Hoy es 12 de octubre, Día de la Fiesta Nacional de España

España, símbolo de libertad y convivencia frente al nacionalismo excluyente y opresor

Tengo 36 años. Nací diez días después de la muerte de Francisco Franco, así que todos mis recuerdos se encuadran en el más largo periodo democrático de la historia de España. A pesar de ello, como muchos otros españoles he padecido la falta de libertad provocada por un movimiento político obsesionado con imponer su ideología a toda la sociedad. Y es que desde hace ya décadas en una parte de España padecemos a una banda de antidemócratas que aún tienen la jeta de llamar ‘fascistas’ a quienes no nos sometemos a sus imposiciones.

El nacionalismo liberticida, cada vez más parecido a los totalitarios de antaño

Esos nuevos totalitarios se distinguen cada vez menos los que en otros momentos de la historia impusieron dictaduras de uno u otro signo:

  • Igual que los antidemócratas de antaño, estos nuevos totalitarios no tienen reparos en recurrir a la violencia para imponer sus ideas y acallar a los discrepantes. En el País Vasco, Cataluña y Galicia sus sectores más extremistas incluso han ido formando grupos terroristas que servían para agitar el árbol mientras los supuestamente más moderados recogían las nueces, usando el miserable símil hecho por Javier Arzallus hace años.
  • Cuantas más parcelas de poder iban ocupando esos nacionalismos, mayor era la merma de libertad que sufríamos quienes teníamos que soportarlos. El País Vasco y Cataluña han sido las dos comunidades donde ha llegado más lejos esa asfixia de las libertades provocada por el nacionalismo. Ese camino hacia la tiranía se ha ido jalonando incluso de atropellos contra los miembros más débiles e indefensos de nuestra socicedad: los niños, por medio de imposiciones lingüísticas y del adoctrinamiento nacionalista en las escuelas.
  • En el plano político, cualquier discrepancia frente a ese pensamiento único se ha atajado acallando y/o estigmatizando a los disidentes con métodos puramente estalinistas, como el de marcar como “fascistas” y “franquistas” a todo el que se atreve a cuestionar las mentiras del nacionalismo, sea de la ideología que sea.
  • En el plano cultural, los nacionalistas han usado los idiomas como arietes contra quienes no se ajustaban a sus tesis sectarias, catalogando a vascos, catalanes y gallegos como buenos o malos en función del uso que hacían de sus respectivas lenguas vernáculas. En los colegios, tras haber denunciado -con toda justicia- la exclusión del gallego, el catalán y el vascuence en las escuelas durante la dictadura, los nacionalistas han buscado aplicar el modelo lingüístico franquista pero a la inversa, con el español como lengua desterrada del sistema educativo, a costa de convertir en ciudadanos de segunda y de someter a auténticos calvarios a los niños que tienen el español por idioma materno.

Hartazgo después de tres décadas de atropellos nacionalistas contra las libertades

Todo esto no me lo tienen que contar: lo he vivido y lo he sufrido, igual que lo han vivido y sufrido muchos españoles nacidos en el País Vasco, Navarra, Cataluña, Galicia, Baleares… Hay una cosa clara en esas comunidades, y es que en ellas España se ha convertido en un símbolo de libertad y de convivencia democrática, incluso para quienes hace años militaban en filas reacias a asumir una virtud tan noble como el patriotismo. A pesar de que los nacionalistas y sus portamaletas se han pasado años intentando que creamos que España es un invento de Franco y que sentirse español es cosa de fachas, cada vez más gente contesta esa burda propaganda. Muchos que no hemos vivido el franquismo pero que sí hemos sufrido la opresión nacionalista estamos ya vacunados de tantas chorradas asociando a España con el fascismo, porque lo más parecido que hemos visto al fascismo es, precisamente, lo que hacen quienes declaran su odio a España y su voluntad de saltarse la Constitución y romper nuestro marco de convivencia, pisoteando nuestras libertades y convirtiendo nuestras comunidades en pequeñas dictaduras.

