Llevo años diciendo que no hay nada más parecido a un fascista que un comunista (y viceversa), y los ejemplos son abundantes.
Ayer, en un acto público de ese partido de extrema izquierda, el comunista Pablo Iglesias propuso su particular solución para los continuos fracasos electorales de Podemos: una dictadura. No lo dijo expresamente, pero lo hizo formulando una propuesta que sólo sería compatible con un régimen totalitariop. Se pueden escuchar sus palabras en este enlace (punto 1:16:35): "Hace falta valor y agallas para decirle a esta derecha que les queremos en la cárcel y que vamos a hacer lo que otros no se atrevieron a hacer para meterles en la cárcel".
Lo que Pablo Iglesias propone no requierte "valor y agallas", sino un absoluto desprecio por la democracia. Lo que propone, básicamente, es encarcelar a millones de personas por atreverse a discrepar de la izquierda. Esto no es nada nuevo: es exactamente la misma basura antidemocrática que los comunistas han hecho siempre. Lo que Pablo Iglesias anuncia es lo que ya existe en sitios como Corea del Norte, Cuba o China, donde discrepar de la ideología oficial es la vía más segura a la prisión. Desde sus inicios, el comunismo ha instaurado más de medio centenar de dictaduras, para decirle a la gente lo que debe pensar y lo que puede o no decir, y meter en prisión -como Pablo Iglesias afirma ahora- a los que se atrevan a desobedecer.
Por supuesto, el fundador de Podemos se conforma, de momento, con hablar de meternos en prisión, porque anunciar abiertamente lo que viene después aún sonaría peor y tal vez le traería problemas penales. El comunismo no se limitó a encarcelar a los disidentes: ha matado a más de 100 millones de personas, compitiendo con el nazismo en el afán por liquidar a todos aquellos que no coincidían con su ideología.
La historia nos muestra lo que pasa cuando las democracias no se defienden frente a los totalitarios, es decir, frente a antidemócratas como Pablo Iglesias y sus amigos de Podemos. Si en algunos países europeos los partidos nazis y comunistas están prohibidos es por una cuestión básica de supervivencia democrática: esos países ya han conocido las sangrientas consecuencias de dar rienda suelta a los enemigos de la libertad. En España las leyes que tenemos no ofrecen ese nivel de protección a nuestra democracia, pero sí que apuntan algunas normas básicas. En su Artículo 6, la Constitución Española dice sobre los partidos políticos: "Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos".
No se puede considerar que un partido respeta la Constitución y las leyes si aboga abiertamente por encarcelar a toda la derecha, es decir, convertir a millones de españoles en presos políticos por el "crimen" de discrepar de la izquierda. Un partido que propone esa flagrante violación de los derechos humanos es abiertamente antidemocrático, y por tanto quienes queremos seguir viviendo en una España libre tenemos todo el derecho a exigir que el Estado actúe contra quienes quieren reducir a escombros nuestra democracia, sean nazis, comunistas, islamistas o de cualquier otra ideología antidemocrática.
Con declaraciones como las de Pablo Iglesias ayer en ese acto público, Podemos ya ha dejado claro que no es un partido político: es una organización que pretende acabar con la democracia. Una organización así no debe tener cabida en nuestras instituciones y merece ser ilegalizada, como antes fueron ilegalizadas otras organizaciones que también querían acabar con nuestra democracia. Por supuesto, si Podemos se atreve a lanzar esas barbaridades es porque cuenta con el amparo de Pedro Sánchez y su gobierno, que se aferran a su alianza con los peores extremistas para poder mantenerse en el poder a cualquier precio, tensionando al máximo la convivencia entre españoles.
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Imagen: Podemos.
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