Hace dos años, el mal penetró por las fronteras de un país democrático y libre, dejando tras de sí un rastro de horror, sangre y muerte.
El precedente del Holocausto perpetrado por los nazis
Soy aficionado a la historia desde que era un niño. Siempre he pensado que la historia debería enseñarnos a no repetir los errores del pasado, especialmente aquellos que más daño han hecho a la humanidad. Hay un episodio de nuestra historia reciente que siempre me ha impresionado: cuando una sociedad que se creía avanzada fue capaz de exterminar a millones de personas, espoleada por el antisemitismo, por un odio irracional y enfermizo promovido por una banda de criminales que acabaron convirtiendo su país en un bosque de ruinas.
Después de millones de muertos, después del horror provocado por el nazismo y el comunismo, el mundo debería haberse vacunado contra los totalitarismos, contra esas ideologías perversas y asesinas que creen que los problemas del mundo pueden resolverse matando a masas enteras de seres humanos, ya sea por su raza o por su clase social, o simplemente porque no piensan como los totalitarios.
Durante décadas muchos se han preguntado: ¿cómo pudo ocurrir el Holocausto? ¿Cómo una sociedad fue capaz de dejarse invadir por el mal hasta el extremo de permitir y provocar algo así? Y sobre todo, ¿cómo podemos evitar que se repita? Recordar ese genocidio nos ha servido durante años para tener presente que ceder ante el mal puede hacer que una sociedad acabe enferma, envenenada por esa peste moral que se cuela por nuestras puertas cada vez que olvidamos que los demás son hijos de Dios y hermanos nuestros.
La masacre antisemita de Hamás del 7 de octubre de 2023
El 7 de octubre de 2023, hace dos años, el Estado de Israel fue víctima del mayor ataque terrorista de su historia, una masacre en la que Hamás asesinó a más gente en un solo día que la banda terrorista ETA en todas sus décadas de actividad criminal en España. Fue la mayor matanza antisemita desde el Holocausto, un hecho que conmocionó profundamente a la sociedad israelí, víctima de un ataque perpetrado por unos fanáticos que no aceptan la existencia del pueblo de Israel en la tierra de sus ancestros. Unos fanáticos que desde la independencia del Estado de Israel en 1948, vienen intentando exterminar a los judíos y completar el genocidio iniciado por los nazis.
Una conmoción así sólo es comparable a la que los Estados Unidos sufrió con los ataques del 11 de septiembre de 2001, o a la vivida por España con los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004. En proporción, el Siete de Octubre fue el mayor atentado terrorista sufrido por la sociedad occidental, teniendo en cuenta el número de víctimas y la población de Israel. Ese ataque fue un hecho que debería haber removido conciencias, pero en vez de eso, ver que el pueblo judío ejercía su derecho a defenderse y no se dejaba matar dio lugar a una reacción puramente nauseabunda por parte de la parte más fanática, miserable y moralmente enferma de nuestra sociedad.
La extrema izquierda y el islamismo, los nazis del siglo XXI
Como ya ocurrió otras veces, la extrema izquierda y el islamismo se unieron para convertir al país atacado en el malo de la historia, para criminalizar a los judíos por no dejarse torturar, secuestrar, violar y asesinar sin responder con contundencia a los criminales de Hamás. Occidente se ha visto recorrido por la mayor ola de antisemitismo desde el Tercer Reich, una ola de odio a los judíos impulsada por los mismos que llevan años acusando de "odio" a todos los que no opinan como ellos. Muchos que se hacen llamar "antifascistas" han demostrado ser tan antisemitas como los nazis de los que abominan, de los que hoy sólo se diferencian por la indumentaria y los símbolos. Los nazis de hoy llevan banderas palestinas y estrellas rojas en vez de esvásticas, y son tan odiosos como los nazis de hace 80 años.
