Necesitamos políticos que no cambien de opinión como unas veletas

La importancia de los principios en política y las consecuencias que tiene carecer de ellos

Eng Lun 21·10·2024 · 7:01 7

Hace ya muchos años que los españoles nos venimos lamentando de la facilidad con la que muchos políticos faltan a sus promesas.

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En la última década hemos tenido dos grandes ejemplos de ese fenómeno en España. El primero fue el gobierno de Mariano Rajoy, que llegó al poder en 2011 con una mayoría absoluta y promesas de "cambio", pero que finalmente dejó intactas las leyes ideológicas socialistas, defraudando a muchos antiguos votantes del Partido Popular. Ésa fue, precisamente, una de las causas del nacimiento de Vox: la traición del PP a sus principios, al convertirse en un partido que se vació de ellos, un proceso que tuvo su momento más claro cuando Rajoy enseñó la puerta de salida a los liberales y a los conservadores en Elche en 2008.

El segundo gran ejemplo está siendo el gobierno de Pedro Sánchez, que llegó al poder mediante una moción de censura en 2018 y que ha hecho una y otra vez todo lo que dijo que no haría: aliarse con los comunistas de Podemos, aliarse con los herederos de ETA, regalar una amnistía a los separatistas catalanes y, finalmente, sumirse en una ola de escándalos de corrupción. Si todo esto no tiene un mayor coste electoral para los socialistas es porque muchos de sus seguidores viven inmersos en el relativismo moral (la creencia de que nada es verdad ni mentira, que todo depende del cristal con el que se mira) y en la idea de que el fin justifica los medios, incluyendo medios como mentir y engañar.

Ciertamente, en España podrá haber un cambio de gobierno que lleve al poder a un partido político que prometa hacer cosas distintas a las que acabo de repasar, pero nada cambiará si los españoles no empezamos a reclamar una clase política que tenga unos principios claros y firmes, y no palabras vacías que son arrastradas por el viento junto con las promesas hechas a los votantes. Necesitamos políticos de los que nos podamos fiar y que no cambien de opinión como unas veletas.

Hay personas que ven los principios como un estorbo o como una cosa que no tiene importancia. Sin embargo, los principios son los cimientos sobre los que basamos nuestra conducta. Nuestros actos son la expresión clara de la existencia de unos principios sólidos o de la ausencia de ellos. Un político que inspira confianza es aquel que expresa unos principios claros y es coherente con ellos, mientras que un político que dice tener unos ciertos principios pero se porta de forma incoherente con ellos, no es un político de fiar, como tampoco lo es el que dice que los principios no importan. Si apoyas a un político relativista, después no te quejes de que falta a su palabra, porque para alguien así las palabras carecen de significado y, por tanto, mentir es como "cambiar de opinión".

Por supuesto, no todos los principios merecen la misma consideración. La defensa de la cultura de la vida, de la libertad, de la democracia y de la unidad nacional no es algo equiparable a la defensa de la cultura de la muerte, de la opresión y de la ruptura de la unidad nacional.

Además, hay principios que sirven como punto de encuentro para personas de distintas tendencias. Yo, como liberal-conservador, puedo tener ciertas diferencias con un tradicionalista, pero coincido plenamente con su defensa de la vida desde la concepción. De igual forma, yo tengo claras diferencias con un centrista, pero coincido plenamente con su rechazo del racismo. Lo preocupante, desde hace tiempo, es que las siglas políticas se estén poniendo por encima de los principios, arrinconando a aquellos que se niegan a renunciar a ellos. Ésa es, a día de hoy, una de las mayores lacras de la política española.

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Comentarios:

  1. AlbertoAG

    La clase política es un reflejo de la sociedad. Si tenemos una clase política sin escrúpulos es porque la sociedad está corrompida. Carente de principios, una sociedad se vuelve débil, como ya está ocurriendo.

    Para una regeneración social, es necesario que aquellos que tenemos principios trabajemos en ello.

  2. wladimir

    es cierto…

    pero como se puede empezar a cambiar una sociedad que esta tan corrompida y perdida moralmente…y siendo ellos una aplastante mayoria….es un verdadero y complejo reto…por tanto tenemos un gobierno corrupto e inmoral sin ningun escrupulo…y promotor de antivalores tanto dentro del pais como por fuera de este…para este gobierno todo vale en pos de alcanzar alguna meta….

    pero definitivamente hay que empezar por algo….

  3. Berto

    Poco hay que hacer con un Partido Podrido que cambia de opinión prácticamente igual que los zurdos.

    Con un Fakejóo de Presidente del Gobierno seguiríamos con toda la legislación de izquierdas, igual que con Rajao.

    VOX no puede llegar a ningún pacto con una derecha de boquilla pero progre en su esencia. Les iba en ello su supervivencia como partido, algo que empezaron a corregir abandonando los gobiernos de las comunidades autónomas. Por mi parte, seguiré votando a los de Abascal mientras se separen totalmente de un Partido Podrido que solamente quiere los votos de los que nunca votaremos al PP.

  4. Efectivamente.
    El problema no es el embaucador, sino los embaucados que le sostienen en el poder. El problema no era Hitler, sino los hitlerianos que le mantuvieron en el poder. El problema no era el loco de Lenin, sino los leninistas que le apoyaban.
    El problema no fue la segunda república, sino los marxistas que decapitaron al rey como paso previo a una república que no era sino un marco más adecuado a los intereses de la revolución bolchevique española calcada de la revolución rusa de 1917.
    El problema no es el Dr. Sánchez, sino los sanchistas.

  5. jomeca

    Suscribo el artículo al completo. El relativismo moral al que alude y que achaca a los seguidores que votan PSOE debería extenderlo al resto de la sociedad, a una gran parte de ella, no solo a los seguidores del PSOE. Ahí coincido con AlbertoAG.

    Recuerdo la primera prédica de Ratzinger al ser elegido Papa y de como alertaba del peligro que suponía el relativismo moral en aquel momento. La sociedad está muy corrompida moralmente, pero no es solo en España, es un fenómeno global consecuencia de las políticas globales imperantes en muchos de los países de occidente en manos de personajes sin ningún tipo de escrúpulo.

    Lo que vemos en los gobiernos de muchos países es el resultado de lo que se viene sembrando socialmente desde hace tiempo. El político procede de la misma sociedad y como dice AlbertoAG, es el reflejo de la sociedad.

  6. FranciscoB

    El sabio refranero español nos decia hace ya siglos que: «Un hombre vale lo que vale su palabra». Sobran los ejemplos.

  7. AlbertoAG

    A lo dicho por FranciscoB se le puede añadir otro refrán español: «Dime con quién andas y te diré quién eres»

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