Bilingüismo cordial, menuda patraña

Galicia, ese lugar donde ahora te miran la lengua antes que mirarte a los ojos

EngGal Dom 24·5·2026 · 18:32 5

Por Álvaro J. Díaz-Mella

Hay una escena que muchos gallegos reconocerán. Un padre pide un café en castellano, el camarero responde en gallego, el hijo cambia de idioma con naturalidad mientras mira TikTok en inglés y, mientras tanto, algún iluminado de despacho, eso sí con un gran sueldo público, sigue redactando informes sobre el “conflicto lingüístico gallego” como si hablar castellano en Galicia fuese un acto de traición.

Galicia fue bilingüe antes de que existieran las subvenciones para imponerlo. Los que ya peinamos canas recordamos una Galicia bastante distinta. El gallego convivía con el castellano con una naturalidad casi biológica. Había barrios más castellanohablantes, aldeas donde el gallego era dominante y familias que mezclaban todo sin necesidad de observatorios lingüísticos ni campañas institucionales que nadie pidió y todos pagamos. Nadie examinaba el ADN identitario de la gente según el idioma en que pedía la leche. Ahora, en cambio, ocurre con cierta frecuencia.

Pocas cosas han hecho más daño a Galicia que convertir una realidad espontánea en batalla ideológica permanente. El llamado “bilingüismo cordial” degeneró en un sumidero insaciable de recursos públicos, sin dar solución a un problema que nunca existió.

Lo más revelador de todo esto es el poso psicológico que ha dejado en la sociedad gallega. Hay gallegos cuya lengua materna siempre fue el castellano, que viven y se relacionan en castellano, y que aun así se ponen a la defensiva en cuanto alguien cuestiona el chiringuito o el despilfarro que lo sostiene. Han interiorizado tan profundamente que criticar la política lingüística equivale a atacar a Galicia, que acaban defendiendo un proyecto que ni practican ni les afecta. El que critica acaba siendo el mal gallego. El que aplaude sin practicarlo, el buen gallego.

La Ley de Normalización Lingüística de 1983 fue el punto de partida de una industria: crear un conflicto de difícil solución para dotarlo de financiación pública indefinida y repartir el negocio entre el entramado empresarial y cultural afín al poder autonómico de turno. Cuatro décadas después, el gallego, como lengua, sigue retrocediendo, pero el negocio sigue en pie. Eso no es un fracaso. Es exactamente como fue diseñado desde el principio. Y lo más triste es que quienes gestionan todo este tinglado, los que firman los decretos, administran las subvenciones y pronuncian los discursos en gallego normalizado y oficial, probablemente hablan castellano en la intimidad. Impostores con sueldo público.

Las lenguas no sobreviven por decreto, sino por utilidad, prestigio y afecto. Cuando una lengua empieza a percibirse como obligación burocrática, el efecto en muchos jóvenes suele ser el contrario al pretendido. Y sin embargo, la Xunta lleva años impulsando la campaña “21 días con el gallego”, pidiendo a alumnos desde educación infantil hasta secundaria que no usen el español ni en el colegio ni en casa durante tres semanas. A los que hablaban gallego se les felicitaba; a los que hablaban español se les cuestionaba, pidiéndoles que reflexionaran sobre si era su familia la causa o si simplemente no eran capaces. Aplicar esa técnica a niños de tres o cuatro años, que aún están aprendiendo a hablar, cuestionando el idioma en que reciben afecto en su propia familia, es perverso. Y el resultado se ve en la calle: familias buscando centros más flexibles, estudiantes que asocian el gallego con exámenes y presión, y una creciente desconexión entre la lengua que promocionan las instituciones y la que se escucha en la calle.

Y mientras la lengua gallega pierde presencia entre los jóvenes, parte del aparato autonómico sigue concentrado en batallas más simbólicas que urgentes. El caso de La Cañiza, rebautizada oficialmente pese al uso histórico del nombre castellano, resume bien esa deriva. El Premio de Poesía Ciudad de Orense, financiado con dinero del Ayuntamiento, solo admite obras en gallego o en portugués, excluyendo el castellano por bases. Cuando una institución pública discrimina a sus ciudadanos según el idioma en que escriben, ya no estamos hablando de proteger una lengua, sino de castigar a quienes usan otra.