Lo que defendemos los demócratas frente a lo que defienden los nacionalistas

Para entender hasta qué punto la dicotomía entre España y los secesionismos se ha ido convirtiendo, paralelamente, en una dicotomía entre la libertad y la tiranía, basta con observar las características más habituales de esos dos bandos enfrentados:

  • Quienes nos sentimos españoles sin excluir nuestra condición de vascos, catalanes o gallegos, frente a quienes promueven el odio a España y no admiten que un gallego, un vasco o un catalán podamos sentirnos españoles.
  • Quienes hablando en español respetamos el gallego, el catalán y el vascuence, pues los consideramos como parte de la riqueza cultural de España, frente a quienes buscan desterrar de una parte de España el idioma español a pesar de que es hablado por la mayoría de los catalanes y de los vascos y por una parte enorme de los gallegos.
  • Quienes pedimos libertad de idioma en las escuelas, ya sea para poder escolarizarse en español y también en catalán, vascuence o gallego en las comunidades en que son lenguas cooficiales, frente a quienes quieren imponer el catalán, el vascuence o el gallego en la escuela porque consideran el español y a quienes lo hablan como un mal a erradicar, incluso a costa de discriminar a sus hablantes y tratarles como extranjeros en su propia tierra.
  • Quienes rechazamos la violencia con fines políticos, porque entendemos que en una democracia la única forma de conseguir que otros adopten tus ideas es convencerles por medio de la palabra, frente a quienes emplean la violencia, la coacción y la muerte civil del discrepante como métodos para imponer su ideología nacionalista a toda la sociedad.
  • Quienes nos negamos a aceptar que uno sea buen ciudadano por hablar tal o cual lengua, porque entendemos que hablar en español no convierte a nadie en mejor ni peor español, y porque entendemos que hablar en gallego, catalán y vascuence no convierte a nadie en mejor ni peor hijo de esas tierras, frente a quienes consideran que hablar en español te convierte en forastero o en enemigo del pueblo y que sólo se puede ser buen gallego, buen vasco o buen catalán hablando en gallego, en vascuence o en catalán, respectivamente.
  • Quienes rechazamos que las escuelas se utilicen para imponer ideologías al dictado del gobierno de turno, porque defendemos el derecho de los padres a decidir la educación que desean para sus hijos, frente a quienes se creen con derecho a imponer su ideología a los hijos de los demás, a los que toman como simples conejillos de indias.

Soy español porque soy gallego y lo proclamo con orgullo

Después de todo lo expuesto, en pleno año 2012 usar el franquismo como sambenito para demonizar a España aún funciona con acomplejados que creen que los carnets de demócrata los reparte un nacionalismo sobrado en aprendices de tiranos. Yo no soy de ésos. Yo soy español porque soy gallego, amo a mi tierra Galicia y amo a mi patria España y no me corto en decirlo aquí y donde haga falta. Los hechos llevan ya décadas hablando por sí solos: la pluralidad, la convivencia, la integración y la libertad florecen al abrigo de España y se marchitan bajo el discurso excluyente, la pedagogía del odio y las tendencias despóticas de los separatistas. Muchos ya hemos tenido demasiadas muestras de ello como para cambiar de idea por el simple hecho de que un puñado de antidemócratas o los tontos útiles que les ayudan nos llamen fachas por sentirnos españoles y proclamarlo sin complejos.

¡Feliz Día de la Hispanidad a todos!

¡Viva España y viva la Libertad!

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  1. atroma

    Si contara las veces que me han llamado facha, descubriría que los números no llegan hasta el infinito, sino que el facha es el último número matemático existente. Tengo más años que tú, elentir, vote la constitución, y me comí el proceso de reformas políticas, en el 78. He visto crecer y apoderarse los nacionalismos la libertad de todos, y nadie hacia nada. Unas pocas voces, que no solían gritar demasiado, porque se era franquista, o de la caverna, fascista y toda una retahíla de improperios que descalificaban y te hacían callar. Sin más. Con el tiempo reflexionas y te das cuenta de muchas cosas que antes ni llegabas a imaginar. En mi caso, las sensibilidades, o las discrepancias entre los nacionalistas, las he llegado a entender en el sentido de que; no son más que cuestiones puramente económicas. No existe eso de la sensibilidad de un pueblo, o el sentimiento profundo de sus gentes. No, no existe. Es un cuento. Una manera de vivir a costa de otros. Y quien los promueve suelen ser más apátridas oportunistas que el supuesto bien a desear. El plan ibarreche se fue al garete cuando el 81% de la inversión extranjera, en tres meses, descendió. Y ahora, CIU, no contrala la Caixa, que era el soporte al cual aguantaba las fortunas de su casta política. Por poner dos ejemplos.

    Si se tira de los hilos económicos, podremos comprender mejor las cosas.

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