Polonia y Ucrania deben conservar sus vínculos, porque de ellos depende el futuro de Europa. Dije esto hace dos años y lo reitero.
Quienes seguís este blog sabéis que siento una gran admiración por Polonia desde hace años. Es un país que ha sabido preservar sus raíces católicas y su identidad nacional incluso en los 123 años en los que fue borrado del mapa por Rusia, Prusia y Austria, pero lo especialmente admirable fue su resistencia a los dos grandes totalitarismos del siglo XX: el comunismo y el nazismo, dos movimientos criminales que cometieron unas atrocidades espantosas contra el pueblo polaco.
Los polacos fueron los primeros en lograr una rotunda derrota militar del comunismo (en la Guerra Polaco-Soviética de 1919 a 1921), con el audaz y brillante "Milagro del Vístula" de 1920 que frenó el expansionismo bolchevique por Europa durante casi dos décadas, y también fueron los primeros en combatir contra la Alemania nazi en 1939, haciendo frente a una invasión conjunta de Hitler y Stalin.
Cuando el ejército ruso invadió Ucrania a gran escala el 24 de febrero de 2022, Polonia fue de los primeros países en ayudar al pueblo ucraniano, proporcionándole una ayuda militar extraordinaria en la que cabe destacar cientos de tanques T-72. Además, los polacos abrieron sus hogares a millones de mujeres y niños ucranianos que tuvieron que huir de su país a causa de la invasión rusa, un gesto de generosidad que emocionó al mundo y que demostró la grandeza espiritual del país de San Juan Pablo II y de San Maximiliano Kolbe.
En estos tiempos en los que distintos signos de decadencia a veces llevan a emitir conclusiones tremendistas, Polonia ha venido siendo un motivo de esperanza para muchos que creemos que otra Europa es posible, una Europa vinculada a sus raíces cristianas y fiel a los principios que la hicieron grande. Haciendo honor a esos principios, en estos tres años, varios miles de polacos se han unido como voluntarios al Ejército Ucraniano para luchar contra los invasores rusos, creando unos vínculos entre Polonia y Ucrania que nadie podrá romper. Unos vínculos forjados por el amor a Dios y el amor a la Patria, dos nobles sentimientos que siempre han sido fuertes en ambos países y que son los que explican esa generosa ayuda polaca a los defensores de Ucrania.
No obstante, en estos tiempos difíciles, cuando más hace falta tener presente lo que une a ambos países, hay polacos y ucranianos que parecen dispuestos a romper esos lazos en aras de un nacionalismo miope. Un nacionalismo contra el que el Papa polaco advirtió en 1995: "es necesario aclarar la divergencia esencial entre una forma peligrosa de nacionalismo, que predica el desprecio por las otras naciones o culturas, y el patriotismo, que es, en cambio, el justo amor por el propio país de origen. Un verdadero patriotismo nunca trata de promover el bien de la propia nación en perjuicio de otras. En efecto, esto terminaría por acarrear daño también a la propia nación, produciendo efectos perniciosos tanto para el agresor como para la víctima. El nacionalismo, especialmente en sus expresiones más radicales, se opone por tanto al verdadero patriotismo".
Ese nacionalismo se manifiesta en los dos países ya citados de distintas formas. En Ucrania se plasma en los movimientos minoritarios que ensalzan a los guerrilleros del UPA (Ejército Insurgente Ucraniano), que cometieron la atroz masacre contra civiles polacos en Volinia en 1943. Una masacre que abrió una profunda herida entre Ucrania y Polonia, que parecía por fin cerrarse hace tres años con la generosa ayuda polaca a los ucranianos frente a la invasión rusa. El nacionalismo radical ucraniano sabe que esa herida aún causa dolor en Polonia, pero parece no importarle, contribuyendo a separar a ambos países cuando más necesaria es su unidad. Los nacionalistas radicales de Pravy Sektor (que sólo tienen un diputado en el Parlamento de Ucrania) también están promoviendo reclamaciones territoriales a Polonia, lo cual es el colmo de la sinrazón y la torpeza.
Por otra parte, me entristece ver que una parte de la derecha polaca está enarbolando un discurso antiucraniano que se nutre, en gran medida, del recuerdo de la masacre de Volinia, pero que no se limita a eso. Algunos, especialmente desde la Konfederacja, están fomentando el odio a los ucranianos que están refugiados en Polonia, lanzando contra ellos mensajes rastreros como los que afirman que pretenden reemplazar a la población polaca. Por otra parte, las extremas dificultades de Ucrania para exportar su grano por vía marítima a causa de la guerra, un grano que a menudo tenía como destino muchos países de África, y la salida de ese grano por Europa ha generado un malestar entre los agricultores polacos que ha sido aprovechado por algunos, sobre todo de la Konfederacja, para enfrentar a ambos países.
Los distintos movimientos nacionalistas -no confundir eso con el patriotismo- que hay en Europa parecen no entender que los países europeos tenemos una amenaza común, la mayor desde la Segunda Guerra Mundial: el expansionismo ruso. Es una amenaza que afecta de lleno a Ucrania, al estar sumida en una invasión rusa, pero que también supone una amenaza clara para Polonia, país fronterizo con el enclave ruso de Kaliningrado.
En la época de entreguerras, el Mariscal polaco Józef Piłsudski entendió la importancia de esa amenaza y propuso la llamada Międzymorze (Entre Mares), una federación que agruparía a Polonia, Lituania, Bielorrusia y Ucrania, cuatro países que en el pasado fueron parte de la Mancomunidad Polaco-Lituana, con la posible adhesión de Estonia, Letonia, Checoslovaquia, Finlandia, Hungría, Rumanía y Yugoslavia. La Międzymorze pretendía sumar fuerzas entre esos países situados entre dos grandes potencias, Rusia y Alemania, para evitar ser borrados del mapa por ambas. Hoy Alemania ya no es una amenaza para Polonia (ambos países son miembros de la OTAN), pero Rusia sí que lo es.
Mientra esa amenaza siga existiendo, Polonia y Ucrania deben resolver sus diferencias con grandeza de miras y seguir sumando fuerzas para defenderse de su enemigo común. Nada puede hacer más feliz a Putin que ver como el nacionalismo polaco y el nacionalismo ucraniano le hacen a Rusia el gran favor de dividir a Ucrania y a Polonia precisamente en un momento en el que ambas se necesitan mutuamente.
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