Gaza está arrasada por culpa de Hamás y su estrategia de escudos humanos
Como ya expliqué ayer, la guerra en Oriente Medio ha dejado arrasado el territorio del que salieron los terroristas que atacaron Israel hace dos años. Si Gaza está en ruinas es por culpa de Hamás, que inició esta guerra con el mismo propósito con el que los enemigos de Israel empezaron todas sus guerras desde 1948: destruir a los judíos. Hamás es tan culpable de esa destrucción como los nazis fueron culpables de la destrucción de Alemania, cuyo pueblo fue sacrificado por el dictador Adolf Hitler y su banda de criminales nazis, en aras de un fanatismo puramente diabólico y equiparable al de los terroristas de Hamás.
Ese nivel de destrucción no es imputable a Israel, cuyo ejército ha actuado con una precisión sin precedentes en la historia de las guerras urbanas, como ya expuse ayer desde este mismo sitio. Fue Hamás la que decidió usar a los civiles de Gaza como escudos humanos, cometiendo así un crimen de guerra, escondiendo arsenales bajo escuelas, hospitales y edificios residenciales. Es a Hamás a la que hay que pedirle cuentas por la destrucción de Gaza.
La falsa acusación de 'genocidio' contra Israel, un moderno libelo de sangre
La falsa acusación de "genocidio" lanzada por algunos miserables contra Israel es una versión moderna de los libelos de sangre medievales, mentiras criminales que eran utilizadas para justificar toda clase de atrocidades contra los judíos. En la actualidad, ese gran libelo de sangre es promovido por los propios terroristas para volcar la responsabilidad de sus crímenes sobre sus víctimas. Ese colosal bulo es tan obsceno como si en 1945 se lanzase una acusación de "genocidio" contra los Aliados y no contra los nazis.
Sólo una sociedad moralmente enferma puede tragarse esa gran patraña promovida por los nuevos nazis, una patraña que está inspirada por la misma peste moral que inspiró el Holocausto: el antisemitismo. En los dos últimos años hemos visto a fanáticos llamando a la destrucción de Israel y pidiendo contra ese país toda clase de represalias como si fuese el culpable de esta guerra, como si el mero hecho de existir convirtiese en culpable al pueblo judío. El sionismo es la defensa del derecho del pueblo de Israel a tener su propio Estado, y una vez más el antisionismo ha demostrado ser un burdo disfraz para el antisemitismo, un discurso que sólo niega el derecho a existir al único país judío del mundo (un país democrático), haciendo la vista gorda con las dictaduras comunistas e islamistas.
Por mi parte lo tengo claro: entre el Estado de Israel y la alianza de islamismo y extrema izquierda, me quedo con Israel, un país creado sobre los restos de los supervivientes de un genocidio, un país que ha logrado alcanzar unos niveles de prosperidad y libertad que no existen en ningún otro país de la región. En medio de una sociedad enferma de antisemitismo lo decente no es dejarse llevar por ese repugnante odio para obtener la aprobación de una insana mayoría, de igual forma que no lo sería en la Alemania de 1940. Ante esa ola antisemita, hoy debemos gritar aún con más fuerza:
¡El pueblo de Israel vive!
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Foto: Emmanuel Dunand/AFP. Terroristas de Hamás desfilando en Gaza el 22 de mayo de 2021.
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Comentarios:
isanchezgil
Tenemos un ejemplo muy doloroso y cercano de sociedad enferma: el de las Vascongadas, a las que todo el mundo denomina País Vasco, y su «grupo de liberación del pueblo vasco», por otro nombre ETA.
No solamente se han dejado convencer de que no son españoles, sino que con la justificación de «algo habrá hecho», condonaron los novecientos y pico asesinatos de personas inocentes. simplemente por defender a España, o por ser militares, policías y guardias civiles. También mataron algunos socialistas, pero eso al actual PSOE no le importa, porque «algo habrían hecho».
La culminación de su actividad fueron los atentados del 11-M 2004, que callaron cobardemente ante la enorme reacción popular, silencio que le vino muy bien al PSOE para echar la culpa a los islámicos y ganar las elecciones.
Y, sin embargo, ahora toda la izquierda se pirra por el islamismo: incomprensible.
13:44 | 7/10/25
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