La gobierno de coalición de socialistas y comunistas encabezado por Pedro Sánchez continúa con su viaje hacia un régimen autoritario.
Ayer contemplamos un nuevo capítulo que deja en evidencia el socavamiento del Congreso de los Diputados por la extrema izquierda, una categoría en la que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se ha encuadrado por completo con su deriva autoritaria. La Mesa del Congreso, controlada por el PSOE y por sus socios comunistas de Sumar, impidió que el Congreso vote dos mociones que pedían un adelanto electoral, alegando que eso es una prerrogativa del gobierno. Un argumento puramente absurdo, porque el mero hecho de que el gobierno tenga una determinada competencia no significa que el Congreso no pueda pedir algo, aunque el gobierno después haga caso omido, como viene siendo habitual desde que Sánchez llegó al poder.
Bajo la presidencia de la socialista Francina Armengol, la izquierda está imponiendo un rodillo sectario y autoritario en el Congreso, vetando todas cuantas iniciativas no son de su agrado y bloqueando medidas ya aprobadas pero que no gustan al gobierno. Esta situación está siendo impuesta por dos partidos que suman en total 152 escaños, muy por debajo de los 176 que hacen falta para tener la mayoría. Así pues, lo que estamos viendo es algo aberrante desde un punto de vista democrático: una minoría ha decidido bloquear el normal funcionamiento de la cámara baja del Parlamento español, abusando de su poder para convertir el Congreso en un mero adorno.
Lo que estamos viendo es un nuevo episodio del viaje del gobierno de Sánchez hacia una dictadura, un viaje que ya ha ido quemando etapas como los sistemáticos ataques desde el gobierno al Poder Judicial, a los medios libres y a la oposición parlamentaria; la colonización de las instituciones por parte de los socialistas, adoptando formas propias de un régimen de partido único; la vulneración constante de la Constitución, convertida en papel mojado por un gobierno que también tiene el control del Tribunal Constitucional; y por supuesto, los constantes abusos de poder por parte de Sánchez, un aprendiz de autócrata que ya es, a día de hoy, el gobernante que más decretos ha dictado en medio siglo de democracia en España, en un afán sin límites por usurpar las competencias del Poder Legislativo.
Viendo todo esto, no cuesta mucho imaginar el próximo paso. ¿Lo siguiente será no convocar elecciones porque tienen la certeza de que perderán? ¿O tal vez amañarlas? En lo segundo Sánchez ya tiene experiencia. Recordemos que en octubre de 2016 provocó un escándalo en su propio partido por un fraude electoral en las elecciones primarias para elegir a un nuevo secretario general para el PSOE. Sánchez ya ha demostrado que no tiene escrúpulos y que cree que todo vale para mantenerse en el poder. Ahora la única duda es hasta dónde será capaz de llegar en su propósito de destrozar las instituciones democráticas y continuar gobernando como un déspota.
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Foto: Efe.
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