Hay otro asunto que conviene nombrar. Ciertos sectores del nacionalismo lingüístico, incapaces de aceptar que su ingeniería social no ha funcionado, han optado por deformar la gramática del gallego para acercarlo artificialmente al portugués, con Lisboa como referencia y Coimbra como modelo. El gallego de toda la vida no les basta; necesitan uno construido en un despacho que el ciudadano corriente no reconoce ni habla. El resultado es que muchos terminan percibiendo el gallego como marca ideológica de la izquierda más casposa, con sus correspondientes tentáculos políticos, universitarios y mediáticos. Se ha intentado salvar la lengua convirtiéndola en trinchera, y las trincheras son lugares muy incómodos para vivir.

En 2026, muchos adolescentes gallegos viven lingüísticamente mucho más cerca de las plataformas globales que de cualquier relato identitario clásico. La lengua gallega no retrocede porque alguien la persiga, retrocede por una sociedad más conectada al mundo exterior y porque cada vez menos jóvenes la encuentran útil o atractiva. Esa es una amenaza mucho más seria que cualquier boletín oficial, y casi nadie quiere admitirlo públicamente.

La lengua gallega no se va a salvar en un congreso ni en un decreto. Se salvará el día que un crío de doce años la use porque le dé la gana. Pero ese día todavía no ha llegado.

Álvaro J. Díaz-Mella, mayo de 2026.

---

Álvaro J. Díaz-Mella es un vigués felizmente prejubilado que ya peina canas y tiene demasiadas opiniones sobre lo que ve de nuestra sociedad imperfecta.

---

Imagen: OpenArt.

No te pierdas las novedades y contenidos que te interesan. Únete gratis a Contando Estrelas en Telegram:

Comentarios:

  1. Alvaro Diaz-Mella Lopez

    Gracias, Elentir, por la publicación.💪🏻

    Y un matiz complementario a mi publicación: En el otro extremo está el gallego auténtico del rural, el que habla su gallego de toda la vida, sin aspavientos. Cuando un urbanita le habla en un gallego normalizado e impostado, suele responder con una media sonrisa. Esa sonrisa dice más que muchos discursos: es la tranquilidad de quien vive la lengua sin necesidad de defenderla.

  2. Flanker

    Lo que es vergonzoso y hasta anticonstitucional es que tanto la Xunta, el Sergas y demás entidades públicas utilicen en muchos documentos solamente el gallego.

  3. isanchezgil

    La situación que Álvaro Díaz-Mella relata en uno de los párrafos iniciales de su excelente artículo, es la misma que sucedía en Cataluña en aquellas épocas: todo el mundo hablaba indistintamente catalán o castellano sin molestarse y sin molestar a nadie. Han sido estos nacionalistas «modernos» que, al calor de las subvenciones y de no dar un palo al agua en su vida, han suscitado el encono y el rencor en todas partes de nuestro país.

    Quienes solo somos castellanohablantes, al igual que los españoles bilingües, teníamos muy claro que vivíamos en nuestro país, indistintamente de la lengua en que nos expresáramos. Ahora, por obra de estos malnacidos que han emponzoñado la convivencia para su propio beneficio, nuestro hermoso y gran país se han convertido en el «paisito» del interés de los mandamases en cada Comunidad Autónoma, habiendo convertido una comunidad linguística en un país excluyente.

    El gran problema: que también han troceado la historia para que los naturales de cada sitio no puedan conocer lo que España ha hecho desde que se fundó como nación, mucho , muchísimo antes de que estos analfabetos la intentaran destruir.

  4. Paul Mayor

    Muy buen artículo, Álvaro.
    Lo describes perfectamente: Galicia pasó de una convivencia lingüística natural y sin traumas a convertir la lengua en un asunto ideológico y de control. Es triste ver cómo se mira la lengua antes que a la persona.
    Las lenguas viven por uso y cariño, no por imposición ni por adoctrinar a niños de tres años.
    Enhorabuena, se necesita más valentía como la tuya.

  5. Alvaro Diaz-Mella Lopez

    Muchas gracias por los comentarios aportados.

Opina sobre esta entrada:

Debes iniciar sesión para comentar. Pulsa aquí para iniciar sesión. Si aún no te has registrado, puedes crear una cuenta de usuario aquí.

Contando Estrelas
Privacy Overview

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones como reconocerte cuando vuelves a nuestro sitio web y ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones del sitio web te resultan más interesantes y útiles.