Al menos los charlatanes de antaño nunca iban dos veces al mismo pueblo

El socialismo y la nostalgia de aquellos charlatanes que vendían lociones crecepelo

Eng Mar 13·10·2026 · 6:51 4

Hoy en día la venta de medicamentos está muy regulada, para evitar la distribución de productos que sean nocivos para la salud.

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Esto no siempre fue así. Por ejemplo, en España la primera ley de medicamentos se aprobó en 1855 y en 1919 se estableció un registro farmacéutico. Otros países se lo tomaron con más calma. En Estados Unidos la primera ley federal de medicamentos se aprobó en 1906. Antes de eso, la venta de productos milagrosos llegó a ser un auténtico espectáculo circense. Uno de los más famosos charlatanes de ese país fue Clark Stanley, que ataviado con una indumentaria de vaquero, se autoproclamaba como el "Rey de las Serpientes de Cascabel", hasta que su loción, supuestamente aceite de serpiente, fue desenmascarada en un proceso judicial que acabó dando lugar a que en en Estados Unidos la expresión "snake oil" sea un sinónimo de producto engañoso.

Muchos charlatanes de aquella época ofrecían milagrosas lociones crecepelo, un artículo que siempre era fácil colocar entre un público masculino desesperado por la aparición de la alopecia y dispuesto a probar cualquier cosa para evitarla. Muchos de esos vendedores de crecepelo recorrían los pueblos colocando su engañosa mercancía, prometiendo unos efectos beneficiosos para el comprador que nunca llegarían. Para cuando los clientes se diesen cuenta del engaño, el vendedor ya estaría lejos, pues nunca iban dos meces al mismo pueblo, por la cuenta que les traía.

Las personas que intentan engañar a los demás para aprovecharse de ellos me provocan un profundo desprecio, sobre todo si lo hacen aprovechándose de la ignorancia de sus víctimas. Pero incluso entre ese tipo de malhechores hay categorías. Los antiguos vendedores de crecepelo son un tipo de charlatán que hoy casi provocan nostalgia, pues hoy tenemos ejemplares mucho más descarados y que no tienen reparos en volver al pueblo y repetir otra vez el engaño, con espectáculos circenses aún más elaborados que los de antaño, ya que el público al que pretenden engañar es mucho más numeroso. Y lo peor es que a menudo se encuentran con una clientela muy desmemoriada.

Los españoles tenemos un caso muy cercano. El socialismo ha llevado a España a una situación penosa, con una degradación institucional muy grave, con unos escándalos de corrupción que ya se adentran en el ámbito de los relatos de la mafia, y con un auge de precios de la vivienda causado por las torpes recetas intervencionistas de la izquierda. Unas recetas que ya han arruinado a otros países antes, incluso un país como Venezuela, que tenía la ventaja de ser un gran productor de petróleo.

Estos nuevos vendedores de crecepelo no sienten ni el más mínimo rubor cuando sus votantes, engañados, les piden cuentas. Con un desparpajo sin límites, estos charlatanes culpan a sus rivales políticos, al capitalismo, al clima o a cualquier chivo expiatorio que tengan cerca. Ellos nunca tienen la culpa de las consecuencias de sus políticas. La culpa siempre es de otros. Incluso han llegado a convencer a mucha gente que si el socialismo ha fracasado una y otra vez es porque no ha tenido tiempo suficiente para desarrollar sus ambiciones. Sólo así se explica que todas las encuestas otorguen aún más de 100 escaños al PSOE, un partido socialista que ha mentido innumerables veces a los españoles estos últimos ocho años, llegando a 2026 bajo un torrente de corrupción, trampas y sectarismo político.

En el siglo XIX, los clientes engañados por un charlatán le habrían linchado si hubiese cometido la imprudencia de regresar al mismo pueblo en el que colocó sus recetas milagrosas. Hoy los charlatanes socialistas pretenden perpetuarse en el cargo tomando a los ciudadanos por unos idiotas, recurriendo a las fórmulas más bursas de manipulación y mintiendo con una desvergüenza que deja en evidencia su absoluta falta de escrúpulos. Y a pesar de todo ello aún hay memos dispuestos a comprarles su crecepelo. Es algo realmente absurdo.

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Imagen: Meta.ai.

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Comentarios:

  1. AlbertoAG

    El votonto es la base del socialismo en países democráticos.

  2. FaramirGL

    «Es más fácil engañar a alguien que hacerle ver que le han engañado.» Se suele atribuir esta cita a Mark Twain.

    Simplemente, los seres humanos somos esencialmente religiosos. Nos apuntamos a sectas y, luego, nos cuesta abandonarlas, por muy evidente que sea la estafa: el comunismo, el nacional-socialismo, el clima cambiático, el PSOE ROJO, el PSOE AZUL…

    De todas maneras, esta conversación no tiene sentido, cuando todo el mundo sabe que la culpa de que las cosas vayan mal es de la ultraderecha. Y de Franco.

  3. calatravo

    Buenas tardes,

    @AlbertoAG – Mucho me temo que, por desgracia, el votonto no sólo es la base del socialismo, por lo menos, aquí en España. El votonto no entiende de ideología, sólo se preocupa de su bandería. Y así nos va.

  4. AlbertoAG

    calatravo, es cierto que hay votontos más allá del PSOE. Tanto es así que se podría decir que el votonto sustenta el actual sistema político español.

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