

    Y así, JFM, véase desde el punto que se vea, tienes toda la razón en que un gobernante tiene que hacer cumplir toda ley. Pero, como toda ley injusta=no-ley, tampoco se contradice con esa misma afirmación tuya el hecho de que un gobernante no tenga que hacer cumplir una ley injusta.

    Y es que es normal que sea así, porque una ley sirve para que el poder que ejerce la justicia siga haciendo justicia. Si lo que se consigue con ella es injusticia, no es ley.

    ¿Que después, el buen gobernante haga todo lo que pueda por derogarla? Pues también. No es incompatible.

  35. JFM

    Para Elentir y José Benito.

    La democracia se basa en la idea de que mas vale fastidiar a 1 que a 100. Pero tambien hay que recordar que la mayoria puede no ser justa/no tener razon. Por lo cual la democracia contrariamente a lo que dicen los izquierdistas NO es la dictadura de la mayoria y limita el poder del gobernante a traves de la Ley y la separacion de poderes. Y si quiero que este la respete en todo momento, “no que diga esta y esta ley no me gustan y las desacato”. Recelo del que decida no obedecer a la que le parezca mal aunque yo coincida con el en ese desacato particular porque mańana el o otro la desobecera para venir a por mi.

    En la pelicula Tomas Moro, Tomas le pregunta a su yerno si desobedeceria a una ley injusta y el yerno responde: Sy mil veces si a lo caul Tomas (que tiene funciones oficiales, no lo olvidemos) responde “Este pais esta cosido de leyes y las bendigo por que son mi propia proteccion y una vez que hayas destruido la ley ya no habra nada que te proteja cuando estes frente a frente con el diablo.

    Claro esta que podemos alegar que en un pais donde el Primer Ministro (vease el estatuto, la negociacion con ETA) es el primero en desobedecer la ley cuando no le conviene y ha dicho recientemente que la Constitucion no debe limitar la voluntad de los espańoles (o sease la suya y observemos quie este es el concepto de dictadura de la mayoria) se puede alegar que la ley ya no ata las manos ni de gobernados ni de gobernantes regionales pero no porque sea injusta sino porque la izquierda la ha convertido en papel mojado.

  36. JFM, la democracia consiste en algo más: en el respeto por los derechos y la dignidad humana. Insisto: por mucho que un país tenga elecciones y separación de poderes, si no respeta los derechos humanos entonces tiene un grave déficit democrático. Si un gobernante actúa contra esos derechos, tras impedir además que los ciudadanos puedan defenderse de ese abuso de inmediato (que es lo que hizo el PSOE al eliminar el recurso previo de inconstitucionalidad), entonces no nos dejan más salida que la desobediencia. Yo no estoy dispuesto a aguantar de brazos cruzados que mi país se convierta en una tiranía socialista como la de Hugo Chávez.

  37. Monseñor Gil Hellin es fiel al magisterio y no tiene respetos humanos hacia el triunvirato de las tinieblas ZP-AIDO-EL REY. Estos son los pastores santos que aman a Jesús sobre todas las cosas. Monseñor Rouco, sin embargo, es una vergüenza.

  38. José Benito

    JFM:

    Por mi parte, no entiendo cómo se puede considerar desacato la desobediencia a una imposición dictatorial, como tal lo es una supuesta ley que por su misma naturaleza no es ley, y lo mismo para Tomás Moro. Estén como estén repartidos los poderes en un régimen gubernamental, la obediencia a imposiciones es un tipo de dictadura (hay muchos tipos de dictaduras), y negarse a hacer cumplir tales imposiciones es obstaculizar la dictadura, lo cual me parece legítimo.

    No me parece comparable este hecho con desobedecer la ley (siempre que se pueda considerar “ley”) porque simplemente no me guste, sin que haya de por medio una justificación fundamentada en algo sólido como sí me parece que lo es la protección de vidas humanas indefensas e inocentes segadas a cambio de un beneficio menor que el valor de ellas mismas. Todo lo que atente gratuitamente contra la vida de terceros, no se puede considerar ley, sino imposición dictatorial.

    En cuanto a la cita de Tomás Moro, habremos de recordar que era un gran filósofo y que su concepto de ley, por supuesto, coincide con el de la Iglesia que le reconoció como santo (y que no lo hizo gratuitamente, dicho sea de paso), concepto que, si lo pensamos, en definitiva le condujo a su posterior desgracia y muerte.

    Habrá que empezar por entender quién es para Tomás Moro el que destruye la ley: si el que desacata la mal llamada “ley injusta” o el que la impone llamando “ley” a algo que es insultar a la verdadera ley llamarle así. Claro que da miedo entrar en la dinámica de destruir la ley, pero quien la ha destruido no es quien desacata lo que ya no es ley por haber sido ésta ya destruida previamente. Tomás Moro se refiere a la desobediencia civil general justificada porque la ley deje de ser ley, y su respuesta es realmente una forma de estar de acuerdo con lo que dice su amigo, ya que la “ley injusta”, destruye la verdadera ley legitimando su no acatamiento, hecho ante el cual él manifiesta su temor. Una desobediencia injustificada de la ley (entendida por verdadera o justa ley) no es lo que daba miedo a Tomás Moro, pues las penas aplicadas a tal desobediencia serían legítimas. No es el miedo a la justicia lo que él tenía. Lo que le da miedo es el desacato a la ley injusta, porque el castigo a tal desobediencia es una injusticia ante la cual los ciudadanos están desamparados: solos ante el diablo, un Estado que debía haber servido para protegerles pero que así hace todo lo contrario.

    Podemos considerarlo un problema filosófico, si quieres; pero las ideas se nos aclaran mucho más si no olvidamos que el diablo para Tomás Moro, al final tuvo nombre propio, que fue el de la misma persona que imponía la ley y la no ley: no sólo un dictador, sino un verdadero tirano, Enrique VIII.

  39. Ignacio

    No se trata de Tomas de Aquino.

    Se trata de Santo Tomás Moro

  40. En la entrada publico citas de la “Suma Teológica”, una obra de Santo Tomás de Aquino. Antes de hacer una corrección recomiendo estar seguro de tener la certeza de lo que se corrige.

Opina sobre esta entrada:

Al pulsar 'Enviar' aceptas las Normas de Participación.